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15 abr 2013

El nudo borromeo de Calvino a Lacan

En 1901, una vuelta al mundo duraría 33 días.
Julio Verne

En Colección de Arena, delicioso libro a caballo entre la crónica y el diario de viaje (donde se mezcla la reseña de obras, exposiciones insólitas con el inventario de cosas extraordinarias vistas y oídas por aquí y por allá), el escritor italiano Italo Calvino ofrece el breve texto "Dígalo con nudos", reseña de la exposición "Nudos y ataduras" que tuvo lugar en Paris en 1983. De los mensajes de paz y de guerra cifrados en los árboles de la Nueva Caledonia a los nudos dibujados en el aire por los monjes budistas, pasando por los quipus incas y una trenza llamada "Origen-del-verbo" (sin dejar de lado el arte contemporáneo), el escritor nos recuerda que desde tiempos casi inmemoriales los nudos han constituido una expresión humana en la que lenguaje y escritura se hermanan del modo más primordial; pues los nudos -dice- eran un instrumento que permitía fijar textos por escrito incluso antes de que advinieran otras formas de escritura. Pero cito en extenso el párrafo final de "Dígalo con nudos":
En el catálogo de la exposición, organizada por Gilberto Lascault, se presenta también un ensayo-relato de un matemático, Pierre Rosenstiehl. Porque los nudos, como configuraciones lineales de tres dimensiones, son el objeto de una teoría matemática. Entre los problemas que plantean están los del «nudo borromeo» (tres anillas enlazadas de las cuales sólo la tercera sujeta las otras dos). El «nudo borromeo» ha sido muy importante también para Jacques Lacan: véase, en el Seminario XX, el capítulo «Anillas de cuerda».
Nunca me atrevería a tratar de definir con mis palabras la relación del nudo borromeo con el inconsciente según Lacan; pero me aventuraré a formular la idea geométrico-espacial que de él he conseguido hacerme: el espacio tridimensional tiene en realidad seis dimensiones porque todo cambia según que una dimensión pase por encima o por debajo de la otra, o a izquierda o a derecha de la otra, como en un nudo.
Esto se debe a que en los nudos la intersección de dos curvas no es nunca un punto abstracto, sino aquel en el cual se desliza o gira o se enlaza la punta de una soga, cuerda, cable, hilo, cordel o cordón, por encima, por debajo o en torno a sí mismo o a otro elemento similar, como resultado de los gestos bien precisos de un gran número de oficios, del marinero al cirujano, del remendón al acróbata, del alpinista a la costurera [...] , del pescador al embalador, del carnicero al cestero, del fabricante de alfombras al afinador de pianos, del acampador al que hace asientos de paja, del leñador a la encajera, del encuadernador de libros al fabricante de raquetas, del verdugo al ensartador de collares... El arte de hacer nudos, culminación de la abstracción mental y de la manualidad a un tiempo, podría ser considerado la característica humana por excelencia, tanto como el lenguaje o más aún...
No sería errado añadir a la lista de oficios de Calvino el oficio de analista, al menos el de analista lacaniano. Es que por más que diga no aventurarse en las elaboraciones de Lacan, parte de lo dicho por el escritor resuena cerca de algunos planteamientos que aquél hiciera en la primera lección del seminario Les non dupes-errent; es decir, apenas unas semanas después de presentar el borromeo en la penúltima lección del llamado seminario XX (Encore). El 13 de noviembre de 1973, después de asociar por primera vez en su enseñanza los tres célebres redondeles al ternario RSI -las tres dimensiones (escritas dit-mansion=residencia del dicho) que "si el inconsciente existe" habita el ser hablante-, Lacan insiste en que el espacio que impone la estructura nodal debe ser pensado de un modo no cartesiano, pues "se trata de un espacio cuyos puntos se determinan muy de otra manera". Y entonces habla del calce del nudo, calce que vendría a determinar un punto, dice Lacan: "El calce se escribe algo así como que si ustedes tiran en alguna parte de uno cualquiera de esos redondeles de hilo, verán que hay un punto, un punto que está en alguna parte allí donde los tres se calzan (...) hacen falta tres para determinar un punto". Y, como decía Calvino, no se trata de un punto abstracto; podemos escribirlo así:



La lúcida intuición del escritor también da en un clavo que el psicoanalista usó para colgar el borromeo en el frontispicio de su enseñanza: la orientación. En la misma lección del seminario Les non dupes... Lacan observa que no existe una única manera de hacer el nudo, y señala la diferencia existente entre el nudo levógiro (orientado a la izquierda) y el nudo dextrógiro (orientado a la derecha), así como las diferentes series de ordenamiento a las que dan lugar. Si asignamos una letra a cada redondel (R, S, I), siguiendo la ley factorial (1 x 2 x 3) obtendríamos seis órdenes posibles:

ISR
RIS
SRI
RSI
SIR
IRS

seis series que corresponden a las dos orientaciones del nudo. Lacan no las escribe en esa ocasión, pero coloreando los redondeles se obtienen escrituras así:






Ese día, Lacan dice que -en la medida que el discurso analítico "realiza lo simbólico del imaginario"- el nudo del psicoanálisis es levógiro: RSI.
Entonces, para que el nudo esté bien realizado son necesarias tres condiciones:

1) Que el Imaginario pase por encima del Real en dos puntos. I>R
2) Que el Simbólico pase por encima del Imaginario en dos puntos. S>I
3) Que el Real pase por encima del Simbólico en dos puntos. R>S

Si se considera que con la hechura del nudo para Lacan se trata del análisis como tal, un error (él les llamó lapsus) en cualquiera de los cruces no sería sin consecuencia para la clínica analítica. En seminarios posteriores (RSI, El Sinthome, El momento de concluir), Lacan abordaría -y padecería, todo hay que decirlo- los problemas doctrinarios fruto de los efectos que a su enseñanza tardía arrojarían cuestiones como la orientación y el coloreado del nudo (además de la odisea borromeana en la que lo embarcará añadir un cuarto redondel). Pero de eso no hablaremos ahora. Sigamos con el seminario Les non dupes errent... Unas semanas más tarde, el 18 de diciembre, aparece en escena una trenza borromea: "¿Qué es una trenza?", pregunta Lacan, y de inmediato responde que es algo que sin duda mantiene relaciones con el tres. Luego indica el procedimiento para formar la trenza borromea de tres cuerdas:


Si en el primer cruce la cuerda 2 pasa por debajo de la 1, el nuevo ordenamiento quedaría: 2, 1, 3. Para que el trenzado sea correcto los cruces deben seguir esta regla: si en el primer cruce se hace pasar una cuerda por debajo de otra (2 debajo de 1), en el siguiente cruce esa misma cuerda tendrá que pasar por encima de aquella con la que se cruzará inmediatamente después (2 por encima de 3). Como cuando se trenza -Lacan no se priva de esta analogía- el cabello de una mujer. Después de tres cruces tendríamos un orden inverso al del inicio: 3,2,1. Si en este momento de la construcción de la trenza unimos las cuerdas por sus extremos, ¿obtendríamos un nudo borromeo? La respuesta es no. Si se hace correctamente, después de tres maniobras con la trenza lo que obtenemos es una cadena olímpica; es decir,  tres aros encadenados de una manera no borromeana.


Para obtener el nudo borromeo a partir de la trenza es preciso realizar al menos seis maniobras o cruzamientos (o 12, pero ir de 6 en 6), con lo cual volveríamos al ordenamiento inicial: 1,2,3. Si tomamos en cuenta las categorías del ternario, la trenza borromeana quedaría escrita así:

A decir de Lacan (seminario L'insu...), la trenza está en el principio del nudo borromeo. Nótese que los cruces cumplen las condiciones antes mencionadas para la realización del nudo. Lacan no deja de observar que, en tanto vuelve al punto de inicio, el trayecto que sigue la construcción de la trenza tiene algo de moebiano. Pero lo importante es que -por razones de estructura- el recorrido implica al menos seis maniobras, seis "gestos bien precisos" (que diría Calvino) a la hora de tejerla. Lacan se habría referido a algo así al decír que, para no errar, el analista tiene que pegarse a la estructura. "Sean incautos de la estructura" -decía- "no errarán". Es por eso que -como indicaba el título del seminario- los no incautos yerran (Les non dupes errent).
Más tarde vendrá la odisea del cuarto lazo, así como el despliegue de la relación del ternario con el nudo en el seminario RSI; donde Lacan anunciaba hacia el final que el siguiente curso llevaría por título 4,5,6...  Sin embargo, eso no ocurrió porque -como se recordará- Lacan se cruzó con la obra de James Joyce y -como podrá imaginarse- su nave viró arrastrada por la caudalosa corriente del río joyceano (Riverrun....) hacia las playas (en ese entonces algo despobladas y bastante rocosas) del Sinthome.
Hay quien dice que el psicoanalista no salió de esa aventura sin un naufragio de por medio, después del cual su ternario quedaría irreparablemente partido en la región del simbólico. Pero esas ya son otras historias...

Lacan pedalea el nudo borromeo de 4 consistencias

El texto de Italo Calvino se puede leer completo aquí.

13 mar 2013

ESTRUCTURAS Y ESCRITURAS (Taller-laboratorio de ejercicios topológicos)

Gabriel Meraz Arriola

México D. F.

École lacanienne de psychanalyse







 Hablar es necesario, pero cuando se puede hacer algo, es siempre mejor.
John Cage

La estructura tiene algo que decir.
Glenn Gould

La topología se hizo presente desde el arranque de la enseñanza lacaniana. Ya en el discurso de Roma se evocaba la figura del toro (anillo) para situar la función de la palabra en un lugar interior a un tiempo que exterior al campo del lenguaje. Más tarde, los llamados esquemas L y R tendrían -a decir de Lacan- un estatuto topológico. Pero ¿cuál fue el estatuto de la topología en la enseñanza psicoanalítica de Jacques Lacan?
Ya se trate de grafos, esquemas, superficies o nudos es posible arriesgar respuestas diversas. Sin embargo, en cualquier caso es seguro que el recurso a la topología no constituía una referencia meramente teórica, ni respondía a la búsqueda de metáforas o analogías que ilustraran algo de orden inefable. Sin demostrar nada, la presencia creciente de figuras y objetos topológicos en la enseñanza lacaniana parecería obedecer a una exigencia de índole estructural, si admitimos –con Lacan- que “el sujeto tiene la estructura de la superficie, al menos topológicamente definida”[1]; o bien, más adelante, el anudamiento borromeano RSI (y sus avatares) como soporte estructural del sujeto. Si es verdad que “el inconsciente es un hecho nuevo e implica un desmentido a la antigua estructura sujeto-objeto”[2], al introducir la topología en su enseñanza, Lacan llevó lejos la apuesta de someter a revisión los postulados de la estética trascendental kantiana en lo concerniente al sujeto y el objeto implicados en el espacio analítico.
Con todo, la insistente pregunta: ¿Y-esto-para-qué-sirve?, cuando se habla de topología, resuena con una interrogación formulada por el propio Lacan: “¿es verdaderamente necesario aprender topología para ser psicoanalistas?”, pregunta cuya candidez se mostraba retórica en la inmediata respuesta que daba: “La topología no es algo que debe aprender de más, de alguna manera, como si la formación del psicoanalista consistiera en saber con qué pote de color fuera a pintarse.” Y luego añadía: “es que la topología es la tela misma en la que [el psicoanalista] corta, lo sepa o no. Poco importa que abra o no un libro de topología, desde el momento en que lo que hace es psicoanálisis, es la tela en la que corta, en la que se corta el sujeto de la operación psicoanalítica[3]. Más cerca de un savoir-faire que de un saber teórico, entonces, lo importante es saber cómo y por dónde cortar: la eficacia del buen corte, que decía Lacan.
Si hay un real en la experiencia analítica, ¿puede decirse que hay experiencia del real? Advertidos de que “no hay topología que no requiera sostenerse en algún artificio”[4], la equivalencia –largamente sostenida por Lacan- entre topología y estructura nos permitirá explorar respuestas en la construcción y el estudio de los objetos topológicos que visitaron su enseñanza, objetos que –como una formación del inconsciente- están ligados en primer lugar a la sorpresa.    

“La manera más simple de darles esta relación [entre el toro y cross-cap] es recordarles cómo está construido el toro cuando se lo descompone bajo una forma poliédrica, es decir reconduciéndolo a su polígono fundamental. Aquí, este polígono fundamental, es un cuadrilátero…” J. L. (16/05/62)

Reuniones quincenales a partir del viernes 19 de abril de 2013.     
Horario: 17 a 19 horas
Lugar: Avenida Universidad 1900 Edificio 1. Salón de Usos múltiples de El Altillo. (Metro Miguel Ángel de Quevedo)
Cuota: $200 por reunión (estudiantes $100)
·          El dispositivo de trabajo y la bibliografía se darán a conocer en la primera reunión.
Contacto: gab.meraz@gmail.com




[1] J. Lacan. Seminario “La identificación” (inédito) 30/05/62.
[2] J. Lacan, Entrevista con Pierre Daix, en “Claves del Estructuralismo”, Calden, Buenos Aires, 1969.
[3] J. Lacan. Seminario “El objeto del psicoanálisis” (inédito) 08/06/66.
[4] J. Lacan. Seminario “Los fundamentos del psicoanálisis” 27/06/64.
*Imagen  de http://jmfavreau.info/research:illustration

15 ago 2012

Maurice Blanchot. "El habla analítica"

El escritor, su biografía: murió, vivió y murió.
M. Blanchot (La escritura del desastre)

Escritor sui generis si los hay, pensador de la experiencia de los límites, de paradojas extremas, del Afuera, Maurice Blanchot (1907-2003) rehusó ocupar el lugar de "figura intelectual" que parecía tener predestinado. Hermano mayor de Balthus, amigo de Bataille y Klossowski, Derrida y Levinas adoptó, desde mediados del siglo XX, un estilo de vida eremita que lo alejó de los reflectores de la vida cultural francesa. Aun si desde la década de los cuarenta publicaba con prolijidad, sus apariciones en público serían escasas, no concedía entrevistas, y las fotos que de él conocemos -más allá de su carácter desvaído, desustanciado incluso, de un cierto aire espectral- se cuentan con los dedos de una mano. Se diría que fue alguien tentado permanentemente por una pulsión de desaparición. En todo caso, fue alguien que al renunciar a los avatares y las modas de los ismos de su época llegó a sustraerse a la vicisitud del espectáculo y a la lógica de su contemporaneidad.
Estuvo cerca de convertirse en un escritor sin rostro, un escritor cuyo único espejo sería su propia escritura. Acometió la novela (de especial cuño) y el relato corto, el ensayo crítico y la escritura fragmentaria. Sus textos de crítica devienen, por obra y gracia de agudeza y estilo, piezas de creación literaria, mientras que sus relatos lindan con la prosa subjetiva en la tradición ensayística. Una estética de la fragmentación, el aislamiento y el silencio acompañó sus reflexiones sobre la pérdida de identidad, los límites del pensamiento y la palabra y la posibilidad de expresión, en la muy tensa línea que va de lo imposible de la expresión a la expresión de lo imposible. En la estela de Mallarmé, recorrió las preguntas sobre el Libro como totalidad, como analogía del universo, y sobre el modo en que el acto de escribir comienza cuando surge la pregunta: ¿qué es escribir? (Pregunta germen, por cierto, de la literatura llamada posmoderna).
De joven estudió psiquiatría y medicina, carreras que no ejerció, pero en las que sin duda empezaría a interrogar al cuerpo como fuente de signos, a indagar en torno a la muerte, a presentir el ser como insuficiencia. De precaria salud toda su vida (en lo que algunos vieron el por qué de su retiro), no vio impedimento para vivir casi un siglo y -teórico del desobramiento y la ausencia de obra- dejar una obra sin parangón en la literatura; si admitimos que lo que se llama obra en Blanchot no es sino el continuo ejercicio ("Toda mi obra es sólo un ejercicio", decía en El libro que vendrá) de pensar y escribir la imposibilidad de la obra literaria, de escribir desde otro lugar que no sea la íntima exterioridad que funda un habla de escritura: "Escribir: Trazar un círculo en cuyo interior vendría a inscribirse el Afuera de todo círculo".
Para el escritor, decía, la experiencia del habla (parole) de escritura, ese Afuera, es lo que se llama literatura.
Pero Blanchot también exploraría las distancias entre el registro del habla y la escritura a partir de Platón, Wittgenstein, o la poesía de Paul Celan. Al abordar las características de la palabra que -por (a)mor de transferencia- circula en otro ejercicio, otra experiencia de habla (parole) que involucra a la letra, el ensayo que copio ahora: El habla analítica, podría situarse en la senda de estas indagaciones.
Además de testimoniar la lectura blanchotiana de Freud y de Lacan (en especial del "Discurso de Roma"), en el texto se trata, entre otras cosas, del diálogo analítico concebido como una dialéctica singular, donde la palabra y la verdad advienen a partir de una extraña relación de a dos, donde tres se ven comprometidos.

8 ago 2012

Jean Allouch. "Ser lacaniano"

Traduzco un breve texto de Jean Allouch, escrito en respuesta a una solicitud expresa en septiembre de 2010. En él, el autor de Letra por letra da su versión de lo que es "ser lacaniano". 
***
Jean Allouch
¿Qué es, para usted, ser lacaniano hoy?, me pregunta. Pero no, ¡no lo soy! "Lacaniano" no es para nada una característica de mi ser. Ser que, por otra parte, no tolera ninguna determinación de este orden. Tampoco elegí a Jacques Lacan como alguien de quien yo esperara obtener una ética, que me dijera cómo vivir, desear, amar, morir. A pesar de algunos esfuerzos que él pudo hacer en ese sentido, no hice de él mi maestro espiritual. Mi analista, sí.
Por lo tanto hubo, hay más... Porque sí, estoy activo en el seno de una escuela lacaniana (170 miembros a este día), la primera en quererse tal y la única, todavía hoy, en saber y decir por qué. Una escuela (no un grupo, una asociación, un círculo, etc.) no tiene proyecto, política, si no es a partir del reconocimiento de que cierto saber (y sus consecuencias sobre el ejercicio analítico) no recibió el asentimiento de la comunidad a la cual, en primer lugar, estaba destinado. Nos ocupamos entonces de eso, de que ese saber conquiste la aceptación de los espíritus, incluso que oriente las prácticas. Puede resumirse en tres términos: real, simbólico, imaginario. Revisitar el conjunto de los problemas analíticos a partir de esta ternaridad, de eso precisamente se ocupó Lacan. Era desplazar a Freud, donde domina el conflicto un pensamiento "en dos", no "en tres". Era también poner en acto el hecho de que Freud y Lacan no se mezclan más que el agua y el aceite.
Una segunda apuesta prescribe la escuela: la llamada "didáctica". Desde que uno admite que el psicoanalista es una tumba, que no sabría en modo alguno hablar de un análisis a quien fuere salvo interviniendo salvajemente en la transferencia (eso, incluso si dicho análisis está pretendidamente terminado y bajo el pretexto falaz de una sabia comunicación, médica, de hecho, cuando eso no está a la mano), sólo puede ocurrir al analizante levantar acta de su análisis en tanto didáctico. Entonces acoger y, llegado el caso, confirmar ese testimonio sólo es posible en el seno de una escuela. Decirle por qué y cuáles condiciones se requieren, eso no se puede en unas cuantas palabras.
Ser lacaniano hoy es no descuidar o no maltratar el pasaje de analizante a analista; es instaurar una relación crítica con la enseñanza de Jacques Lacan tal que ninguno de sus planteamientos sea recibido como si fuera de suyo porque viene de él; es, en fin, así lo manifiestan las dos primeras características, no ser lacaniano sino hallar un punto de exterioridad respecto al camino abierto por Lacan, tal que ese camino sea recibido como el menos impropio para acoger eso que aún no puede sino llamarse locura.

Traducción: Gabriel Meraz-Arriola

El texto original en francés aquí

5 ago 2012

¿Pero entonces dónde está Ornicar?


Aparecida en enero de 1975, la revista Ornicar? fue una publicación periódica del Champ Freudien (término que, además de un proyecto editorial de Lacan, designaba el campo inventado por él para situar su práctica, su escuela y su enseñanza). De esta suerte, dirigida al inicio por Jacques-Alain Miller, la revista quedó ligada en su origen tanto a la Escuela Freudiana de París como al departamento de enseñanza del psicoanálisis de la Universidad de Paris VIII, más tarde lo estaría a la Cause Freudienne. Además de lecciones de los seminarios de Lacan, establecidas contemporáneamente por su yerno y que no han vuelto a ver la luz , la revista publicó una ingente cantidad de artículos; algunos que -en la medida en que se habla de ellos por doquier pero escasea quien los ha leído- bien merecen la etiqueta de "clásicos". Y es que hasta hace poco la revista era de escasa circulación.  
Ornicar?, palabra que (de no leer psicoanálisis lacaniano) al hablante nativo del castellano no le dice nada, evoca al escolar francés una mnemotecnia asociada al aprendizaje de las conjunciones de "su" lengua -así la palabra no está en el diccionario pero está en lalengua-: mais, ou, donc, et, or, ni, car, homofonía de mais où donc est ornicar? ¿Pero entonces dónde está ornicar? 
El post se debe a que ahora la revista Ornicar? está -en su lengua original y no-toda, aclaro- en la red. 
Y puede descargarse aquí.  

11 jul 2012

Retratos (II): Lacan, Leclaire y Perrier van de paseo

Aquí va Lacan con el casquete más corto de lo acostumbrado y acompañado de dos de sus caciques: Serge Leclaire (el de en medio) y François Perrier (el más llenito). El aire relajado de cada uno deja ver que es una foto de los tiempos (más bien breves) en que todo era felicidad entre los tres. Pareciera que dan un paseo campestre, pero es de suponer que se daban receso de una reunión de trabajo (es decir de tejemanejes políticos). Pudiera ser que estén en Guitrancourt, donde Lacan tenía una casa a unos cuantos kilómetros de Paris. Allí en ocasiones se reunía con sus allegados los fines de semana, y no se privaba de recibir a algún analizante si éste lo iba a ver. De hecho Perrier en esta época aún se analizaba con Lacan, y aquí lo vemos en una franca relación especular con su maestro-analista, pues -como el mismo Perrier lo hacía notar- los dos usaban corbata de moñito. Lo cierto es que "el gran Jacques" -como no sin sorna íntima le llamaban los de la Troica aquí presentes- es el que luce más elegante de los tres. Mientras Leclaire se ha dejado la corbata muy abajo o el pantalón muy arriba y Perrier se ve incapaz de lucir su traje Lacan conserva su estampa de dandy incluso en medio del bosque.
La instantánea muestra por qué en sus memorias Perrier se obsesionaba con bajar diez kilos y dejar de fumar, y beber menos sin dejar de beber. Tiene razón quien asegura que lo borracho se nota en la cara del culpable. Aunque según Perrier el más obsesivo era Leclaire, más ordenado y mesurado, a diferencia de él, más histérico y artístico. Y en efecto, Perrier era músico aficionado y tenía muy buena voz, además de una pluma audaz, nada desprovista de elegancia, agudeza clínica ni sentido del humor. Nunca ocultó su inclinación por el alcohol, y estando rodeado por quien le rodeaba eso tiene otro nombre que cinismo: valentía. De los tres es el único que no mira a la cámara, y aquí parece abstraído en la contemplación de un horizonte infinito; sin embargo, es posible que estuviera mirando hacia su propio interior. En el recuerdo de Wladimir Granoff (el otro integrante de la Troica, que no sale en la foto porque a) se había movido, o b) la estaba tomando), los ojos de Perrier hacían sentir a quien era visto que su mirada también estaba vuelta hacía él mismo. Leclaire, en cambio, sonríe abiertamente a la cámara y parece tan seguro de sí que cualquiera diría que se trata de un médico alsaciano. Tal vez sepa que tiene reservado el lugar de "el primer lacaniano" de la historia; y es que -por algunas razones obvias y otras no tanto- Lacan no podía ser lacaniano. Pero aquí en un gesto acaso inconsciente -en el sentido apenas de lo que no es consciente- Leclaire adopta, al igual que Perrier, una postura especular que hace de su maestro-analista su modelo y duplica su efigie metiendo la mano izquierda en el bolsillo del pantalón. En todo caso Lacan esconde las dos, y es probable que algo entre manos trajeran los tres. Sólo así se explica la sonrisa entre complacida y cómplice que iluminaba suavemente ese día el rostro de Lacan

21 jun 2012

Jacques Lacan y la fundación de la EFP

Un día como hoy, el jueves 21 de junio pero de 1964, Jacques Lacan fundó su Escuela. Los historiadores del psicoanálisis y los comentaristas han pasado casi totalmente de largo los hechos de carácter más o menos rocambolesco que rodearon la fundación de la Escuela Freudiana de París (EFP). Si Freud, hacia el final de su texto sobre el amor de transferencia nos decía que "nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie", Lacan fundó -o intentó fundar- su Escuela precisamente en ausencia y en efigie, mediante el puro soporte de la voz (suya o de François Perrier). ¿Se trataba de la tentativa de introducir su ternario en el origen mismo del acto de fundación: Simbólico (absentia), Imaginario (effigie), Real (voz)? Y si así fuera, ¿podría decirse que lo hizo efectivo? La respuesta depende del momento en que se conceda que el famoso "Yo fundo..." que da inicio al acta de fundación de la EFP cumplió su función performativa, dando lugar -en el acto- al nacimiento de la escuela de psicoanálisis, figura comunitaria inédita en la historia de las agrupaciones psicoanalíticas. Recuperar para su estudio algunos sucesos, en su valor de anécdota o historia, no revestiría interés alguno de no ser para insertarlos en la lógica del discurso analítico e introducir ciertos cuestionamientos sobre algunos rasgos de estructura presentes en el funcionamiento de las escuelas de psicoanálisis y aquello que transmiten a partir de la enseñanza de Lacan, para lo cual también resulta ineludible la lectura crítica -en el après coup de la historia y a la luz de la actualidad- del Acta de Fundación de la EFP.

A este ejercicio nos abocaremos en la segunda reunión de RSI: Los tres registros de Lacan y el campo freudiano, actividad de la École Lacanienne de Psychanalyse.
La información de la actividad aquí.

17 may 2012

Alain Badiou, su teoría del sujeto y Lacan

"Mientras más poesía lee uno, menos tolerante se vuelve a cualquier forma de verbosidad, ya sea en el discurso político o filosófico, en historia, estudios sociales o en el arte de la ficción".
Joseph Brodsky

Alain Badiou es sin duda uno de los pensadores que ha llevado con mayor fortuna provecho las aguas de la enseñanza lacaniana al molino de sus elaboraciones teóricas. La semana pasada el diario argentino Página 12 publicó un pequeño texto donde de un modo autobiográfico Badiou ofrece un breve recuento de su andar por ese río que mezcla las aguas de la vida y la teoría, y en el que dedica a su relación con la obra de Lacan unas palabras que encontré propicias para situar unas diferencias entre la teoría del sujeto que plantea Badiou y la del propio Lacan. Aquí van:
Lacan me enseñó la conexión, el lazo necesario entre una teoría de los sujetos y una teoría de las formas. Me enseñó cómo y por qué el pensamiento sobre el sujeto, que había sido opuesto a menudo a la teoría de las formas, no era en realidad inteligible más que en el marco de esa teoría. Me enseñó que el sujeto es una pregunta que no es en absoluto de carácter psicológico ni fenomenológico, sino que es una pregunta axiomática y formal. ¡Más que toda otra pregunta! 
Cabe creer que con "teoría de las formas" Badiou se refiere a las formas platónicas. Pero en todo caso, y en buen discurso filosófico, tales formas presuponen sustancias. Son sustancias. La teoría del sujeto en Lacan, -y de manera clara a partir del momento en que define al sujeto como "lo que un significante representa para otro significante" (1963)- vincula al sujeto a una forma, sí, pero no en un sentido platónico, pues se trata de una forma sin sustancia. Incluso si Lacan habla del "ser del sujeto", no habría allí una ontología, menos una ontología sensible a la política y la antropología, como podría ser quizá el ámbito en el que se despliegan las indagaciones de Badiou. Más adelante sigue:
 Lacan era para mí una prosa; seguí poco los seminarios. Era una prosa teórica, un estilo que combinaba, justamente en la prosa misma, los recursos del formalismo y los recursos de mi único y verdadero maestro en materia de poemas, que era Mallarmé. Esta conjunción en la prosa, esta posibilidad de la conjunción del formalismo de un lado (el matema) y del otro la sinuosidad mallarmeana me convenció de que se podía, en materia de teoría del sujeto, circular entre el poema y la formalización.
 Si puede ser cierto que entre matema y poema el estilo de Lacan iba y venía, si uno se atuviera a los Escritos quedan fuera ciertos enunciados de pasaje que, en su elaboración sucesiva y gradual, hilvanaron el discurso de Lacan con las cuestiones más atinentes a la práctica analítica (donde -¿no está de más decirlo?- nada tiene un carácter axiomático). Fuera queda el sujeto como efecto de corte ("El deseo y su interpretación"), fuera el sujeto causado por un objeto que no es sino la imagen de una nada ("La angustia"), por ejemplo. ¿O alguien ha visto pulular a este sujeto en los Escritos? Sin la lectura de los seminarios, ciertamente para algunos, es posible que los enunciados de Lacan quedasen reducidos a una "prosa teórica". Eso depende de los ojos que los recorran. No veo problema en ello, si se tiene en cuenta que el discurso analítico no es -ni será jamás- una filosofía. A veces no viene mal invitar a Perogrullo a recordarnos algo: la teoría del sujeto de Badiou (et. al.) es filosofía, la de Lacan no. Si no me creen, lean a Badiou (con todo y sus matemas): 

3 may 2012

Lacan y los surrealismos (seminario)




Seminario de Jorge Baños Orellana
Viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de mayo
Museo Casa de León Trotsky
Av. Río Churubusco 410, Colonia del Carmen, Coyoacán
Argumento:
Se insiste con que, sin el surrealismo, el psicoanálisis lacaniano nunca habría llegado a ser
lo que es. De acuerdo, ¿pero hasta qué punto y de qué surrealismo estamos hablando?
Porque las divisiones internas del surrealismo son su marca de nacimiento. Al respecto,
Jacques Lacan conservaba la amistad con Breton aunque almorzaba regularmente con
Bataille; se citaba con Dalí aunque era de la corte de Picasso; recomendaba a Caillois
aunque también lo fustigaba; sacaba partido de la antropología fantasmal de Leiris aunque
parecía más próximo a Lévi-Strauss; se inspiraba en textos automáticos aunque también
señalaba su miseria; y es tan cierto que participó de la reclusión psiquiátrica de Artaud
como que fue él quien rescató a Dora Maar de los electrochoques de la clínica Sainte-Anne.
Y la lista sigue.
Es hora de comenzar a poner en foco esta relación aparentemente borrosa de Lacan con los muchos surrealismos, precisando cuáles consecuencias habría o no tenido para él en tanto psicoanalista. Y para evitar la trampa más común, adoptaremos la precaución de no soslayar una dificultad agregada: la añadida por testimonios de que los protagonistas del surrealismo dividido no permanecieron tiesos. Ellos no jugaron, para nuestra comodidad, siempre la misma partida; ni tampoco, hay que decirlo, Lacan permaneció siempre en la senda de los primeros pasos. 
Al respecto, 1938 fue un año elocuente.
La agitación comienza el mes de enero, en París, con la inauguración de la Exposición
Internacional Surrealista (hecha para responder a la exposición nazi de “El arte
degenerado” realizada en Munich) y los siguientes meses serán el marco de una
consolidación simultánea y extrema de prácticamente todas las fracciones del movimiento:
Breton escribe con Trotsky el “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”;
Caillois lee “Viento de invierno”; Bataille, “El aprendiz de brujo”; Leiris corrige La edad
del hombre; el Guernica peregrina por ocho ciudades europeas; Artaud publica El teatro y
su doble. Por su parte, Lacan entrega el fascículo La familia, condensando las conclusiones
de la primera época. 1938 marca, así, una innegable línea de llegada, lo que no impide
que, retroactivamente, lo tomemos también como el año del punto de inflexión; porque la
Segunda guerra mundial estalla y, a su término, nadie vuelve a ser el mismo.
Los pormenores del antes, el durante y el después de 1938 serán, por eso, el eje ordenador
de este seminario psicoanalítico a propósito de los surrealismos de Jacques Lacan.


BIBLIOGRAFÍA :
Jacques Lacan: [1931], “Estructura de las psicosis paranoicas”, en El analiticón: clínica
psicoanalítica de las psicosis, n°4, Barcelona, 1987, pp. 5-20. Original: “Structure des
psychoses paranoïaques”, Semaine des Hôpitaux de Paris, n° 14, juillet 1931, p.
440. En http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-07-07.doc
[1931] con Joseph Lévy-Valensi y Pierre Migault, “Écrits inspirés :
schizographie”, Annales Médico-Psychologiques, en 11 de noviembre 1931 t. II, p. 520.
Incluido como anexo en De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la
personnalité, Paris, Seuil, 1975.
También en: http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-11-12a.doc
[1932] De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, tr. Antonio
Alatorre, México, Siglo xxi, 1976.
[1957], “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, en Escritos 1,
siglo XXI, México D.F:.
André Breton[1928/62], Nadja, ed. Joaquin Mortiz, México, 1967.
[1930], “Segundo Manifiesto”, incluido en Manifiestos del surrealismo, tr. Andrés Bosh,
Barcelona, Labor, 1992.
[1930] con Paul Eluard, La inmaculada concepción, ed. de la Flor, Buenos Aires, 1972.
[1952] Conversaciones (1913-1952), FCE, México D.F., 1987.
Otros:
Danielle ARNOUX [1993], “La ruptura entre Jacques Lacan y Gäetan Gatian de Clérambault
», rev. Litoral n°16: Antecedentes lacanianos, tr. Federido Höller, Córdoba, Argentina, abril
de 1994.
Antonin ARTAUD [1947], Van Gogh, el suicidado por la sociedad, Argonauta, Buenos Aires,
2007
Alice MAHON [2005], Surrealismo, eros y política, 1938-1968, Alianza, Madrid, 2009.
Gabriel MERAZ-ARRIOLA, “La escritura de un cuerpo imposible: Antonin Artaud”, en
rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Juan TOVAR, “La obra soñada”, en rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Inscripciones:
Las inscripciones sólo se efectuarán con los inscriptores, ya que el Museo no permite que se
efectúen en el lugar. El costo de la misma es de $1.000 hasta el primero de abril. Luego,
hasta el 3 de mayo, será de $1.300
Beatriz Aguad, aguad@cablevision.net.mx
Pola Mejía, tepoztlan.pola@gmail.com
Gena Riccio,  genariccio@prodigy.net.mx

29 dic 2011

Lacan día por día, de Diana Estrín

Cualquier lector que asoma la nariz a los seminarios de Jacques Lacan está persuadido (y si no, su olfato pronto se lo indica, y si no, pues mucho peor para él) de que abrir tales páginas significa adentrarse a un territorio textual que ofrece dificultades de diversa índole. Más allá de los problemas de establecimiento, del pasaje de lo oral a lo escrito -el famoso y complicado estatus del "Lacan habría dicho"-, de las traducciones, del discurso alambicado que practicaba el psicoanalista francés, uno de los rasgos que caracterizó al seminario que sostuvo durante casi treinta años de enseñanza fue que -reunión tras reunión, explícita o implícitamente- aludía a un cúmulo de autores, artículos y referencias librescas de los que, como se sabe, hacía con frecuencia un uso más bien poco ortodoxo, personal y sumamente libre, por decirlo así de prisa. En este sentido, al leer un seminario de Lacan nos ocurre algo similar a cuando se lee un Ensayo de Montaigne: uno siente que, a través de las citas ocultas o manifiestas, acude a una lectura que, como las muñecas rusas, encierra en su interior otra lectura, lecturas dentro de una lectura que no siempre son evidentes a la primera mirada. Sin embargo, mientras que varias ediciones de la obra del moralista bordelés son pródigas en notas y datos bibliográficos, los seminarios de Lacan suelen llegar a quien se los procura (especialmente en su versión oficial, la de J. A. Miller, y excepción hecha de las establecidas por MRoussan en francés, o R. Rodríguez Ponte en castellano) sin un aparato crítico de lectura, indispensable cuando se trata de un seminario de Lacan.
Así pues, Lacan Día por Día, el libro de  Diana Estrín, se aproxima a suplir dicha carencia y constituye una preciosa herramienta de lectura para quien se adentra en los seminarios, una suerte de mapa de señales para orientarse en ese vasto e intrincado territorio textual que conforma la enseñanza oral de Jacques Lacan.

Gracias a la generosidad de la autora, el libro se encuentra disponible para su descarga en pdf en el sitio de e-diciones de la École Lacanienne de Psychanalyse, en la sección de libros digitales. Para acceder a éste y otros materiales de lectura sólo es preciso registrarse con un correo electrónico en el enlace previo.

2 nov 2011

Haroldo de Campos. "El afreudisiaco Lacan en la galaxia de lalengua"

A mis amigas y amigos del Brasil


"quando se vive sob a espécie da viagem o que importa não é a viagem mas o começo ..." 
Haroldo de Campos. Galaxias



No todo el mundo sabe que Haroldo de Campos (1929-2003), líder fundador creativo y teórico de la Poesía Concreta, primer movimiento vanguardista de poesía brasileña, fue, además, un lector agudo y contumaz de Jacques Lacan.

Acerca del movimiento concreto, comentó Octavio Paz: "La negación del discurso por el discurso es tal vez lo que define toda la gran poesía de Occidente, desde Mallarmé hasta nuestros dias (...) la poesía moderna es la dis-persión del curso: un nuevo dis-curso. La poesía concreta es el fin de ese curso y el gran re-curso contra ese fin". Y otorgaba a los concretistas el mérito de haber inventado (o descubierto, le contrapunteaba Haroldo) "una verdadera topología poética", que realizaba, a su vez, "una crítica del pensamiento discursivo y, así, una crítica de nuestra civilización".

Una empresa poética semejante, ¿resultaría ajena al psicoanálisis? Si se quiere lacaniano, surge de inmediato un no rotundo. El pasado fin de semana, Guy Le Gaufey afirmaba en su seminario en México que la negación formaría parte del estilo de Lacan. Amén de una referencia a la topología, fórmulas tales como: "No hay metalenguaje", "No hay Otro del Otro", "No hay relación sexual", "La mujer no existe", bien podrían inscribirse en una cierta tradición que -negación del discurso por el discurso mediante- configuraría una crítica de los malestares de la civilización. Y sin embargo, la parte más sólida del encuentro entre Haroldo de Campos y el lacanismo se signaría explícitamente no tanto en el concretismo como en la segunda etapa de la obra del poeta: su período neobarroco.

De tal suerte, en su ensayo El afreudisíaco Lacan en la galaxia de lalengua (1989), de Campos declara que su obra de más alto vuelo poético, Galaxias, fue escrita en la misma tradición en la que se le antoja situar la relación Freud/Lacan/Joyce; y evoca la figura de Paz al insertar dicha secuencia en una "tradición de la ruptura". En esta misma línea, el ensayo de Haroldo de Campos -maestro teórico y practicante de la traducción como transcreación- propone traducir el apotegma freudiano Wo es war soll ich verden (*) a la Joyce, es decir, "operando reconcentradamente sobre los significantes y su fonía", puesto que ahí "donde prima el significante, el juego de palabras es preservado en su semantización fónica, en su materia de lenguaje". Así resulta del adagio célebre de Freud: LÀONDE ISS'ESTAVA DEV'EUREI DEVIR-ME. Donde la operación transcreadora hace emerger el yo (EU) del "deber moral" (Lacan) del sujeto y el ME (acaso redundante, como observa el propio Haroldo) que buclea la frase sería, en toda su violencia gramatical, la marca que acentúa el verbo reflexivo inusitado que inventa Jacques Lacan: s'être (ser-se), partícula de un vocablo particular que al particularizar al sujeto "expresaría el modo de la subjetividad absoluta... en su excentricidad radical" (Lacan).

Al más puro estilo Lacan -quien veía en la interpretación analítica la intervención de la función poética del lenguaje ("que sirve a cosas totalmente distintas a la comunicación", seminario L'insu...)-, la transcreación que despliega la obra haroldiana operaría sobre lalengua subjetiva vista como un idiomaterno, en esa misma medida en que "el inconsciente está hecho de lalengua" (de nuevo Lacan). Así, luego de recordar que el idiomaterno (LALENGUA) nos afecta con afectos que son efectos, de Campos destaca en la transmisión de la enseñanza lacaniana y la formación del analista la cuestión del estilo. Escribe en este ensayo:
Por eso mismo llamé a la intervención del "estilo" Lacan en la formación del analista y en la evolución del discurso analítico a partir del lado microtonal de Freud, un "afreudisiaco" introyectado en la galaxia de lalengua.
Del lado Freud como del lado Lacan, el ensayo de de Campos enfatiza el costado escribiente de sendas figuras del psicoanálisis. Al Freud microtonal debilitado de la Internacional opone el sonido polifónico del Lacan de lalangue. Mera cuestión de estilo, si se quiere, donc de la más pura transmisión. Así pues, entre la obra de Freud y la enseñanza de Lacan no queda ausente ni una tradición (de la ruptura) ni una forma de la traducción (como transcreación). Como ejemplo, ¿no sería una operación análoga a la transcreación el vertimiento lacaniano de Verwerfung a forclusion? Me atrevería a avanzar un sí (con la licencia que pasa del juego fonético y hace volar el significante en un estallido conceptual). Y también que el Lacan afreudisiaco de Haroldo de Campos es un muy potente antídoto contra la temible bestia del freudolacanismo. El vuelo de la pluma (stylo) haroldiana la distancia, la empequeñece, el filo de su estilete cercena ambas cabezas a ese monstruo bicéfalo que, como una especie de esfinge sin enigma, asola a la ciudad mundial del psicoanálisis, un discurso que -diluyendo a Freud en Lacan y a Lacan en Freud- transmite una herencia sin ruptura y anula el establecimiento posible de la tradición (a romper). Octavio Paz caracterizó la tradición de la ruptura (suerte de anti-tradición) por "estar hecha de interrupciones, y en la que cada ruptura es un comienzo". Así, de la herida que produce el corte de una ruptura brota lo nuevo como posibilidad. Pero también hay negación: "la negación es lo distinto", escribía Paz. Una tradición que niega (operación lógica que, como se sabe, requiere antes afirmar) el pasado transmite discontinuidades, hiancias, escisiones, aberturas donde lo aún no inscrito puede escribirse en una interrupción como intervención (o viceversa).

Tal como en su Sierpe de don Luis de Góngora Lezama Lima gongorizó al poeta cordobés, en El afreudisiaco Lacan en la galaxia de lalengua Haroldo de Campos lacaniza a Jacques Lacan. El Lacan haroldiano, afreudisíaco, es un Lacan elevado a su más alta potencia significante, la potencia de su letra que es la de su estilo: la potencia de su transmisión.


Nasce morre, poema visual de Haroldo de Campos (1958)

Para descargar el pdf del ensayo en portugués, click aquí.

(Agradezco a Maria Augusta Friche por, entre otras muchas cosas, hacerme llegar este archivo)

***

-El ensayo traducido al castellano se encuentra compilado en "Del arco iris blanco", Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2006.
-En francés fue publicado por Littoral, E.P.E.L., Paris, Novembre 1994.
-Galaxias ha sido recientemente publicado en castellano por Libros Magenta, México, 2011.

(*) Allí donde ello era debo yo advenir "como sujeto", diríase siguiendo a Lacan en castellano.

22 sept 2011

"Vida de Lacan", de Jacques-Alain Miller

Las anécdotas lacanianas son todas verdaderas, incluso las que son falsas, ya que, en buena doctrina, la verdad se distingue de la exactitud y tiene estructura de ficción.
J. A. Miller

Un instante más y la bomba estallaba.
La frase de Guillaume, lingüísta, que a Lacan le gustaba citar.


Hay que leer la Vida de Lacan que ha escrito Jacques-Alain Miller. Publicada en Paris hace un par de semanas (más de 11 mil ejemplares vendidos) y hace unos días en Argentina, hay que leerla para saber de qué va la cosa con la Orientación lacaniana... (así con mayúscula). No la lea quien busque la contemplación largamente esperada del retrato íntimo, familiar, de la persona de Jacques Lacan (si bien no faltan pinceladas de esta tonalidad: "Lacan tampoco se drogó nunca, ni para probar -se lo pregunté". [p. 34]) Tampoco el que espere encontrar una suerte de antífona a las elaboraciones del Lacan biografiado por Roudinesco. Nada de eso, o muy poco, se hallará en este librito. Y aún menos, importa que advierta yo estas cosas, si en las primeras 30 páginas del libro Miller se aboca a decirnos, sobre todo, lo que no ha escrito en su Vida de Lacan. Siendo un opus que apenas rebasa los 43 folios, algunos creerán el rodeo excesivo. Pero no es mera digresión. Como es sabido, al genio de la lengua no le faltan tropos para presentar el ser bajo el modo de no serlo. Luego de evocar la Life de Boswell sobre el Dr. Johnson, así como la tradición escritural (o escribana) floreciente en las "Vidas" de la Antigüedad y el Renacimiento, Miller procede -así leo el último tercio del libro- a ofrecernos no sólo un retrato inédito, sino acaso una inédita forma del retrato: la efigie analítica. Es que si no es una "Vida" en el sentido antedicho, tampoco se trata, claro está, de mera chismografía, ni de una psicobiografía (aunque no falte el escarceo con esta narrativa: "[Lacan] era del signo de Aries, y la descripción de los que han nacido bajo ese signo, tal como aparece en obras de astrología, le va como un guante" [p. 33]. Acaso con su Vida de Lacan Miller ha inventado -y en pocas páginas, eso no es poco- un género que excede las lindes de "lo biográfico" para aproximarse -así me atreveré a llamarlo- a una biosignansgrafía, donde el personaje (léase sujeto representado por un significante (S1) para otro (S2)) biografiado no puede sino aparecer en fading, operación de escritura cuya elisión barroca descubre un fresco brillante, luminoso, que envuelve al sujeto en su opacidad y nos ofrece en relieve la figura del "hombre de deseo, de pulsión incluso, que [Lacan] era" [p. 39]. Ahí se nos revelan -entre otros rasgos- el Lacan de una rispidez tal en su lazo con la Ley que bajaba del auto y se echaba a andar antes que esperar el cambio de un semáforo en rojo; que miraba en tal forma a un camarero desatento o distraído para inscribir -en la sustitución significante puesta en juego por la pulsión escópica y el aullido (casi a lo Artaud: "¡OOOOhhhh!" [p. 35])- la existencia inefable y estúpida (la del camarero, por supuesto) en un vector de mutuo reconocimiento hegeliano; el que se sentía incómodo dentro de "los límites prescritos a los humanos por la estética trascendental" [p. 39]; un Lacan que "tenía gusto por lo real" (sic) [p. 27] y que era, en suma, rebelde e insurrecto hasta en sus gestos más cotidianos. Ansina pues, la foto no podía resultar más lacaniana, ni estar ausente el punctum donde el a minúscula haría refulgir su destello ciego y enceguecedor. Todo lo cual, huelga decirlo, sí que hace lazo y seduce. Si hace 80 años Ortega y Gasset situaba "La rebelión de las masas", Jacques-Alain Miller dirige hoy sus esfuerzos -así lo dejó en claro al fundar la U. P. J. L. - a la educación de las masas. Un proyecto que, bien visto, estaba inscrito y anunciado hace 30 años en el slogan del primer boletín de la Cause Freudienne: "Here comes everybody". Si alguien me preguntara cómo ha de leerse esta Vida de Lacan, escrita para la opinión ilustrada (según reza el subtítulo, yo le llamaría: o el arte de sepultar un nombre sin caerse en la tumba), diría que el propio Miller nos brinda la clave en los últimos párrafos, cuando cita a Leo Strauss (¿cómo lo leo, Leo?) y su célebre ensayo: La persecución y el arte de escribir. Es decir que estamos ante un opúsculo que es preciso leer entre líneas: "de modo que solo sea oído por aquellos que deben oír." [p. 43] (¡Oh analistas del mundo, venid, creced y multiplicaos!). Y sin embargo, Miller escribe: "no puedo dejar de pensar a propósito de él [Lacan] en la Carta a los Corintios -«Me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos»". Cito el inicio de la coda final:
"...él [Lacan] era tú. Venía a buscarte allí donde estabas, tú, con tu propio cortejo, séquito, tu equipaje de prejuicios, y tus maletas de ignorancias, y tus pocos residuos de nociones vagamente adquiridas en los bancos de la escuela. Él no veía en su auditorio un Otro ideal, se dirigía a los que estaban ahí, a fin de llevar a ese pequeño pueblo a comprender lo que él había comprendido, ya que esta transmisión formaba parte de su felicidad..." [p. 43]
Después de leer palabras semejantes y en tal tono (digno de una Pastoral), ¿quién podría declinar la invitación a Formar-se o a Formar-Un-Cartel la próxima vez que -en un quartier parisino, una favela brasileira, un barrio marginal cualquiera o un e-mail de cualquier rincón del mundo- se aparezca un representante de la Orientación lacaniana, con frecuencia enfundado en su traje de plus-un? Sospecho que no-todo(s), pero quizás al-menos-uno. No puedo más que invitar entonces a la lectura de esta Vida de Lacan. Léanla (no sin su Strauss bajo el brazo), se hace de un tirón y (en la edición porteña) son 44 páginas. Verán que, en su naturaleza capicúa, de serpiente engullendo su cola, algo revela esta cifra de lo que viene tramado en el vínculo Miller-Lacan, así como de aquello que -en la enseñanza de cada uno- venía entramado desde antes.
Harpócrates


J. A. Miller, Vida de Lacan, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2011. Trad. Miquel Bassols y Silvia Tendlarz

18 sept 2011

Lacan lector de Schreber, sus "misreadings"

Releyendo este domingo unos capítulos de El escritorio de Lacan, de Jorge Baños Orellana, llamó mi atención la referencia a un artículo de Carlos Faig que puntualiza unos curiosos olvidos y misreadings en los que Lacan incurrió al leer las memorias del presidente Schreber. Felizmente lo he encontrado en la red; y ahora, para los lectores del blog, pongo abajo (hasta abajo, no sea que no lean mi nota) el enlace al breve artículo.
Sabido es que Lacan tergiversaba con frecuencia el decir de los autores de los que hablaba y escribía (esto es trabajado con agudeza en la obra de Baños Orellana), y que -si de textos se trataba- llevaba a su molino el agua que le servía y dejaba correr la que no había de beber. Muy pero muy de prisa, simplificando en exceso y muy groseramente la relación Freud/Lacan, podría decirse que Lacan fue ante todo un gran tergiversador de Freud. Pero también lo fue de Saussure, Aristóteles, Peirce, San Agustín, HeideggerJoyce y un largo, larguísimo etcétera. Lo que no significa, en ningún momento, que a varios de los citados no los haya leído "bien", incluso "a fondo" (incluso -como en el caso de Freud- "a la letra"). ¿Por qué, entonces, no iba a leer "a su manera" al presidente Schreber? Ante el hallazgo de un misreading en los textos lacanianos, un lector lego -si está en buen son- podría decir: "¡No entendió nada este Lacan, pero qué genial interpretación! (Me ha tocado escucharlo.) Los lectores mala leche, en cambio, podrían tomarlo de estandarte e incluirlo en el primer capítulo de un libro titulado Imposturas intelectuales. Ciertamente, si los críticos que se afanan en demostrar que Lacan era un "charlacan" de verdad lo leyeran, encontrarían mucha tela para cortar. Pero eso les llevaría muchos años.
Si bien no todas las tergiversaciones tienen el lugar de un misreading (también había lapsus, olvidos, simples equivocaciones), para los analistas el estilo con el que Lacan leía no puede resultar tan sorprendente; pues se sabe que -cuando de psicoanálisis se trata- las cosas sólo funcionan si el método freudiano se adapta a las singularidades que requiere cada análisis (la "elasticidad de la técnica", que decía Ferenczi). Cada análisis deviene así una potencial máquina de hacer ficción, "novela familiar", "mito individual". (¿Y es que no hay algo de lectura en la acción del analista?). Los "errores" de Lacan en su lectura de Schreber no invalidan los desarrollos doctrinarios que elaboró a partir de ella. (La flaqueza de un concepto como Forclusión del Nombre del Padre hay que buscarla en "otras voces, otros ámbitos".) ¿Quién, desde el psicoanálisis (o sea, nadie en su "sano juicio") se animaría hoy a cuestionar las tesis de Freud sobre la sexualidad infantil debido a los baches (histórico-biográficos, errores de traducción, etc.) en los que tropezó su estudio sobre Leonardo? Al menos, me parece, no se haría a partir de ellos.
Lacan, quien se decía un traumatizado del malentendido puso su grano de arena en dicho trauma. Lacan, que advertía no decir toda la verdad porque ésta no puede decirse toda, también nos decía que la verdad está estructurada como una ficción. A este respecto, conviene recordar también a Maud Mannoni, que afirmaba, en un bello libro, que el verdadero estatuto de la teoría en el psicoanálisis no es otro que el de la ficción; la cual no se opone -como se piensa con frecuencia- a la "realidad objetiva", sino que más bien constituye su muy particular elaboración. A esta operación subjetiva, a veces, Freud la llamó fantasía, a veces delirio.



Para leer el artículo de Carlos Faig, "Schreber de memoria" (publicado originalmente en Bs. Aires en 1989), click aquí.

9 sept 2011

30 años sin Jacques Lacan

 "Soy obstinado... Desaparezco."
           Últimas palabras de Lacan

Hoy se cumplen 30 años de la desaparición física de Jacques Lacan. En varias partes del mundo y, como es natural (¿y sí?), principalmente en Francia, llueven desde hace unos días homenajes y actividades que recuerdan al psicoanalista francés que revolucionó el panorama psicoanalítico durante la segunda mitad del siglo XX. Como este blog no se podía quedar sin asistir al mare mágnum de información que circula en la red, voy a colgar tres fragmentos que he escogido entre los libros de testimonios sobre Lacan (uno de su hija, dos de analizantes suyos) que aluden al momento de su muerte; un hecho que, a la manera de un corte topológico, vino a crear un límite, así como a transformar y a revelar ciertos rasgos estructurales del llamado movimiento psicoanalítico.
(Los tres libros existen en español, pero dado que es mi biblioteca personal la abastecedora del blog, traduzco a vuelatecla directamente de mis ejemplares.)
***

Sybille Lacan
"En el Jacques Lacan, de Elizabeth Roudinesco, aparecido en septiembre de 1993, la autora evoca al final del capítulo "Tumba para un faraón" los últimos instantes de mi padre:
Escribe: ".... bruscamente la sutura mecánica se rompió, provocando una peritonitis, seguida de una septisemia. El dolor era atroz. Como Max Schur en la cabecera de Freud, el médico tomó la decisión de administrar la droga necesaria para una muerte suave. En el último instante, Lacan lo fusiló con la mirada". [Énfasis de S. L.]
Cuando leí esta última frase, me asaltó una desesperación indecible. Me derretí en lágrimas, que se transformaron en convulsivos espasmos. Boca abajo, sobre el diván de la "gran sala", zozobraba en un torrente de lágrimas ardientes que parecía que nunca se detendrían. La idea de que mi padre se había visto caer en la nada, sabiendo que iba a no ser más me era insoportable. Su furor en ese instante, su falta de aceptación del destino común de todos los hombres me lo hacían más querido, pues yo lo reconocía ahí completamente: "obstinado", según las últimas palabras que se le atribuyen.
 Ese día, creo, es el que más cercana me he sentido de mi padre. Después, ya no he vuelto a llorar pensando en él."
(De: Un padre)
***
Gérard Haddad
"La desaparición de Lacan fue un suceso nacional. Los medios, sobre todo los diarios, le dedicaron su primera página. En verdad, y la distancia confirma la cosa, esta muerte marcaba el final de una época de la vida cultural francesa en su conjunto, más bien brillante. La mediocridad pronto se abatiría sobre la vida intelectual aspirada por la vanidad mediática.
Pronto asistimos a un suceso curioso, desconocido por los etnólogos y poco conveniente. Es una regla, en efecto, observar ante la muerte de un gran hombre, al menos hasta los funerales, un momento de silencio y de homenaje, considerar en primer lugar sus aportes positivos. O bien, he aquí que la prensa se encuentra invadida de artículos venenosos, venidos de la pluma de antiguos alumnos que habían roto con él desde hacía mucho, pero, todavía más sorprendente, también de los discípulos de última hora. El diario Liberation publicará así una página llena de reacciones de miembros de la difunta Escuela Freudiana. La intervención de mi agregado de prensa me permitió estar entre ellos. Rendí homenaje a la obra de mi maestro, a lo que le debía. A la mañana siguiente, al leer ese diario, quedé consternado al constatar que mi intervención era la única que saludaba sin ambigüedad ni reserva la desaparición de aquél que tanto nos había dado. Los alumnos que le fueron cercanos juzgarían bien, en las líneas que le dedicaban, criticar al desaparecido."
(De: El día que Lacan me adoptó)
***
Stuart Schneiderman
"Cuando Lacan murió el 9 de septiembre de 1981, el suceso fue un anticlimax. Quizá debido al proceso que Robert Jay Lifton llama aturdimiento psíquico (psychic numbing), la gente no parecía capaz de una reacción auténtica. Un analista me dijo que no hubo un duelo significativo por Lacan puesto que, según lo dijo, "lo hicimos hace un año". Otros apenas y notaron su pasaje porque habían llegado a creer que su alma había tomado por habitación la de su yerno, Jacques-Alain Miller.
A veces parecía que un buen número de gente había deseado la muerte de Lacan. Hay muchos analistas que aún parecen orgullosos de tener un complejo de Edipo para actuar tales escenas en un vestido edípico. Pero los eventos mismos y los actos de Lacan en el mundo, en su mundo, sugieren otra lectura."
(De: Jacques Lacan: la muerte de un héroe intelectual)
***

En esta última cita, la referencia de Schneiderman a Lifton es muy oportuna para la ocasión. Se recordará que en el encuentro que éste último sostuvo con Lacan en Yale, en 1975, el psicoanalista francés se declararía "liftoniano". El diálogo entre ambos giró en torno a las relaciones entre la muerte y el simbolismo, más exactamente, se planteaba la posibilidad de simbolizar la muerte. En la obra de Lifton, psiquiatra norteamericano que estudió a fondo las catástrofes humanas (p. ej., los holocaustos), los sobrevivientes han de pagar su deuda con los muertos estableciendo una línea de continuidad con la vida. 
En el ámbito lacaniano, ¿de qué orden serían dicha deuda y la posibilidad de saldarla? Quizá unas palabras del propio Lacan -que tanto privilegio dio en su transmisión a lo oral sobre lo escrito- extraídas de su texto sobre "La carta robada", se acercan en algo a responder: "Ojalá los escritos permaneciesen, lo cual es más bien el caso de las palabras: pues de éstas la deuda imborrable por lo menos fecunda nuestros actos por sus transferencias."


Que así sea, pues, pese a quien pese lo imposible... Hasta que la muerte nos arranque de la vida.


Placa en el frontispicio del número 5 de la calle Lille


Fuente de las citas:
-Sybille Lacan, Un père (puzzle), Folio, Paris, 1994.
-Gérard Haddad, Le Jour où Lacan m' a adopté, Grasset, Paris, 2002.
-Stuart Schneiderman, Jacques Lacan, The death of an intellectual hero, Harvard University Press, USA, 1983.
Trad. Gabriel Meraz

10 may 2011

Michel Foucault. Lacan, el "liberador" del psicoanálisis

Esta mini-entrevista de Michel Foucault (1926-1984) fue publicada en un diario italiano el 11 de septiembre de 1981, a dos días de la muerte de Lacan.


-J. Nobécourt -Suele decirse que Lacan ha sido el protagonista  de "una revolución del psicoanálisis". ¿Piensa que es exacta y aceptable esta definición de "revolucionario"?

M. F.-Yo creo que Lacan habría rechazado ese término de "revolucionario" y la idea misma de una revolución en psicoanálisis. Él quería simplemente ser "psicoanalista". Lo que a sus ojos suponía una violenta ruptura con todo lo que tendiera a hacer que el psicoanálisis dependiera de la psiquiatría, o a hacerlo un capítulo algo sofístico de la psicología. Él quería sustraer al psicoanálisis de la proximidad, que consideraba peligrosa, de la medicina y las instituciones médicas. Buscaba en él no un proceso de normalización de los comportamientos, sino una teoría del sujeto. Es porque, pese a la apariencia de un discurso extremadamente especulativo, su pensamiento no era ajeno a los esfuerzos que se habían hecho para cuestionar las prácticas de la medicina mental.

-Si Lacan, como usted dice, no ha sido un revolucionario, es totalmente cierto que sus obras han tenido una influencia muy grande en la cultura en las últimas décadas. ¿Qué es lo que ha cambiado después de Lacan en los modos de ser de la cultura?

M. F.- ¿Qué ha cambiado? Si me remonto a los años cincuenta, la época donde el estudiante que yo era leía las obras de Lévi-Strauss y los primeros textos de Lacan, me parece que la novedad era la siguiente: descubríamos que la filosofía y las ciencias humanas vivían sobre una concepción muy tradicional del sujeto, y que no era suficiente decir, con algunos, que el sujeto era radicalmente libre, y con otros, que estaba determinado por condiciones sociales. Nosotros descubrimos que había que buscar liberar todo lo que se esconde detrás del empleo aparentemente simple del pronombre "yo" [je]. El sujeto, una cosa compleja, frágil, de la que es tan difícil hablar, y sin la cual no podemos hablar.

-Lacan tuvo muchos adversarios. Fue acusado de hermetismo y de "terrorismo intelectual". ¿Qué piensa de esas acusaciones?

M. F.- Pienso que el hermetismo de Lacan se debía al hecho de que él quería que la lectura de sus textos no fuera simplemente una "toma de conciencia" de sus ideas. Él quería que el lector se descubriera él mismo [lui-même] como sujeto del deseo a través de esta lectura. Lacan quería que la obscuridad de sus Escritos fuera la complejidad misma del sujeto, y que el trabajo necesario para comprenderlo fuera un trabajo a realizar sobre sí mismo [soi-même]. En cuanto al "terrorismo", solamente subrayaré una cosa: Lacan no ejercía ningún poder institucional. Los que lo escuchaban querían escucharlo, precisamente. Solo aterrorizaba a los que tenían miedo. La influencia que uno ejerce nunca puede ser un poder que se impone.

Trad. Gabriel Meraz.

Lacan, le "libérateur" de la psychanalyse, de Dits et écrits (IV) , Gallimard, Paris, 1994, pp. 204-205.