18 sept. 2011

Lacan lector de Schreber, sus "misreadings"

Releyendo este domingo unos capítulos de El escritorio de Lacan, de Jorge Baños Orellana, llamó mi atención la referencia a un artículo de Carlos Faig que puntualiza unos curiosos olvidos y misreadings en los que Lacan incurrió al leer las memorias del presidente Schreber. Felizmente lo he encontrado en la red; y ahora, para los lectores del blog, pongo abajo (hasta abajo, no sea que no lean mi nota) el enlace al breve artículo.
Sabido es que Lacan tergiversaba con frecuencia el decir de los autores de los que hablaba y escribía (esto es trabajado con agudeza en la obra de Baños Orellana), y que -si de textos se trataba- llevaba a su molino el agua que le servía y dejaba correr la que no había de beber. Muy pero muy de prisa, simplificando en exceso y muy groseramente la relación Freud/Lacan, podría decirse que Lacan fue ante todo un gran tergiversador de Freud. Pero también lo fue de Saussure, Aristóteles, Peirce, San Agustín, HeideggerJoyce y un largo, larguísimo etcétera. Lo que no significa, en ningún momento, que a varios de los citados no los haya leído "bien", incluso "a fondo" (incluso -como en el caso de Freud- "a la letra"). ¿Por qué, entonces, no iba a leer "a su manera" al presidente Schreber? Ante el hallazgo de un misreading en los textos lacanianos, un lector lego -si está en buen son- podría decir: "¡No entendió nada este Lacan, pero qué genial interpretación! (Me ha tocado escucharlo.) Los lectores mala leche, en cambio, podrían tomarlo de estandarte e incluirlo en el primer capítulo de un libro titulado Imposturas intelectuales. Ciertamente, si los críticos que se afanan en demostrar que Lacan era un "charlacan" de verdad lo leyeran, encontrarían mucha tela para cortar. Pero eso les llevaría muchos años.
Si bien no todas las tergiversaciones tienen el lugar de un misreading (también había lapsus, olvidos, simples equivocaciones), para los analistas el estilo con el que Lacan leía no puede resultar tan sorprendente; pues se sabe que -cuando de psicoanálisis se trata- las cosas sólo funcionan si el método freudiano se adapta a las singularidades que requiere cada análisis (la "elasticidad de la técnica", que decía Ferenczi). Cada análisis deviene así una potencial máquina de hacer ficción, "novela familiar", "mito individual". (¿Y es que no hay algo de lectura en la acción del analista?). Los "errores" de Lacan en su lectura de Schreber no invalidan los desarrollos doctrinarios que elaboró a partir de ella. (La flaqueza de un concepto como Forclusión del Nombre del Padre hay que buscarla en "otras voces, otros ámbitos".) ¿Quién, desde el psicoanálisis (o sea, nadie en su "sano juicio") se animaría hoy a cuestionar las tesis de Freud sobre la sexualidad infantil debido a los baches (histórico-biográficos, errores de traducción, etc.) en los que tropezó su estudio sobre Leonardo? Al menos, me parece, no se haría a partir de ellos.
Lacan, quien se decía un traumatizado del malentendido puso su grano de arena en dicho trauma. Lacan, que advertía no decir toda la verdad porque ésta no puede decirse toda, también nos decía que la verdad está estructurada como una ficción. A este respecto, conviene recordar también a Maud Mannoni, que afirmaba, en un bello libro, que el verdadero estatuto de la teoría en el psicoanálisis no es otro que el de la ficción; la cual no se opone -como se piensa con frecuencia- a la "realidad objetiva", sino que más bien constituye su muy particular elaboración. A esta operación subjetiva, a veces, Freud la llamó fantasía, a veces delirio.



Para leer el artículo de Carlos Faig, "Schreber de memoria" (publicado originalmente en Bs. Aires en 1989), click aquí.