27 may. 2010

Pornotopía, de Beatriz Preciado


Luego de Testo Yonqui (Espasa Calpe, 2008), canto autofictivo a la testosterona como droga y verdadero entronamiento del falo como eje de la cultura (un texto fascinante*, si los hay, a pesar de sus críticas algo punks al psicoanálisis y más de un contrasentido irresoluble), Beatriz Preciado vuelve a la escena editorial con un libro que estudia la manera en que Playboy, el imperio de Hugh Hefner, se convirtió en plena guerra fría en piedra angular del "capitalismo farmacopornográfico". Según las tesis de la autora, la era farmacopornográfica en la que vivimos se caracteriza por la producción de subjetividades dominadas por una cultura de consumo y la búsqueda de placer sexual, las cuales son efecto de la puesta en funcionamiento de auténticos dispositivos de control y regulación del cuerpo humano.

Así Preciado asegura que -lejos de ser una mera revista "para caballeros"- Playboy constituye un proyecto arquitectónico de amplias proporciones (piénsese en las célebres mansiones diseñadas por Hefner para albergar a sus conejitas) cuyo objetivo final fue desplazar a la "casa heterosexual" como centro de consumo y reproducción proponiendo nuevos espacios de producción de placer. "Yo creo que Playboy es para la filosofía política contemporánea lo que la máquina de vapor fue para Marx", declaró en una entrevista, "un modelo de producción económica y cultural imprescindible para pensar las mutaciones que tienen lugar en la segunda mitad del siglo XX".


Preciado, fotografiada por Lydia Lunch

Después de leer los trabajos de Preciado no es posible oír un concepto como identidad sexual sin recordar a Baudelaire, cuando decía que, si se ponen juntas, ciertas palabras aúllan. Eso es filosofía política.

Se puede leer un fragmento en línea aquí.


El magnate, su famosa bata y sus chicas

 *  Más que nunca en el sentido que tiene la etimología latina: fascinus = falo