17 may. 2012

Alain Badiou, su teoría del sujeto y Lacan

"Mientras más poesía lee uno, menos tolerante se vuelve a cualquier forma de verbosidad, ya sea en el discurso político o filosófico, en historia, estudios sociales o en el arte de la ficción".
Joseph Brodsky

Alain Badiou es sin duda uno de los pensadores que ha llevado con mayor fortuna provecho las aguas de la enseñanza lacaniana al molino de sus elaboraciones teóricas. La semana pasada el diario argentino Página 12 publicó un pequeño texto donde de un modo autobiográfico Badiou ofrece un breve recuento de su andar por ese río que mezcla las aguas de la vida y la teoría, y en el que dedica a su relación con la obra de Lacan unas palabras que encontré propicias para situar unas diferencias entre la teoría del sujeto que plantea Badiou y la del propio Lacan. Aquí van:
Lacan me enseñó la conexión, el lazo necesario entre una teoría de los sujetos y una teoría de las formas. Me enseñó cómo y por qué el pensamiento sobre el sujeto, que había sido opuesto a menudo a la teoría de las formas, no era en realidad inteligible más que en el marco de esa teoría. Me enseñó que el sujeto es una pregunta que no es en absoluto de carácter psicológico ni fenomenológico, sino que es una pregunta axiomática y formal. ¡Más que toda otra pregunta! 
Cabe creer que con "teoría de las formas" Badiou se refiere a las formas platónicas. Pero en todo caso, y en buen discurso filosófico, tales formas presuponen sustancias. Son sustancias. La teoría del sujeto en Lacan, -y de manera clara a partir del momento en que define al sujeto como "lo que un significante representa para otro significante" (1963)- vincula al sujeto a una forma, sí, pero no en un sentido platónico, pues se trata de una forma sin sustancia. Incluso si Lacan habla del "ser del sujeto", no habría allí una ontología, menos una ontología sensible a la política y la antropología, como podría ser quizá el ámbito en el que se despliegan las indagaciones de Badiou. Más adelante sigue:
 Lacan era para mí una prosa; seguí poco los seminarios. Era una prosa teórica, un estilo que combinaba, justamente en la prosa misma, los recursos del formalismo y los recursos de mi único y verdadero maestro en materia de poemas, que era Mallarmé. Esta conjunción en la prosa, esta posibilidad de la conjunción del formalismo de un lado (el matema) y del otro la sinuosidad mallarmeana me convenció de que se podía, en materia de teoría del sujeto, circular entre el poema y la formalización.
 Si puede ser cierto que entre matema y poema el estilo de Lacan iba y venía, si uno se atuviera a los Escritos quedan fuera ciertos enunciados de pasaje que, en su elaboración sucesiva y gradual, hilvanaron el discurso de Lacan con las cuestiones más atinentes a la práctica analítica (donde -¿no está de más decirlo?- nada tiene un carácter axiomático). Fuera queda el sujeto como efecto de corte ("El deseo y su interpretación"), fuera el sujeto causado por un objeto que no es sino la imagen de una nada ("La angustia"), por ejemplo. ¿O alguien ha visto pulular a este sujeto en los Escritos? Sin la lectura de los seminarios, ciertamente para algunos, es posible que los enunciados de Lacan quedasen reducidos a una "prosa teórica". Eso depende de los ojos que los recorran. No veo problema en ello, si se tiene en cuenta que el discurso analítico no es -ni será jamás- una filosofía. A veces no viene mal invitar a Perogrullo a recordarnos algo: la teoría del sujeto de Badiou (et. al.) es filosofía, la de Lacan no. Si no me creen, lean a Badiou (con todo y sus matemas): 


Alain Badiou - Teoría del Sujeto