20 dic. 2010

Historia universal de la infancia

“Por desgracia, la historia de la infancia no se ha escrito nunca, y es dudoso que se pueda escribir algún día, debido a la escasez de datos históricos acerca de la infancia.”

James Bossard.

La historia de la infancia aún está por escribirse. Los estudiosos suelen coincidir en que la infancia tiene la forma de un hilo de Ariadna que se oculta en el laberinto de los tiempos, un objeto invisible que ha evitado mojarse en las aguas de la historiografía. Son varias las causas que vuelven especialmente árida la tarea del historiador que se ocupa de la infancia. Tomando el aporte de la iconografía, Phillipe Ariès señaló el carácter invisible del niño en la mayor parte de las sociedades de la Antigüedad. El investigador francés reparó en el hecho de que -al menos durante todo el Medioevo- los artistas no conocían la infancia, o al menos no llegaban a representarla; el niño figuraba en la pintura no como un ser dotado de características propias, sino como una suerte de adulto en miniatura. La deformación del cuerpo infantil y el rechazo de sus rasgos específicos fueron compartidos por la estética de todos los periodos previos a la modernidad. En la opinión de Ariès, es difícil achacar dicha tendencia a una impericia técnica de los artistas; “cabe pensar más bien”, decía, que en tales sociedades “no había espacio para la infancia”.

La excepción podía hacerla el arte griego del periodo helénico, pródigo en la reproducción de figuras de Eros de proporciones perfectamente aniñadas. Sin embargo, ello podría obedecer más a los ideales miméticos característicos del arte helénico que a la existencia de una concepción del niño que distinguiera el mundo adulto del infantil. Así se revela en las epopeyas del periodo clásico, en donde los niños aparecen retratados como épicos guerreros y hacen gala del mismo arrojo y valentía que los héroes adultos, así como en la invisibilidad que tuvo la infancia en las obras del pensamiento helenista que cimentaron las bases de la cultura occidental. Vista como una fase de la vida que una vez superada (lo que, como se sabe, era entonces infrecuente) quedaba relegada al olvido, la infancia permaneció unida en el arte de la Antigüedad a un mundo de representaciones que la desconocía e incluso la rechazaba. En todos los casos, se ignoraba la especificidad del mundo infantil.

Otro obstáculo que sale al paso a quien sigue las huellas de la infancia en la historiografía, reside en que las muy escasas alusiones a la vida infantil son parte de la biografía de personajes célebres, generalmente nobles o reyes, cuyos relatos idealizados pintan un cuadro novelesco que carece de valor histórico documental y que más podrían pertenecer al ámbito de lo prodigioso y lo fantástico; como el diario personal de Héroard, médico de Luis XIII que -a comienzos del siglo XVII- decía que apenas salir de su madre, el delfín tomó con tal fuerza su cordón umbilical que ella no podía arrebatárselo. Además, mientras que la historia ha privilegiado los acontecimientos públicos, la infancia ha permanecido en la sombra del relato privado. A esto se añade el carácter escabroso del lugar histórico del niño en las civilizaciones de Oriente y Occidente. Del infanticidio al sacrificio, del abandono al filicidio, de la emasculación a la sodomía, de la tortura física a la infusión de pánico como forma de dominio, el lugar social del niño traza una galería de retratos de época en los que la ignominia y el envilecimiento muestran que la historia de la infancia bien podría constituir la historia universal de una infamia.

En una veta opuesta a la de Ariès, el pensador estadounidense Lloyd deMause, impulsor del enfoque “psicohistórico”, planteó que la ansiedad que nace de la “distancia psíquica” existente entre niños y adultos ha jugado un papel fundamental en la conformación de los lazos paternofiliales, y ha propuesto explicar, a partir de la evolución de los mismos, la mutación de los rostros históricos que ha ostentado la infancia. Para deMause, el lugar del niño en la sociedad es análogo al de un psicoanalista que recibe en proyección toda la angustia, la ansiedad, el amor y el odio adultos, así como una demanda perenne de satisfacer lo que no puede ser satisfecho. “El psicoanalista”, escribe deMauss, “está acostumbrado a que se le utilice como „recipiente‟ de las proyecciones masivas del paciente. Este ser utilizados como vehículos para las proyecciones, era lo que le solía ocurrir a los niños en otras épocas”. De este modo, el niño ha sido visto en diferentes momentos como un ángel pleno de inocencia o un demonio portador de todo mal; como el producto de la mera necesidad del cuerpo o un intruso mortífero en el seno materno; como un espejo que refleja a un adulto prematuro o bien a un ser incompleto que requiere moldeamiento; igual que una roca en estado bruto solicita la mano y los instrumentos del escultor para cobrar un aspecto humano. Con la mayor de las suertes, el niño ha sido considerado un adulto en potencia, quizás lleno de futuro pero vacío de realización.

Tocó al destino de Jean Jacques Rousseau avanzar un cambio en dicho estado de cosas con la publicación de su obra Emilio o de la educación, en 1762. Enemigo de los moldes educativos generalizados, Rousseau promovía el respeto a la individualidad del niño y la atención a su singularidad; otorgaba, sobre todo, un lugar esencial a las diferencias elementales que existen entre el adulto y el niño. Estas líneas, por ejemplo, prefiguran hasta cierto punto la tesis del psicoanalista Sándor Ferenczi, que habló en la primera mitad del siglo XX de la confusión babélica que nace del enfrentamiento inevitable entre el lenguaje adulto y el infantil: “Si los niños escuchasen la razón, no necesitarían que los educaran”, decía Rousseau, “pero con hablarles desde su edad más tierna una lengua que no entienden, los acostumbran a contentarse con palabras, a censurar todo cuanto les dicen". Se trataba de un libro verdaderamente revolucionario (inspirador, de hecho, de los ideales de la Revolución Francesa), adelantado a su época en casi dos siglos y que a dos días de publicado ya merecía del secuestro de la policía. Rousseau parecía decir que la educación es cosa de niños, y el punto más innovador del Emilio radicaba en concebir a los niños como los maestros de los adultos. Al entender al niño como un individuo cuyo destino se cumple en el presente (y no en un futuro improbable), el método educativo de Rousseau buscaba las claves del razonamiento infantil para vincularse a él. Pero el impulso de sus planteamientos quedaría sin ecos hasta bien entrado el siglo XX. A partir de ese momento, la influencia del pensamiento de Rousseau comenzará a sentirse en el desarrollo de la pedagogía y la puericultura, la medicina infantil y la psicología evolutiva. De ser objeto de desprecio y maltrato, el niño pasó a convertirse en objeto de estudio y atención.

En el Segundo Libro de su obra, Rousseau recordaba que la raíz etimológica de la palabra “infancia”, proviene de no tener voz, lo que equivale a no ser escuchado, a no tener derechos. Hoy, en la época de “los derechos del niño”, vale la pena detenerse una vez más en el sentido de esta etimología. La palabra latina infans (niño) se compone del prefijo “in”, que significa negación, y del participio del verbo “for”, “faris”, que significa “hablar”. Infans significa, entonces, “aquel que no habla”. Y aquel que no habla, podríamos añadir, necesariamente es hablado. El psicoanalista francés Jacques Lacan dijo alguna vez: “cada sujeto lleva la marca del modo en que ha sido hablado y de eso dependerá lo que se cristalizará para ese sujeto como inconsciente”. Sería el psicoanálisis, en efecto, la disciplina que en los albores del siglo XX introduciría en la cultura moderna la primera concepción del niño como “sujeto”, es decir, un ser habitado por el lenguaje y el deseo inconsciente, como cualquiera. Si la historiografía nos dice que hay un borramiento, un olvido de la infancia, el psicoanálisis enseña que antes de hablar somos hablados y que es la propia infancia la primera que tendemos a olvidar y a reprimir.

Después de Freud y de Rousseau, de los avances y desarrollos en la pediatría y la pedagogía, cabe preguntarse: ¿cuánto de las antiguas concepciones sobre la infancia pervive discretamente en el uso cotidiano del lenguaje? El Diccionario de uso del español, de María Moliner, informa que la palabra “niño” se aplica con benevolencia a una persona “ingenua” o “irrazonable”; asimismo, en ciertos empleos pude implicar “franco desprecio”. Los calificativos “infantil”, “pueril” o el sustantivo “niñería”, suelen apuntar con desdén hacia aquello a lo que se otorga poca sustancialidad. En el diccionario también encontramos que la palabra “niño” es definida como “persona no adulta”. En las sociedades contemporáneas, entonces, ¿realmente se ha dejado de ver al niño como la entelequia de un adulto? Rebasada la primera mitad del siglo XX, Roland Barthes se refería así a los juguetes infantiles: “Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, sólo fuese un hombre más pequeño, un homúnculo al que se debe proveer de objetos de su tamaño”. En la era de los videojuegos y la creciente virtualización del mundo –en especial del mundo infantil-, las palabras del semiólogo conservan cierta actualidad. Seguimos pensando que el juego infantil es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los niños.

Texto publicado en "Acta Pediátrica". Volumen 31, número 6. Noviembre-diciembre de 2010.

5 nov. 2010

Presentación de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse


El próximo 17 de noviembre de 2010, se presentará públicamente el sitio web de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse. El sitio propondrá descargas gratuitas de libros digitales, documentos multimedia y fuentes textuales, pero sobre todo versiones críticas, históricas y documentales en castellano de los seminarios de Lacan.

Cuando Lacan visitó México en 1966, vio el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera, y luego lo comentó en París durante su seminario El objeto del psicoanálisis. Este mural se encontraba en el Hotel Del Prado, que quedó irreversiblemente dañado por el temblor de 1985; hoy día se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera, junto a la Alameda. Como corresponde a un sueño, la censura lo afectó: tras su inauguración, la frase “Dios no existe” fue borrada por un grupo de choque católico y luego Rivera la sustituyó por una metonimia.

La presentación del sitio de e-diciones tendrá lugar ahí y será el motivo de una jornada de trabajo, cuya temática será:

 Presentación del sitio de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse.

 Lectura digital y Copyleft en su modalidad Creative Commons.

 Situación de la publicación de los seminarios de Jacques Lacan, en particular en castellano, y específicamente del seminario R.S.I.

 Análisis del comentario que hizo Lacan del mural, en la sesión del 23 de marzo de 1966 en El objeto del psicoanálisis.

La cita es a las 6 pm, para realizar a las 6:15 una visita guiada al mural. A continuación tendrá lugar la jornada de trabajo. Al finalizar habrá mezcal y vino, brindis al que usted está cordialmente invitad@.

La entrada es libre, el cupo está limitado a 70 personas.

La jornada de trabajo será transmitida en vivo por internet a través del sitio www.ustream.tv

Comité editorial de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse:

Mélanie Berthaud

Miguel Gasteasoro

Manuel Hernández

Helena Maldonado

Gabriel Meraz

16 sept. 2010

"Nunca he hablado de la libertad". Jacques Lacan en Bélgica,1972 (Video)

En este documental de 23 minutos se ve a Lacan en una entrevista realizada para la televisión belga en el otoño de 1972. Año fundamental en su enseñanza, si se piensa en las consecuencias que trajo el hallazgo (trou-vaille, decía él jugando con los agujeros) del nudo borromeo en esa fecha. A diferencia del lenguaje que usa en las emisiones televisivas preparadas por J.-A. Miller meses después (bien conocidas como Televisión), en ésta Lacan discurre con su interlocutora (Françoise Wolff) en términos simples y llanos, hace a un lado sus conceptos y matemas, pero no las cuestiones fundamentales que siempre le ocuparon: ¿qué es el psicoanálisis? ¿Cómo se hace? ¿Cuál es el lugar del analista? ¿En qué consiste el inconsciente? En la entrevista también se aprecian las cualidades mayéuticas de Lacan que, con un cierto semblante socrático, digámoslo así, oculta silénicamente al tiempo que insinúa algo de su deseo como analista (y, como ha observado Jean Allouch, era su deseo lo que Lacan llamaba "deseo del analista"). Digamos que se trata de Jacques Lacan, un psicoanalista, testimoniando algo acerca de su experiencia en esa experiencia que llamamos psicoanálisis, y eso basta para que el documento sea una verdadera gema.


Entrevista a J. Lacan (1972) from frente psicoanalitico on Vimeo.

Se puede descargar el texto de la entrevistaen francés AQUÍ  (Word).

Nota bene: Ojo con los deslices del subtitulaje (que no vamos a comentar).

(Fuente: http://vimeo.com/)

21 ago. 2010

Las muertes de Roger Munier (1923-2010)


Hoy tuve noticia de la muerte de Roger Munier, acaecida el 10 de agosto. "El escritor Roger Munier, traductor de Martin Heidegger y Octavio Paz y especialista de Arthur Rimbaud, falleció el martes a la edad de 87 años", decía la nota más difundida en mi Google.

Es curioso -aunque no raro- que la nota de óbito recordara al escritor en su faceta de crítico y traductor, es curioso porque en su vasta obra figuran destacadamente títulos de poesía (¿por qué no se aludía en primer lugar al Munier "poeta"? A mí la noticia de su muerte me hizo pensar un instante en una frase de Cocteau: "la muerte de un poeta es algo muy grave, porque un poeta es algo más que un hombre"). Pero en el fondo no es raro porque, quizá como de pocos, se podría decir de Munier que como autor fue un auténtico autor (Barthes, Foucault, Agamben), o sea, alguien que en su escritura no podía hacer otra cosa que desaparecer.

Sabía mejor que nadie (Munier "traductor") que toda palabra es palabra de otro, y también (Munier "poeta", Munier "hombre") que el yo como unidad es una ilusión ("Además de mí mismo, estoy yo"), que el ser completo, total, es inexistente pues se está siempre dividido a la vez que se es un yo en un sujeto que, cuando es, no es sino el efecto de una alteridad. Porque sabía (con Nerval y Rimbaud) que "Yo es otro", que para ser se ha de ser Otro (Paz), y que la palabra -por tomar su función del campo del lenguaje- eclipsa al sujeto y lo engancha a la pérdida- a la vez que es el único medio que éste tiene para aparecer, para extraviarse en los callejones del sentido y llegar siempre tarde al encuentro del Otro (en un "habrá sido", el futuro anterior del que hablaba Lacan), a exhibirle, a entregarle -por ser hablante- su carencia de ser.

Roger Munier sabía (Munier "escritor") que todo decir se despliega sobre un fondo de indecible, que es decir de un imposible que no cesa de no escribirse, porque lo que es no se escribe. ("La escritura es una fiebre a propósito de las cosas, que en el fondo no dice sino la fiebre, no las cosas"). Tal vez por eso pensaba que la escritura, cuando es verdadera escritura (literalización del sujeto), conduce a un fading, a una desaparición. ("La verdadera escritura se sustrae ella misma de ella misma, continuamente. La última palabra la ratifica, desapareciéndola").

Desaparecido de entre los vivos ("Muerte... por fín abriré a mí mismo los brazos"), ¿cómo se recordará a Roger Munier? ¿Como un "poeta del pensamiento", alguien que hizo algo tan raro, tan difícil de lograr como un encuentro feliz entre poesía y reflexión filosófica? (Munier "poeta", Munier "filósofo",  "Munier traductor y amigo de Heidegger", Munier "traductor de Octavio Paz"). Tal vez sería válido recordarle como un hombre que quiso escribir en la sombra, pero cuya palabra, malgré lui, no pudo escapar de la luz. En su obra, la voz del sujeto que escribe parece surgir de cierto claroscuro, y proyectar sobre las cosas cierta luz que las mete en la sombra ("La vida destruye la vida. El pensamiento destruye el pensamiento.La realidad destruye la realidad") Así me lo ha parecido al volver a  leer sus... ¿aforismos?, destellantes cinceladas de pensamiento, chispazos de fulgurante poesía que en el fondo quizá no son poesía ni filosofía, sino fragmentos, voces escandidas de una obra que -como decía otra entrada en mi Google- "imita al mundo en su repliegue. Como él, resiste a cualquier interpretación, pues es llamada que exige y reclama una escucha".

Esto último me hizo pensar que la obra de Roger Munier se aproxima en algo quizá más íntimo, más secreto, a la experiencia del psicoanálisis.

Aquí unos fragmentos más, que tomo "casi" al azar de su libro Fulgores:

***
La luz no muestra las cosas como son. Las reviste, se diría que las viste, para que se les vea. Sin este vestido no serían visibles. Pero no son este vestido.

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Todo lo que es signo o maravilla acaece como antes de acaecer. Admirablemente se precede.

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Pensar, cuando escribo, que ya escribo en una lengua muerta.

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Escribir a la manera en la que todo se hace: como una pérdida.

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Lo posible embaraza lo real, lo estorba. Y, mezclándose, lo diluye extrañamente, lo irrealiza.

***
Hago lo que quiero. Pero, haciéndolo, no hago sino querer lo que me hace.

***
El sentido está en éxodo, a través de todos los sentidos.

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El ser no dura sino mediante el hacer, que lo oculta.

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Más de lo que es, el hombre es lo que podría ser. Ese poder ser destroza su ser, y finalmente le impide para siempre ser lo que podría ser.

***
No tengo recuerdo, solamente memoria.

***
Todo lo que dura está en estado de pérdida.

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Escucho lo que no dices.
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Intentar saber como lo que no se sabe -lo que no se sabe-

***
El real extrañamente se interpone entre nosotros  mismos y lo real.

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Cuando pienso en mí en el pasado, no es en mí en quien pienso, es en el pasado.
***
¿Sufres? No. Algo se ha desgarrado en el tejido de las cosas. Y eso pasa en tí.

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No somos sino palabras, pero a nosotros algo nos calla.
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Toda palabra que dice: hablo, soy yo, no habla, dice solamente: soy yo.

***
Cuando digo: el mundo es real, cuando lo digo, ya no es verdad, pues lo real no puede ser dicho.

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Lo que amamos en la verdad no es la verdad, sino que ella sea la verdad.

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La existencia, y más que la existencia: el ser, todo ser, es un encerramiento.
***
La verdad no es la realidad. La verdad no es "real". No hay verdad en la realidad. No hay sino la realidad.

***
La vida tiene un término: la muerte. Pero la muerte tal vez no tiene término... Tal vez no se termina nunca de morir.
***
Todo fin es triste, aun aquel de lo que es triste, como fin.


(De: FULGORES, México, Premiá,  1988, trad. de Marco Antonio Campos)

15 ago. 2010

Bertrand Russell sobre el psicoanálisis


Del Diccionario del Hombre Contemporáneo, de Bertrand Russell (1872-1970), copio la entrada correspondiente a Psicoanálisis:

El psicoanálisis aunque indudablemente tiene sus exageraciones, e incluso sus absurdos, nos ha enseñado muchas cosas verdaderas y valiosas. Existe el viejo dicho de que "si se expulsa a la naturaleza con una horquilla, vuelve de todas maneras". Pero el psicoanálisis ha proporcionado el comentario a este texto. Ahora sabemos que una vida excesivamente llevada contra el impulso natural dará lugar probablemente a efectos de tensión, probablemente tan malos como el entregarse a los impulsos prohibidos. La gente que vive una vida antinatural se suele llenar de envidia, de malignidad y de falta de caridad.

Se piense lo que se quiera del psicoanálisis, hay un punto en el cual está indudablemente en lo cierto, y es en la enorme importancia que da a la vida emocional. Si el desarrollo emocional se realiza bien, el carácter y la inteligencia se desarrollan espontáneamente. Por lo tanto, el educador científico debe dirigir su atención principalmente a las emociones.

Para nuestros fines, el descubrimiento esencial del psicoanálisis es el siguiente: que un impulso inhibido, por métodos objetivistas, para que no halle expresión en la acción, no muere necesariamente, sino que queda soterrado y encuentra una nueva salida no inhibida por la educación. Con frecuencia, la nueva salida es más dañina que la evitada, y en todo caso la desviación supone perturbaciones emocionales y gastos de energía sin provecho.

El psicoanálisis, como es sabido, es, primordialmente, un método de comprender la histeria y ciertas formas de locura; pero se ha descubierto que muchas cosas de las vidas de hombres ordinarios tienen una semejanza humillante con las alucinaciones de los locos. La relación de los sueños, creencias irracionales y acciones insensatas con los deseos inconscientes, ha sido sacada a la luz con cierta exageración, por Freud, Jung y sus discípulos. En cuanto a la naturaleza de estos deseos inconscientes, me parece, -aunque como profano hablo con timidez- que muchos psicoanalistas han sido estrechos de criterio; es indudable que existen los deseos que destacan, pero otros, por ejemplo, los de honores y poder, son igualmente operantes e igualmente susceptibles de ocultamiento.

(De: DICCIONARIO DEL HOMBRE CONTEMPORÁNEO, Tomo Suelto, México, 2003)

Más allá de los pasajes de tono moralizante y pedagógico (tan característico, salvo excepciones, del psicoanálisis desarrollado en las latitudes que habitó nuestro filósofo), no deja de ser curioso que uno de los principales exponentes de la lógica moderna se exprese de la obra freudiana -el psicoanálisis- en términos de "impulsos naturales", "prohibidos", o de "vida emocional", y no llegase a reparar en aquello que Jacques Lacan pondría en evidencia con su lectura de Freud, a saber, que el inconsciente, más que ser un oscuro reservorio de impulsos reprimidos, posee una lógica y una estructura que le son propias, ambas irremisiblemente ligadas al lenguaje. También las palabras de Russell parecen resonar con las de otro fiósofo, Theodor W. Adorno, para quien nada en el psicoanálisis era tan verdadero como sus exageraciones. Y es que sí -aunque ello no sea monopolio del análisis-, la exageración es una de las formas que adopta la verdad en su medio-decir. Pero eso, ciertamente, no parece tan lógico.

3 jun. 2010

Louise Bourgeois (1911-2010)

 "En los artistas se garantiza de antemano el hecho de estar cuerdo, puesto que siempre van a ser capaces de asumir su tormento".
(L. B.)

Retrato de L. B. con Fillette, 1968, por R. Mapplethorpe

El lunes murió en Nueva York la escultora Louise Bourgeois.

Nacida en Paris la nochebuena de 1911, hija de unos restauradores de tapicería antigua que gozaban de cierta posición, la artista emigró a Nueva York en 1938 y se casó con un profesor de arte norteamericano. A lo largo de casi un siglo de existencia, Louise Bourgeois concibió una continuidad perpetua entre el oficio de vivir y la creación artística. Sus obras encerraban aspectos netamente vivenciales que, al ser revisitados, devenían experiencia creadora. En su trabajo la referencia al pasado, especialmente la infancia, ocupa un lugar central. No en el sentido de una alusión autobiográfica cuyas trazas el investigador podría ubicar en los títulos y temáticas de sus composiciones, sino como una suerte de ascesis catártica en la cual los elementos de lo vivido son exorcizados en el acto creador. En 1982 escribió:
"Algunos estamos tan obsesionados por el pasado que morimos sepultados por él. Ésta es la actitud del poeta que nunca encuentra el paraíso perdido y también es la del artista, que trabaja por motivos que nadie es capaz de comprender. Puede que lo que ambos intenten sea reconstruir un elemento del pasado  para así exorcizarlo, razón por la que el pasado tiene, para muchas personas, un enorme poder y belleza. Todo lo que yo he hecho se ha inspirado en mi vida anterior (...) Cada día haz de olvidar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor."
 Amiga de artistas como Mark Rothko, Joan Miró y Marcel Duchamp, Bourgeois fue pionera de la instalación y el arte performativo. Sin embargo, obtuvo reconocimiento público hasta la década de 1970; lo cual, a su modo de ver, no pudo sino beneficiar sus primeras producciones bañándolas de intimidad, de un aislamiento espléndido. La tortuosa obsesión por el amor de papá y mamá, la imbricación de lo masculino y lo femenino (pechos fálicos, penes hendidos), la irrupción de la muerte en el sexo, pero sobre todo el cuerpo (la ruptura y combinación de sus simetrías, sus dualidades y homologías), son algunas presencias constantes en su obra.

Janus Fleuri [Jano en flor], 1968, bronce, 31.8 x 25.7 x 21.2 cm.


No le agradaba a Louise Bourgeois que se impusiera a su trabajo el calificativo de "erótico", pero tratándose de la carga simbólica y la fuerza estética que encierra el cuerpo, igual se resignaba a hacer aparecer la erótica en escena:
"Mi trabajo no es intencionalmente erótico, y dudo que lo sea, pero si en presencia de ustedes pasa a convertirse de erótico en estético, ¿quién soy yo para decirles que no lo es? El contenido se implica con el cuerpo humano, su aspecto, sus cambios, sus transformaciones, aquello que necesita, quiere y siente; sus funciones (...) El contenido es hoy el mensaje erótico: todo lo que tiene lugar como resultado de la presencia de dos personas. Placer, dolor, supervivencia, en público o en privado, en un mundo real o imaginario."
Según cuenta en unos apuntes autobiográficos, fue bautizada con el nombre de Louise en honor a Louise Michel, una especie de Rosa Luxembourg francesa que su madre, feminista y simpatizante socialista, tenía de modelo. Dado el profundo interés que despertaba en ella todo lo relacionado con las mujeres, Louise Bourgeois se declaraba a su vez feminista; no obstante, permaneció al margen de cualquier militancia y se consideró ante todo una gran solitaria.

Femme Couteau, Mármol negro, 1970, 67 x 3 x 12, 5 cm.

Acerca de una obra que indaga en el ser de la mujer y la naturaleza de lo femenino, Femme Couteau (Mujer cuchillo), escribió:
"Esta escultura de mármol, mi Femme Couteau, engloba la polaridad de la mujer, lo destructivo y lo seductor. ¿Por qué las mujeres se convierten en mujeres cuchillo? No nacieron como tales. Se les hizo así a través del miedo. En Femme Couteau la mujer se convierte en un cuchillo, es una figura defensiva. Para defenderse, se identifica con el pene. Una chica puede sentirse aterrorizada por el mundo. Sentirse vulnerable, ya que puede ser herida por el pene, de modo que trata de tomar la misma arma del agresor. Este es un problema que parte de la infancia, y de la falta de una educación razonable y comprensiva".
La preocupación sempiterna por el amor materno se hace presente en obras como She Fox. En dicha pieza, Bourgeois realizó en piedra la violencia y la animalidad que puede permear el vínculo madre-hija: "Corté su cabeza, rajé su garganta. Y aún así esperaba que me quisiera". (Y aquí pienso en Winnicott, que afirmaba que el primer objeto de elección debe sobrevivir a la destrucción como prueba de amor.) Según decía la escultora, la figura representa a un animal, una hembra, pero no a una hembra cualquiera; tiene varios pechos, bellos muslos y una doble mutilación en garganta y cabeza. "Bajo sus caderas hay un refugio acogedor. Y es allí donde yo me coloco (...) She Fox es el retrato de una relación. Es una expresión de la fe que un niño deposita en sus padres y de la violencia que se establece entre el fuerte y el débil. Éste es el significado de la obra".

She Fox, 1985, mármol negro, 68, 5 x 179 x 81 cm.

 En 1973, después de la muerte de su marido, Bourgeois creó la escultura que para los críticos marca un hito en su recorrido: Destruction of the father. La artista recordaba a su padre (muerto en 1951) como un hombre machista. Siendo la tercera hija de un matrimonio sin hijos varones, supuso que debían perdonarla por el hecho de ser niña. Según relata en un texto llamado Album de familia, recuerda que, cuando nació, su imaginativa madre dijo a su padre: esta niña es igualita a ti, la llamaremos como tú. Fue así como su padre la aceptó. Pero la decepción mayor se la daría el padre a la hija, al mantener durante diez años un amasiato con la educadora de la pequeña Louise. Destruction of the father es una obra sobre el miedo, y sobre la imposibilidad de que el amor oculte, o sobreviva, al miedo.

Destruction of the father, 1974, escayola, látex, madera y tela, 237, 8 x 362, 2 x 248, 6 cm

Sobre ella comenta:
"Esta pieza es básicamente una mesa, la aburrida y aterradora mesa familiar con el padre a la cabeza, quien se sienta y se regodea. Y los demás, la esposa y los hijos, ¿qué pueden hacer? Se sientan ahí, en silencio. La madre, por supuesto, intenta satisfacer al tirano, su marido. Los niños están llenos de desesperación... Así, desesperados, agarramos al hombre, lo arrojamos a la mesa, lo desmembramos y procedemos a devorarlo."
Pero a quien quiera ver aquí un festín totémico alusivo a la influencia del psicoanálisis la artista le aclara el panorama: nada de Freud, nada de Lacan; no se trata nada más que del padre real, con toda su imaginería simbólica. A lo sumo, Freud y Lacan se parecían en algo al padre de la artista, lo mismo que André Breton. Al menos eso decía ella:
"Charcot era una persona modesta, tan sólo un científico, pero nunca un teórico. Por el contrario, Lacan fue un guérisseur. A través de su encanto y de su facilidad verbal. No era un científico, sino un estafador. Freud y Lacan no hicieron nada válido para el artista. Ladraban en el árbol equivocado. No ayudaron nada. Simplemente no puedo beneficiarme de ninguno de ellos (...) Breton, Lacan y Freud me decepcionaron. Prometieron la verdad y sólo aportaron teorías. Eran como mi padre: prometía mucho y hacía muy poco."
No se piense que por ello Louise Bourgeois le agarró tirria al psicoanálisis. En 1990, escribió una reseña de la exposición neoyorquina The Sigmund Freud Antiquities, que tituló Los juguetes de Freud, y que retrataba de un modo entrañable al creador del psicoanálisis (un coleccionista infantil y un hombre razonable lleno de genio clínico y miedo a su padre). También llegó a pensar que el psicoanalista, al lado de Hacienda y el abogado, es el mejor aliado del artista: "El psicoanalista hace más razonable al artista, el abogado lo hace más listo y Hacienda más rico".

Citas tomadas de: Destrucción del padre/reconstrucción del padre, Sintesis, Madrid, 2002.

27 may. 2010

Pornotopía, de Beatriz Preciado


Luego de Testo Yonqui (Espasa Calpe, 2008), canto autofictivo a la testosterona como droga y verdadero entronamiento del falo como eje de la cultura (un texto fascinante*, si los hay, a pesar de sus críticas algo punks al psicoanálisis y más de un contrasentido irresoluble), Beatriz Preciado vuelve a la escena editorial con un libro que estudia la manera en que Playboy, el imperio de Hugh Hefner, se convirtió en plena guerra fría en piedra angular del "capitalismo farmacopornográfico". Según las tesis de la autora, la era farmacopornográfica en la que vivimos se caracteriza por la producción de subjetividades dominadas por una cultura de consumo y la búsqueda de placer sexual, las cuales son efecto de la puesta en funcionamiento de auténticos dispositivos de control y regulación del cuerpo humano.

Así Preciado asegura que -lejos de ser una mera revista "para caballeros"- Playboy constituye un proyecto arquitectónico de amplias proporciones (piénsese en las célebres mansiones diseñadas por Hefner para albergar a sus conejitas) cuyo objetivo final fue desplazar a la "casa heterosexual" como centro de consumo y reproducción proponiendo nuevos espacios de producción de placer. "Yo creo que Playboy es para la filosofía política contemporánea lo que la máquina de vapor fue para Marx", declaró en una entrevista, "un modelo de producción económica y cultural imprescindible para pensar las mutaciones que tienen lugar en la segunda mitad del siglo XX".


Preciado, fotografiada por Lydia Lunch

Después de leer los trabajos de Preciado no es posible oír un concepto como identidad sexual sin recordar a Baudelaire, cuando decía que, si se ponen juntas, ciertas palabras aúllan. Eso es filosofía política.

Se puede leer un fragmento en línea aquí.


El magnate, su famosa bata y sus chicas

 *  Más que nunca en el sentido que tiene la etimología latina: fascinus = falo

25 may. 2010

El MUAC invita a la Ecole Lacanienne de Psychanalyse

El día de mañana se llevará a cabo en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) la cuarta y última reunión del ejercicio de lectura del seminario "Las formaciones del inconsciente", de Jacques Lacan; un ejercicio realizado a cuatro voces por cuatro miembros de la elp.

Para descargar el argumento y la información haz click aquí.

3 may. 2010

Conferencia: El sujeto del psicoanálisis, sus consistencias

Jacques Lacan introdujo la noción de sujeto en el campo freudiano. Más que de un mero concepto, se trata de un término que circunscribe el ámbito de una práctica y define su especificidad. En esta plática abordaremos dos momentos decisivos de la enseñanza lacaniana destinados a dar consistencia (mas no sustancia) al sujeto que se desprende de la experiencia analítica, un sujeto distinto al sujeto del conocimiento propio de la tradición filosófica.

Con este argumento ofreceremos una charla el próximo miércoles dentro del ciclo "Conversaciones sobre psicoanálisis" en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

5 de mayo de 2010. 18:00 hrs.
Salón 54, Centro de Posgrado y Educación Continua.
Izazaga 92 Centro histórico. C. P. 06080. México D. F.
Informes al teléfono: 51-30-33-00 Extensión 3348
Entrada Libre

28 mar. 2010

James Joyce. Lectura de Finnegans Wake

A la memoria de E.

"Si hubiera sabido que el final del túnel era también la entrada, no habría hecho toda la travesía".
R. Devos., citado por J. Allouch

When they were yung and easily freudened….

Dicen por ahí que la literatura debe al psicoanálisis la obra de James Joyce (1882-1941). No lo sé pero, de ser así, en ningún otro libro del autor irlandés como en Finnegans Wake (1939) sonaría más alto -y página por página- la voz de dicha deuda. Al parecer, Joyce freudeneaba desde joven (no sin aversión, diría más tarde Lacan) y puede decirse que su obra postrera es un libro -si no freudiano- bien afreudeneado.
"A scene at sight. Or dreamoneire. Wich they shall memorise. By her freewritten. Hopely for ear that annalykeses if scars for eye that sumns". (280)
Se sabe que en los estantes de la biblioteca de Joyce en Trieste (cuna del psicoanálisis en Italia, by the way) reposaban ejemplares de La interpretación de los sueños,  la Psicopatología de la vida cotidiana y el libro sobre el Witz; los textos canónicos, como se dice, acerca del inconsciente. Pero si le preguntaban sobre su relación con Freud, a Joyce le gustaba decir que Freud significa “alegría” en alemán, igual que Joyce en inglés. Al responder de esa manera, para Ricardo Piglia, lo que el escritor irlandés decía era: “Yo estoy haciendo lo mismo que Freud”. No lo sé. Pero es cierto que -como "experiencia límite de la literatura"- Finnegans Wake “se construye en gran medida sobre la estructuración formal que se puede inferir de una lectura creativa de la obra de Freud: una lectura que no se preocupa por la temática sino por el modo en que se desarrollan ciertos modos, ciertas formas, ciertas construcciones”.
"And now upright and add them! And plays be honest! And pullit into your self, as on manowoman do another! Candidately, everybody! A mot for amot. Comong, meng, and douh! There was this, wellyoumaycallher". (396)
Joyce llegó a revelar que compuso esta obra a base de lapsus langways, falsemeaning adamelegy, lowquacity, any way words all in one soluble, counterpoint words, entre otros tropos de su propio cuño o inspirados por Saint Calembournuss  (patrono del pun), que sitúan el lenguaje del texto en un puente entre las operaciones del proceso primario freudiano y una suerte de lengua primigenia, “fundamental”, adánica (past Eve and Adam's) y residual, hecha de resabios de otras lenguas, una lengua que -como todas desde de Saussure- es un puro sistema de diferencias, y que introduce en la de cada uno la lengua del otro; confusión de lenguas en cuyo mare mágnum significante suena la risa del Otro, su risa de tercera persona...
"Let thor be orlog, Let Pauline be Irene. Let you be Beeton. And let me be Los Angeles. Now mesure your lenght. Now estimate my capacity. Well, sour? Is this space of our couple of hours too dimensional for you, temporizer? Will you give you up? Como? Fuert it?" (154)
Durante los diecisisete años de vida que le absorbió su creación, Joyce llamó a su obra un work in progress, o sea, un dispositivo de escritura abierto y cambiante, fluvial, que dio como resultado un libro de estructura circular que termina exactamente en el punto donde empieza, escandido a mitad de una frase en su principio (riverrun, que alude al río Liffey) y su final (A way alone a last a loved a long the). Ya en el primer párrafo, en efecto, se anuncian las concepciones de Vico (commodious vicus), el filósofo italiano que veía en el transcurrir de la Historia un viaje circular. En el trayecto del libro joyceano, pareciera que el recorrido no lleva a nada, no trata de nada (“no se preocupa por la temática”) pues, como reza la conocida expresión de Beckett, en este libro Joyce no escribió sobre algo y escribió, en cambio, algo.
"But boy, you did your strong nine furlong mile in slick and lapstick record time and a far fectched deed it was in troth, champion docile, with your high bouncing gait of going and your feat of passage will be contested with you and through you, for centuries to come. The phaynix rose a sun before Erebia sanks his smother". (473)
En Finnegans Wake las palabras parecen estar menos lejos de las cosas, y se diría incluso que -en la medida en que escriben algo- se aproximan a hacerse cosas.
"Withr a clonk? Vartman! See you not soo the pfath they pfunded, oura vatars that arred in Himmal, harruad bathar namas, the gow, the stiar, the tiagara, the liofant, when even thurst was athar vetals, med trefoils slipped the sable rampant, hoof, hoof, hoof, hoof, papadopodopudupedding on fattafottafutt. Ere we are! Signifying, if tungs may tolkan, that primeval conditions gradually receded but nevertheless the emplacement of solid and fluid having to a great extent persisted through intermittences of sullemn fulminance, sollemn nuptialism, sallemn sepulture and providential divining, making possible and even inevitable, after his a time has a tense haves and havenots hesitency, at the place and period under consideration a socially organic entity of a millenary military maritory monetary morphological circumformation in a more or less settled state of equonomic ecolube equalobe equilab equlibrium. Gam on, Gearge! Nomorphemy for me!" (599)
Por ello, si bien se le ha llamado (con y desde la razón) "ilegible" es un libro que, cuando se lee, pide ser leído en voz alta. Además del soporte físico de la escritura, de la materialidad de la letra, la palabra joyceana solicita la participación del cuerpo del lector mediante el aliento, la enunciación significante de la voz. En la lengua materna del texto (un inglés que, a decir de Phillipe Sollers, hace que después del libro tal idioma no exista más, es decir que hace del inglés una lengua muerta; paradójica mezcla pulsional, pues se trata en realidad de una lengua orgánica) la palabra está en una constante tensión hacia lo corporal.

Tal vez por eso dijo Lacan que “si el Finnegans Wake resulta legible, es porque está presente el  goce de quien lo escribió”.
"In the house of breathings lies that word, all fairness. The walls are of rubinnen and the glittergates of elfinbone. The roof herof is of massicious jasper and a canopy of Tyrian awning rises and still descends to it. A grape cluster of lights hangs therebeneath and all the house is filled with the breathings of her fairness, the fairness of fondance and the fairness of milk and rhubarb, and the fairness of roasted meats and uniomargrits and the fairness of promise with consonantia and avowals. There lies her word, you reader!" (249)
Aquí en la voz del autor:

13 mar. 2010

FROM: Sigmund Freud TO: Jacques Lacan

En la entrada anterior mencionaba yo el acuse de recibo que Freud hizo de la tesis doctoral de Jacques Lacan. He aquí la imagen de la tarjeta que éste recibió como respuesta al envío de su trabajo sobre la psicosis paranoica ("caso Aimée"), mismo que constituiría su primera incursión en el freudismo. En el lacónico mensaje, fechado en Viena el 8 de enero de 1933, puede leerse: "Gracias por el envío de su tesis".


Como en el envío Lacan no especificó su residencia con claridad -vivía en la rue de la Pompe, pero se domiciliaba en Boulogne- Freud tuvo que inscribir sendas direcciones en la postal.

¿Será que la tesis del joven psiquiatra interesó tan poco a Freud que ni se dignó a abrir el manuscrito?

Es perfectamente plausible. Antes que en el ámbito psicoanalítico o psiquiátrico, la tesis de Lacan obtuvo el reconocimiento de artistas y literatos. En febrero de 1933, Paul Nizan fue el primero en escribir una elogiosa reseña; en mayo de ese mismo año vino una de René Crevel en el mismo tenor, y en el primer número de la revista Minotaure (el mismo en que Lacan publicó su artículo "El problema del estilo y la concepción psiquiátrica de las formas paranoicas de la experiencia"), del mes de junio, Salvador Dalí escribía acerca de la tesis del Doctor: "A ella le debemos el hacernos por primera vez una idea homogénea y total del fenómeno fuera de las miserias mecanicistas en que se empantana la psiquiatría corriente". Así las cosas pues, en el lejano año de 1933. Aún faltaban tres más para que Lacan diera a conocer sus primeras concepciones sobre el estadio del espejo, "la escobilla", según le gustaba decir, que le permitió entrar de lleno al psicoanálisis. (Y sacar el pie, podríamos añadir, que había dejado en el terreno de la psiquiatría).

1 mar. 2010

André Breton. Diccionario del surrealismo


Las relaciones entre el psicoanálisis y el surrealismo han sido una suerte de liaisons dangereuses. Suele decirse que el psicoanálisis fue influencia decisiva en la génesis y el desarrollo del surrealismo. Se dice eso en principio porque André Breton, fundador del movimiento, y otros surrealistas a veces lo afirmaron así. Pero también se dice que Freud y Breton nunca se entendieron y que el creador del psicoanálisis marcó distancia con la empresa surrealista, cordialmente, por la vía de la incomprensión.

El 26 de diciembre de 1932, en respuesta al envío de Los vasos comunicantes de Breton, escribía Freud al autor una carta que acababa así:
"Y ahora una confesión, ¡que debe usted acoger con tolerancia! A pesar de que recibo tantas pruebas del interés que usted y sus amigos tienen por mis investigaciones, yo mismo no soy capaz de aclararme qué es y qué quiere el surrealismo. Quizá no estoy hecho para ello, yo que estoy tan alejado del arte."  
Tal vez, como ha señalado Starobinsky, al confesar su incomprensión, Freud disimulaba la sospecha de no haber sido comprendido por los surrealistas. Es posible que -al querer inscribir su psicoanálisis en el marco de cierta cientificidad- Freud rehuyera al misticismo que impregnaba las propuestas bretonianas; pues el surrealismo, en su búsqueda de lo "real maravilloso", metía al mismo saco los fenómenos mediúmnicos, "La ciencia de los sueños" (título desafortunado de la primera traducción al francés de la Traumdeutung) o el automatismo mental de la psiquiatría jacksoniana. También, al declararse incompetente en cuestiones de arte, Freud parecía reducir el surrealismo al campo de la estética, lo que bien podía sonar a ofensa en oídos de Breton, que con su movimiento pretendía -como todas las vanguardias artísticas- borrar las fronteras entre el arte y la vida.

Sea como fuere, la precitada confesión de Freud no dejó de afectar el lugar de "Santo patrón" (según él declaró irónicamente a Stefan Zweig) que le había asignado el surrealismo. Breton no tardó en reprochar a Freud que, al remitirlo exclusivamente al pasado, negara el valor profético del sueño en el futuro inmediato (con lo que negaba, según Breton, el movimiento del deseo). Freud huía del misticismo y Breton del academicismo. De esta suerte, entre el psicoanálisis y el surrealismo hubo principalmente malentendidos.

Pero los malentendidos en el psicoanálisis, como se sabe, suelen ser fecundos, y héte aquí que alguien como Jacques Lacan sí que se entendía con los surrealistas. Tanto que su llegada al psicoanálisis no se explicaría sin sus idas y venidas por los bretes del surrealismo. Se ha dicho, también, que Lacan encontró una referencia inspiradora en el descentramiento del sujeto y la radical puesta en cuestíón del estatuto del objeto que impulsó el surrealismo. Asimismo, en la época en que Freud acusaba gélido recibo de la tesis doctoral de Lacan, Dalí la estudiaba con furor y desarrollaba a partir de ella su "método paranoico-crítico".

Se dice que a Freud le simpatizaba la histriónica locura que fingía -por ser fingidor hasta de lo verdadero (Pessoa), como poeta que era- Salvador Dalí; a quien, por cierto, gustaba mucho hacer retratos de Freud (véase la pinacoteca de este blog). Y que el pintor de exorbitados ojos aseguraba que, al realizar el último de ellos, supo que Freud no tardaría mucho en morir, porque lo vio muerto cuando le posaba, como si al pintarlo soñara y lo viera en un sueño profético, de esos a los que -según Breton- él negó existencia.

Más que de vasos comunicantes, la historia de los encuentros y desencuentros, paralelismos y entrecruzamientos que hubo entre surrealismo y psicoanálisis parece crear una suerte de gozne entre Freud y Lacan, cada uno abriéndole o cerrándole las puertas a ese real del surrealismo que estaría bien estudiar.

Copio unas entradas del Diccionario del surrealismo (1938) por divertidas, poéticas, o simplemente interesantes:

René Magritte. Retrato

ABSURDO. "... estos razonadores tan corrientes, incapaces de elevarse hasta la lógica de lo Absurdo" (Baudelaire). "... el desarreglo de la lógica hasta el absurdo, el uso del absurdo hasta la razón..." (Paul Eluard).

ALFABETO. "El alfabeto mágico, el jeroglifo misterioso sólo nos llegan incompletos y falseados, ya sea por el tiempo, ya sea por aquellos mismos que tienen interés en nuestra ignorancia; volvamos a encontrar la letra perdida o el signo borrado, recompongamos la escala disonante, y así tomaremos fuerzas en el mundo del espíritu" (Nerval)

AMOR. "El amor recíproco, el único que aquí podría interesarnos, es aquel que pone en juego la falta de costumbre en la práctica, la imaginación en la vulgaridad, la percepción del objeto interior en el objeto exterior" (André Breton y Paul Eluard). "El amor ya no pretende estar más allá del bien y del mal, sino que sencillamente, el amor hace de todo mal un bien y por lo menos un más" (René Crevel).

ANGUSTIA. Lámpara que humea con ruidos de espada.

AVIÓN. "El avion es un símbolo sexual, que sirve para ir rápidamente de Berlín a Viena" (atribuido a Freud)

AZAR. "El azar sería la forma de manifestación de la necesidad exterior que se abre un camino en el inconsciente humano" (André Breton)

COCIENTE. "Se puede expresar el paso esencial del surrealismo diciendo que consiste en calcular el cociente del incosnciente por el consciente" (Pierre Naville)

EIDÉTICA. "Término creado por E. R. Jaensch para designar una disposición a visualizar los recuerdos recientes, de modo que se proyecten exteriormente, a manera de una imagen consecutiva" (Ed. Claparède).

ENCUENTRO. "¿Cuál fue el encuentro fundamental de su vida? ¿Hasta qué punto ese encuentro le dio, le da la impresión de lo fortuito, de lo necesario? (Encuesta surrealista en Minotaure, 1933).

EROTISMO. Ceremonia fastuosa celebrada en un subterráneo.

FAMILIA. "Soy el abuelo, el padre, el suegro, el hermano, el cuñado, el yerno, la nuera, el primo, el padrino y el cura del papa actual" (André Breton y Paul Eluard).

FANTASMA. "Simulacro del volumen. Estabilidad obesa. Inmovilidad o movilidad sospechosa. Contornos afectivos. Perímeto metafísico. Hundimiento exhibicionista. Silueta fenomenal. Angustia arquitectónica. Ejemplos de fantasmas: Freud, de Chirico, Greta Garbo, la Gioconda, etc. (Salvador Dalí).

HABLAR. "Hablar por hablar es la fórmula de liberación" (Novalis).

HIMEN. "Humano". (Michel Leiris).

LENGUAJE. "Todo puede ser descrito -verbis-. Todas las actividades están o pueden estar acompañadas de palabras, como todas las representaciones pueden estar acompañadas del yo" (Novalis). "Oh, bocas, el hombre está en busca de un nuevo lenguaje, del cual el gramático de cualquier lengua no tendrá nada que decir" (Apollinaire). "Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial, necesitamos todas las palabras para volverlo real.... Las palabras ganan" (Paul Eluard).

LOCURA. "Corazón dedicado a la piedad, a las paredes de madera muerta". "Locos en olor de pensamiento" (Paul Eluard)

MADRE. "Mi madre es un trompo del cual mi padre es la cuerda" (André Breton y Paul Eluard).

NERVIOS. "Viva la gente que tiene los nervios gruesos como cables" (Lichtenberg).

NEURASTENIA. "Una palabra que no tiene verguenza, una sombra de casis entre dos ojos semejantes" (Paul Eluard).

OBJETO. "Los ready made y los ready made aidés, objetos elegidos o compuestos por Marcel Duchamp desde 1914, constituyen los primeros objetos surrealistas. André Breton, en Introduction au Discours sur le peau de realité (1924), propone fabricar y poner en circulación "ciertos objetos que sólo se perciben en sueños" (objeto onírico). En 1930, Salvador Dalí construye y define los objetos de funcionamiento simbólico (objeto que se presta a un mínimo de funcionamiento mecánico y que está basado en los fantasmas y representaciones susceptibles de ser provocados por la realización de actos inconscientes). Los objetos de funcionamiento simbólico se encararon a continuación del objeto móvil y mudo: la bola suspendida de Giacometti que reunía todos los principios esenciales de la definición anterior que aún se atenía a los medios propios a la escultura. Con la llegada del surrealismo se produce una crisis fundamental del objeto. Sólo el examen muy atento de las numerosas especulaciones a las que este objeto ha dado lugar públicamente permite comprender en todo su alcance la tentación actual del surrealismo (objeto real y virtual, objeto móvil y mudo, objeto fantasma, objeto interpretado, objeto incorporado, ser-objeto, etc.). Paralelamente, el surrealismo atrajo la atención sobre diversas categorías de objetos que existen fuera de él: objeto natural, objeto perturbado, objet trouvé, objeto matemático, objeto involuntario, etc.

Marcel Duchamp. Ready-made

PARANOIA. "Delirio de interpretación que trae consigo una estructura sistemática. //Actividad paranoico-crítica: método espontáneo de conocimiento irracional basado en la observación crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones delirantes" (Salvador Dalí).

PATAFÍSICA. "La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, que concede simbólicamente a los lineamientos de las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad" (Jarry).

PERCEPCIÓN. "Se puede afirmar la presencia o la percepción de un objeto cuando está presente y percibido, cuando está ausente y percibido, cuando no está presente ni percibido" (Pierre Quercy).

PROYECTO. "Por encima del sujeto, más allá del objeto inmediato, la ciencia moderna se funda en el proyecto. En el pensamiento científico, la meditación del objeto por el sujeto toma siempre la forma del proyecto". (Gaston Bachelard)

REPRESENTACIÓN. "Las representaciones convencionales de las fuentes geométricas de la naturaleza sólo son seductoras en función de su poder de oscurecimiento". (André Breton y Paul Eluard)

SABER. "Yo todo lo sabía, tanto he procurado leer entre arroyos de lágrimas" (Nadja).

SEXO. "El antepasado no tenía sexo aparente; a su llegada la palabra empezó a desarrollarse para alcanzar algo cuasi perfecto entre los seres de la primera formación. Esto causaba sensaciones y sorpresas. ¡Eh! ¿qué tengo? sexo. ¿Sabes lo que tengo? ¿sabes qué es? este ex, es un sexo. ¿Sabes qué es? este ex es, sexo es, este exceso. El sexo fue el primer exceso; causó y causa todos los excesos... ¿Qué tengo, qué tengo? ¿qué que tengo? queque tengo. ¿Qué tengo qué es? queque es. ¿Qué es te? Quequete. ¿Qué que tú quieres? queque tú quieres. ¿Qué tengo, qué es, que sea? ¿Qué tengo, que sexo sea? ¿kekséksa?" (J. P. Brisset).

SUEÑO. "Los hombres cuando sueñan trabajan y colaboran en los acontecimientos del universo" (Heráclito).

TÚ. "Donde no existe el tú; no hay mí, y la distinción entre el mí y el tú, el fundamento de toda personalidad y de toda consciencia, sólo se realiza de manera viviente en la diferencia entre el hombre y la mujer. El tú entre la mujer y el hombre tiene un sonido completamente diferente que el monótono tú entre amigos" (Feuerbach).

UNO. "El Uno se manifiesta tres" (Jarry).

VASO COMUNICANTE. "Todo lo que yo quiero, todo lo que pienso y siento, me inclina a una particular filosofía de la inmanencia según la cual la surrealidad estaría contenida en la realidad misma, y no sería superior ni exterior a ésta. Y recíprocamente, porque el continente sería también el contenido. Sería casi como un vaso comunicante entre el continente y el contenido" (André Breton).

YO. "Yo es otro. Si el cobre se despierta clarín no es por su culpa" (Rimbaud).

Salvador Dalí. La persistencia de la memoria (detalle)

De: André Breton, DICCIONARIO DEL SURREALISMO, Losada, 2007.

8 feb. 2010

La teoría como ficción, de Maud Mannoni

Hay en la lectura de ciertos libros la sensación de oler de cerca los fundamentos de la experiencia analítica. Son pocos, pero uno de ellos es, a no dudar, La teoría como ficción de Maud Mannoni (1979).

En cada capítulo, Mannoni aborda cuestiones tradicionalmente peliagudas; a saber, la llamada formación de analistas (aquí traza un recorrido por las viscisitudes singulares en Francia, Alemania, Argentina y Estados Unidos, con el común denominador, recuerda, de que las escisiones en las sociedades de psicoanálisis siempre han tenido relación con este punto), el análisis llamado infantil y el análisis de las llamadas psicosis (con la respectiva amenaza de pedagogización y psiquiatrización que, en cada caso, significó para el análisis abrirse a nuevas latitudes); entre otras tantas cuestiones que distan de verse resueltas.

Y no obstante, quien haga la lectura con ojos de analista acaso sienta que le recuerdan obviedades, aspectos elementales de la práctica analítica que no está de más recordar, ya que perderlos de vista es sinónimo de extravío. Por ejemplo, la antinomia existente entre el lugar del analista y la "institución analítica" (una contradicción en los términos, si las hay), la relación del analista con el saber y su lugar en la transferencia, el hecho de que el saber del cual se trata en la dirección de una cura está del lado del analizante, que -como se sabe- no sabe que sabe y encuentra en la escucha paciente del analista y sus intervenciones los medios para inventar (porque -como decía Lacan citando una máxima de Max Jacob- "lo verdadero es siempre nuevo") un saber sobre las causas de su deseo. (Un deseo a un tiempo propio y extranjero cuya verdad grita silenciosa en la envoltura significante del síntoma).

Mannoni advierte a los analistas, sobre todo, del riesgo de ensordecimiento que corre la escucha de quienes tienden a cubrir sus oídos con la cera de la teoría. Recuerda que -lejos de ser un parapeto- en Freud la doctrina podía tener estatuto de ficción o mito, incluso delirio, así como que -para él- la resistencia en el análisis provenía del analista (un decir que suele imputarse a Lacan, que también lo afirmaba), de su incapacidad para reinventarse en la singularidad de cada caso. Al del fundador del psicoanálisis se suman los nombres de Groddeck, Winnicott y Lacan (el fantasma de Ferenczi también revolotea por ahí), que prestan a la autora sus hilos para tejer un tapiz cuyo relieve muestra los elementos de subversión necesarios para que la práctica que aún hoy conocemos bajo el nombre de psicoanálisis siga siendo psicoanálisis. 

Maud Mannoni, La théorie comme fiction, Seuil, Paris, 1979, 203 pp.
 (Edición en español en Crítica, Barcelona, 1980.)

31 ene. 2010

Jacques Lacan, un psicoanalista, de Erik Porge


No soy amigo de los libros que se ofrecen como introducción a la obra de Lacan. En primer lugar, porque no creo que Lacan construyera una "obra" (palabra que designa, según el diccionario, un edificio incompleto, "en obra", o un producto artístico, literario o de pensamiento completo, acabado y cerrado, lo que en ningún caso aplica, me parece, a lo que hizo Lacan) sino más bien una enseñanza. Y no es que piense en Lacan como un pedagogo o un maestro espiritual, si bien su seminario, como se recordará, abre con una alusión al acto del maestro Zen. En segundo lugar, no soy amigo de esa clase de libros porque desde que decidí acometer la imposible tarea de leer a Lacan no hacían más que confundirme más. Algunos por hallarlos más alambicados y plenos de hermetismo que los textos lacanianos (el de Joel Dor, por ejemplo, o el de Mikkel Borch-Jacobsen, de quien luego leí artículos buenísimos, de antes de que cambiase de bando, claro, si bien ya algo demasiado coquetos con la filosofía) y otros porque, en su aparente sencillez y su espíritu didáctico, me resultaban sospechosos de engaño, esquematismo y reduccionismo (como el de Jean-Baptiste Fages, cuyo enojoso título "Para comprender a Lacan" (Comprendre Lacan) anuncia en portada el timo de su contenido. Como si Lacan, más allá de definirse como "un traumatizado del malentendido", hubiera pretendido ser comprendido;  ¡mon Dieu!)

Pero un día encontré un libro del que podía decir vaya, he aquí una estupenda introducción a la lectura de Lacan. No sé si es porque, cuando lo leí, ya llevaba yo varios años dándome de topes -comme il faut- con los textos de Lacan; pero tuve la sensación de que alguien entraba ahí a las cosas de un modo en que la claridad no escamoteaba la complejidad y - lo más importante- donde el rigor del abordaje teórico no estaba desprovisto del sentido clínico que caracterizó la enseñanza de Lacan. Es decir que alguien ahí rizaba el rizo convenientemente y a su estilo, como lo hizo el mismo Lacan de manera inigualable. Por eso, siempre que alguien me pregunta al respecto (y ya sé que aquí nadie lo hace, pero hice este blog para algo) no dudo en decir que quien quiera leer una buena introducción a las elaboraciones conceptuales de Lacan se remita a Jacques Lacan, un psicoanalista, este libro de Erik Porge.

Sólo le falta, en mi opinión, haber dado más lugar a la topología. Habrá que conformarse aquí también, ni modo, con aproximarse a un consabido no-todo. O mejor: habrá que seguir haciéndose nudos... Habrá que seguir cortando superficies hasta hacerlas rizos de papel...

Y por favor (aprovecho la entrada para decirlo de una vez), ¡que nadie empiece por los libros de Žižek!

E. Porge, Jacques Lacan, un psicoanalista, Síntesis, Barcelona, 2001, 352 pp.

28 ene. 2010

J. D. Salinger (1919-2010)

El día de ayer, a la edad de 91 años, murió el escritor Jerome David Salinger. Murió, según parece, de la causa que deseó como destino a unos primerizos cuentos suyos, robados y publicados clandestinamente en 1974: "Los escribí hace un tiempo ya, y no tenía ninguna intención de publicarlos. Quisiera que murieran de muerte natural", declaró en relación a ellos, en una de las rarísimas entrevistas que concedió en su vida. Después del gran éxito de su novela "El guardián entre el centeno" (The Catcher in the Rye), Salinger decidió apartarse de la vida pública en 1951, rehuía de la celebridad, evitaba a toda costa ser entrevistado y retratado (una de sus últimas fotografías lo muestra a punto de golpear al fotógrafo, o bien, a punto de hacerle una seña obscena) y, si decía escribir mucho -para sí mismo y por puro placer- publicaba más bien poco, casi nada. "Considero bastante subversivo el hecho de que el sentimiento de anonimato-oscuridad es la segunda propiedad de más valor que un escritor pueda tener en sus años de trabajo", llegó a escribir. Ignoro si especificó cuál sería la primera, lo cierto es que todo ello no hizo sino rodear sus libros de un halo de misterio que contribuyó a afincar su fama de escritor secreto, de autor de culto (en tiempos en los que -a diferencia de ahora- no todo era objeto de culto). Dado el perfil que tienen los protagonistas de sus historias: jóvenes viviendo "al límite", de la sociedad y sus márgenes, del mundo adulto y la infancia, de la cordura y la locura, su obra no escapó a la tri(s)tura-ción de las  fauces del "psicoanálisis aplicado" (los curiosos, echen un ojo aquí, los morbosos aquí). Más interesante es señalar, por ejemplo, que  "El guardián entre el centeno" no dejó indiferente a una lectora como Anna Freud, y que la presencia del psicoanálisis (o lo que él entendía por eso) dejó una huella no desdeñable, incluso una impronta importante (como el propio J. D. Salinger lo dejó en claro) en las obras de este escritor norteamericano. De su novela Franny & Zooey copio la siguiente cita:
-No sé -dijo [Zooey]-. Me parece que debe de haber un psicoanalista escondido en alguna parte que podría ayudar a Franny..., lo pensé anoche -hizo una ligera mueca-. Pero yo no conozco a ninguno. Para que un psicoanalista le sirviera de algo a Franny, tendría que ser un tipo muy especial. No sé. Tendría que creer que si tuvo la inspiración de estudiar psicoanálisis fue por la gracia de Dios. Tendría que creer que si no le atropelló un maldito camión antes de que obtuviera su licencia para ejercer, fue por la gracia de Dios. Tendría que creer que si posee la inteligencia natural que le permite ayudar en algo a sus malditos pacientes es por la gracia de Dios. No conozco a ningún buen analista que piense nada parecido. Pero ése es el único tipo de psicoanalista que podría servirle a Franny. Si da con alguien terriblemente freudiano, o terriblemente ecléctico, o sólo terriblemente mediocre, alguien que ni siquiera sienta una absurda y misteriosa gratitud por poseer intuición e inteligencia..., saldrá del análisis en peor estado que Seymour. Me preocupa horrores pensar en eso...

R.I.P.J.D.S.

Robert Burton. Anatomía de la melancolía


La melancolía anda de capa caída. Hoy casi nadie habla de ella (so pena de usar un lenguaje afectado) y sus símbolos seglares tienden a ocultarse en los engañosos vapores de la "depresión". La melancolía padece una suerte de decadencia que me hace sentir melancólico. Melancolía de la melancolía, eso tengo. (Pero no sería melancolía si supiera bien a bien por qué o de qué de ella). Para aliviarla, me he puesto a escribir esta entrada sobre Robert Burton.

 La elegancia de su estilo -de franco tono subjetivo- y su vasta erudición le ganaron el mote de "Montaigne inglés", pero él prefirió llamarse -en honor al filósofo emblema de la locura melancólica- "Demócrito Junior", pseudónimo con el cual públicó la obra que le dio posteridad.

Nacido en la ciudad de Lindley Inglaterra, en 1577, Burton dedicó su vida a una única tarea: curar su pertinaz melancolía. Con ese objetivo se dedicó a estudiar a fondo este mal que, en sus tiempos, gozaba de cierto prestigio. (Por extraño que parezca, podría incluso decirse que estaba en boga, que el semblante melancólico tenía el estatuto de un signo de distinción. Basta recordar el teatro de Shakespeare -Hamlet en primer término- o la música de Jenkins y las canciones de Dowland para darse una idea del puesto central que, al menos en el terreno del arte, tenía la melancolía en la Inglaterra barroca). En 1621, Burton publicó por primera vez The Anatomy of Melancholy, what it is. With all the Kinds Causes, Symptomes, Prognostiches and Several Causes of it. La obra constituía una auténtica summa de conocimientos recogidos a lo largo de los siglos sobre la melancolía, mal que los griegos habían conocido como efecto de la bilis negra (melaina kohlé). Burton, sin embargo, se distinguió de los estudiosos que le precedieron -eso decía él- en el hecho de que él mismo fue víctima del padecimiento que investigaba: "Ellos adquieron su saber en libros, y yo en la enfermedad (...) Lo que los demás han leído u oído, yo lo he sufrido y practicado por mí mismo".

Más que un remedio homeopático, estudiar la melancolía para librarse de ella parece un método de inspiración estoica. A través de las más de mil páginas del libro (construido en segmentos, como una auténtica anatomía) contempla, entre otras más, la locura, el frenesí místico, la licantropía, la hidrofobia, el amor y la influencia de Dios, los planetas y los alimentos como posibles causas de la posición melancólica.

Un grabado hecho para la tercera edición, de 1628, muestra el retrato de Burton debajo del título y de la imagen de su predecesor, Demócrito de Abdera, figuras de las formas que asume la melancolía (el enamorado, el hipocondríaco, el maníaco o superstitiosus, el monje que reza el rosario), así como dos causas del temperamento melancólico (la zelotypia o envidia y la soledad) y dos antídotos (borraja y eléboro). Además de sangrías y purgaciones, Burton recomendaba contra el saturnismo la pócima que él mismo experimentó: los buenos libros. Pero lo cierto es que, en el suyo, Burton no atinó a concluir si el estudio era remedio o más bien causa de la melancolía.

A fin de cuentas un lector, lo mismo que un melancólico, es alguien que vive -transitoria o permanentemente- exiliado del mundo. (De nuevo Hamlet).

Bajo riesgo de suscitar algún spleen, ofrezco a continuación unos fragmentos de la Anatomía de la melancolía:



Definición y naturaleza de la melancolía

La melancolía ha recibido tal nombre de la causa material de la enfermedad que, como observa Bruel, es Melankolia, muy semejante a Melaina Kolh, o sea bilis negra. Si se trata efectivamente de una causa o un efecto, de una enfermedad o de un síntoma, es cosa que discuten Donato Altomare y Salviano, A sus opiniones respectivas remito al lector, pues yo no deseo tomar parte en la discusión (...).

(...) Según la definición corriente, es una especie de debilidad mental y delirio sin fiebre, acompañada de temor y tristeza sin causa aparente.. (...) los caracteres que la distinguen de la demencia son: el temor y la tristeza, y lo que la diferencia de otras afecciones comunes en que también existen el miedo y la aflicción, es que éstos aparecen sin causa (...) El temor y la tristeza son los verdaderos y constantes caracteres de la mayoría de los melancólicos, pero no de todos (...). Algunos melancólicos se distinguen por su buen talante, otros por su atrevimiento, y los hay que no manifiestan ninguna forma de temor o pesadumbre.

Hallo bastante diferencia de opiniones entre los tratadistas en lo referente a la principal parte del organismo que es afectada por la enfermedad que nos ocupa: ya el cerebro, ya el corazón u otros órganos (...). Dado que se trata de una clase de debilidad mental, debe necesariamente afectar el cerebro, pero no radicar en los ventrículos ni en alguna obstrucción de los mismos, ya que entonces coincidiría con la apoplejía o la epilepsia (...). Pero dado que esta enfermedad es causada ante todo por la imaginación, es necesariamente el cerebro el órgano más afectado en primer término y, en segundo lugar, el corazón (...).

(...) Así como los climas excesivamente frios o cálidos tienen un influencia directa en la vida del hombre, así también la melancolía de los padres influye en el caracter de los hijos (...). Es un mal propio de ambos sexos, aunque más frecuente en los hombres. En la mujer causa, sin embargo, trastornos mucho más violentos y graves. De las estaciones del año, es el otoño el más propicio a la melancolía. En cuanto a las edades, es la vejez la que casi siempre tiene a la melancolía natural por inseparable compañera y accidente. Pero la melancolía que llamaremos adquirida, para diferenciarla de la natural, es más frecuente hacia los cuarenta años, según suponen muchos (...).

(...) La melancolía puede ser el resultado de una predisposición orgánica o de un hábito. En el primer caso tiene caracter pasajero y se manifiesta cuando el individuo que la sufre experimenta tristeza, inquietud, temor, pesadumbre; cuando es víctima de alguna pasión o en el caso de perturbaciones mentales, descontento o cualquier sensasción que sea causa de angustia, torpeza, lanquidez, irritación, etc. Hablando en términos negativos, es todo lo contrario de la dicha o satisfacción, de la alegría y del deleite, Me refiero, en suma, a sentimientos que causan disgusto o adversión y lo que llamamos mal genio.

Erróneamente y en sentido impropio solemos dar el nombre de melancolía a la tristeza, al mal humor o, simplemente a la cachaza. Hemos dicho que la melancolía se manifiesta en la tristeza, pero no por ello se ha de confundir aquella con ésta. De tales predisposiciones a la melancolía nadie está libre en absoluto, ni aún el estoico, el sabio, el dichoso, el sufrido, el piadoso o el representante de Dios. Todos llegan a sentir estos malestares, en mayor o menor grado, durante periodos mas o menos largos. Si diéramos al concepto en cuestión tal significado, deberiamos llegar a la conclusión que la melancolía es el carácter inalienable de todo mortal.

Formas de la melancolía

(...) la más admitida es la división en tres clases. La primera es causada sólo por trastornos cerebrales y recibe el nombre de melancolía mental. La segunda, relacionada con el gran simpático, se origina de todo el cuerpo y ocurre cuando el temperamento es exclusivamente melancólico. La tercera tiene su principio en los intestinos, el hígado, el bazo o el mesenterio y es la llamada melancolía hipocondriaca o ventosa (...). Confieso que es asunto difícil distinguir una de otra las tres especies precitadas y establecer sus distintas causas, síntomas y remedios (...). Con las especies de melancolía ocurre lo que con las formas de gobierno, como la república, la monarquía, la aristocracia, la democracia, que teóricamente son puras y distintas pero en la práctica aparecen combinadas.

(...) Otra causa interna e innata de la melancolía la representa el temperamento que cada cual hereda, íntegra o parcialmente, de sus padres (...). Lo más extraño es que en algunas familias la melancolía no se trasmite directamente de padres a hijos sino con solución de continuidad (del abuelo al nieto), y no siempre se reproduce la misma enfermedad sino una semejante (saepe noneundem, sed similem producit effectum) (...) (...) Después de haber expuesto las causas secundarias y congénitas de la melancolía, debo tratar de las externas y adventicias, independientes del nacimiento por ser posteriores al mismo. Estas causas han sido divididas en necesarias y contingentes. Las necesarias -que no podemos evitar y que dañan el organismo por razones de uso o abuso- son las seis cosas contrarias a la naturaleza de que hablan los médicos con tanta frecuencia y a la vez las causas principales de la enfermedad que nos interesa (...). Las seis cosas en que pouede pecarse contra la naturaleza son: la alimentación, la retención y la evacuación, el aire, el ejercicio, el sueño y la vigilia y las perturbaciones de la mente (...).

(...) Pariente cercano (o más bien hermano) de la aflicción es el miedo, que suele acompañarla o bien ser la causa principal de la melancolía: es asimismo causa y síntoma a la vez (...). El miedo traba la voz y embota la memoria (...). A muchas personas el miedo les impide realizar las tareas o iniciativas mas dignas y, debido a la misma causa, sienten dolor, tristeza y opresión del corazón (...). El que vive atemorizado no es dueño de sus actos y no conoce la alegría; de ahí su indecisión y su continua sensación de angustia (...). El miedo que sienten muchos es causado por la visión anticipada de hechos futuros referentes al propio destino (...). La vergüenza y el infortunio causan igualmente pasiones violentas y cruel tormento (...).

Otras causas de las melancolía son: la vejez, el factor hereditario, la retención y evacuación anormales de los humores del cuerpo (la amenorrea en la mujer), la supresión o abuso de la función sexual, el sueño antihigiénico, el insomnio, la envidia, la malicia, el odio, la rivalidad, la ira, los disgustos, los deseos inmoderados, como la ambición y la codicia; la pasión del juego y de las diversiones sin medida, la egolatría, la vanagloria, el ansia de fama y honores, el orgullo, la alegía excesiva, el estudio convertido en pasión absorbente. Tales son las causas necesarias. Otras deben considerarse contingentes y accidentales: la educación deficiente, la aprensión originada por objetos terroríficos vistos o referidos por otros; el escarnio y la calumnia en cuanto amargan a sus víctimas: la esclavitud y la servidumbre; la pobreza y las privaciones; las desgracias de familia (...).

Síntomas de la melancolía

(...) por razones de método y en forma esquemática, podemos agrupar todos los síntomas en dos clases: corporales y mentales (...). Tales enfermos son generalmente de carácter hosco, de aspecto tétrico y poco agradable, a causa de sus temores, pesares, torpeza y lasitud. Demuestran ineptitud en la realización de cualquier tarea o en el ejercicio de alguna profesión. Sin embargo, su memoria es buena por lo común; suelen tener agudo ingenio y gran perspicacia. La naturaleza cálida y seca de su cerebro explica que el sueño sea anormal y pasen muchas noches en vela, a veces durante un mes y no raramente todo el año (...). Su pulso es lento, excepto el de las carótidas, que es muy violento, aunque varía según la intensidad de sus afectaciones o perturbaciones (...) a decir verdad, tratándose de la melancolía y de las enfermedades crónicas en general, no cabe conceder gran importancia al pulso (...). Otros síntomas son la dificultad respiratoria y el exceso de secreción gástrica. Si el corazón, el cerebro, el hígado y el bazo están afectados, como es lo común, se originan muchas afecciones y malestares, pesadillas, epilepsia, mareos, insomnio, accesos súbitos de risa o llanto, sollozos y suspiros, rubor, sentimiento de timidez y vergüenza, etc. (...). En cuanto a síntomas mentales (...) llegan a imaginarse, por ejemplo, que están hechos de vidrio y temen que alguien se acerque y pueda quebrar su nueva materia corpórea; o se han convertido en corcho y su peso va disminuyendo hasta hacerse livianos como plumas (...). Algunos se horrorizan ante el pensamiento de que su cabeza se separará del tronco y caerá sobre sus hombros (...) los hay que sienten la obsesión de que se les crían ranas en el vientre (...). El melancólico medroso asegurará que nadie sufre tanto como él o que no hay afección tan grave como la suya (...). Sienten disgusto de todas las cosas y un tedio invencible, el toedium vitae de los latinos, pues el vivir les causa fastidio y conciben ideas de violencia contra su propia integridad corporal.

Curación de la melancolía

(...) Aunque la melancolía crónica es difícil de curar, muchas veces puede aliviársela aun cuando se presente con intensidad y violencia. Es preciso, pues, no desesperar y tener mucha constancia (...). Creo que los remedios, métodos y sistemas curativos pueden reducirse a tres clases: la dietética o alimentación, los medicamentos terapéuticos y la cirugía

(De: ANATOMÍA DE LA MELANCOLÍA, Espasa-Calpe, col. Austral, 1947)