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3 may 2012

Lacan y los surrealismos (seminario)




Seminario de Jorge Baños Orellana
Viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de mayo
Museo Casa de León Trotsky
Av. Río Churubusco 410, Colonia del Carmen, Coyoacán
Argumento:
Se insiste con que, sin el surrealismo, el psicoanálisis lacaniano nunca habría llegado a ser
lo que es. De acuerdo, ¿pero hasta qué punto y de qué surrealismo estamos hablando?
Porque las divisiones internas del surrealismo son su marca de nacimiento. Al respecto,
Jacques Lacan conservaba la amistad con Breton aunque almorzaba regularmente con
Bataille; se citaba con Dalí aunque era de la corte de Picasso; recomendaba a Caillois
aunque también lo fustigaba; sacaba partido de la antropología fantasmal de Leiris aunque
parecía más próximo a Lévi-Strauss; se inspiraba en textos automáticos aunque también
señalaba su miseria; y es tan cierto que participó de la reclusión psiquiátrica de Artaud
como que fue él quien rescató a Dora Maar de los electrochoques de la clínica Sainte-Anne.
Y la lista sigue.
Es hora de comenzar a poner en foco esta relación aparentemente borrosa de Lacan con los muchos surrealismos, precisando cuáles consecuencias habría o no tenido para él en tanto psicoanalista. Y para evitar la trampa más común, adoptaremos la precaución de no soslayar una dificultad agregada: la añadida por testimonios de que los protagonistas del surrealismo dividido no permanecieron tiesos. Ellos no jugaron, para nuestra comodidad, siempre la misma partida; ni tampoco, hay que decirlo, Lacan permaneció siempre en la senda de los primeros pasos. 
Al respecto, 1938 fue un año elocuente.
La agitación comienza el mes de enero, en París, con la inauguración de la Exposición
Internacional Surrealista (hecha para responder a la exposición nazi de “El arte
degenerado” realizada en Munich) y los siguientes meses serán el marco de una
consolidación simultánea y extrema de prácticamente todas las fracciones del movimiento:
Breton escribe con Trotsky el “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”;
Caillois lee “Viento de invierno”; Bataille, “El aprendiz de brujo”; Leiris corrige La edad
del hombre; el Guernica peregrina por ocho ciudades europeas; Artaud publica El teatro y
su doble. Por su parte, Lacan entrega el fascículo La familia, condensando las conclusiones
de la primera época. 1938 marca, así, una innegable línea de llegada, lo que no impide
que, retroactivamente, lo tomemos también como el año del punto de inflexión; porque la
Segunda guerra mundial estalla y, a su término, nadie vuelve a ser el mismo.
Los pormenores del antes, el durante y el después de 1938 serán, por eso, el eje ordenador
de este seminario psicoanalítico a propósito de los surrealismos de Jacques Lacan.


BIBLIOGRAFÍA :
Jacques Lacan: [1931], “Estructura de las psicosis paranoicas”, en El analiticón: clínica
psicoanalítica de las psicosis, n°4, Barcelona, 1987, pp. 5-20. Original: “Structure des
psychoses paranoïaques”, Semaine des Hôpitaux de Paris, n° 14, juillet 1931, p.
440. En http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-07-07.doc
[1931] con Joseph Lévy-Valensi y Pierre Migault, “Écrits inspirés :
schizographie”, Annales Médico-Psychologiques, en 11 de noviembre 1931 t. II, p. 520.
Incluido como anexo en De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la
personnalité, Paris, Seuil, 1975.
También en: http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-11-12a.doc
[1932] De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, tr. Antonio
Alatorre, México, Siglo xxi, 1976.
[1957], “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, en Escritos 1,
siglo XXI, México D.F:.
André Breton[1928/62], Nadja, ed. Joaquin Mortiz, México, 1967.
[1930], “Segundo Manifiesto”, incluido en Manifiestos del surrealismo, tr. Andrés Bosh,
Barcelona, Labor, 1992.
[1930] con Paul Eluard, La inmaculada concepción, ed. de la Flor, Buenos Aires, 1972.
[1952] Conversaciones (1913-1952), FCE, México D.F., 1987.
Otros:
Danielle ARNOUX [1993], “La ruptura entre Jacques Lacan y Gäetan Gatian de Clérambault
», rev. Litoral n°16: Antecedentes lacanianos, tr. Federido Höller, Córdoba, Argentina, abril
de 1994.
Antonin ARTAUD [1947], Van Gogh, el suicidado por la sociedad, Argonauta, Buenos Aires,
2007
Alice MAHON [2005], Surrealismo, eros y política, 1938-1968, Alianza, Madrid, 2009.
Gabriel MERAZ-ARRIOLA, “La escritura de un cuerpo imposible: Antonin Artaud”, en
rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Juan TOVAR, “La obra soñada”, en rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Inscripciones:
Las inscripciones sólo se efectuarán con los inscriptores, ya que el Museo no permite que se
efectúen en el lugar. El costo de la misma es de $1.000 hasta el primero de abril. Luego,
hasta el 3 de mayo, será de $1.300
Beatriz Aguad, aguad@cablevision.net.mx
Pola Mejía, tepoztlan.pola@gmail.com
Gena Riccio,  genariccio@prodigy.net.mx

18 sept 2011

Lacan lector de Schreber, sus "misreadings"

Releyendo este domingo unos capítulos de El escritorio de Lacan, de Jorge Baños Orellana, llamó mi atención la referencia a un artículo de Carlos Faig que puntualiza unos curiosos olvidos y misreadings en los que Lacan incurrió al leer las memorias del presidente Schreber. Felizmente lo he encontrado en la red; y ahora, para los lectores del blog, pongo abajo (hasta abajo, no sea que no lean mi nota) el enlace al breve artículo.
Sabido es que Lacan tergiversaba con frecuencia el decir de los autores de los que hablaba y escribía (esto es trabajado con agudeza en la obra de Baños Orellana), y que -si de textos se trataba- llevaba a su molino el agua que le servía y dejaba correr la que no había de beber. Muy pero muy de prisa, simplificando en exceso y muy groseramente la relación Freud/Lacan, podría decirse que Lacan fue ante todo un gran tergiversador de Freud. Pero también lo fue de Saussure, Aristóteles, Peirce, San Agustín, HeideggerJoyce y un largo, larguísimo etcétera. Lo que no significa, en ningún momento, que a varios de los citados no los haya leído "bien", incluso "a fondo" (incluso -como en el caso de Freud- "a la letra"). ¿Por qué, entonces, no iba a leer "a su manera" al presidente Schreber? Ante el hallazgo de un misreading en los textos lacanianos, un lector lego -si está en buen son- podría decir: "¡No entendió nada este Lacan, pero qué genial interpretación! (Me ha tocado escucharlo.) Los lectores mala leche, en cambio, podrían tomarlo de estandarte e incluirlo en el primer capítulo de un libro titulado Imposturas intelectuales. Ciertamente, si los críticos que se afanan en demostrar que Lacan era un "charlacan" de verdad lo leyeran, encontrarían mucha tela para cortar. Pero eso les llevaría muchos años.
Si bien no todas las tergiversaciones tienen el lugar de un misreading (también había lapsus, olvidos, simples equivocaciones), para los analistas el estilo con el que Lacan leía no puede resultar tan sorprendente; pues se sabe que -cuando de psicoanálisis se trata- las cosas sólo funcionan si el método freudiano se adapta a las singularidades que requiere cada análisis (la "elasticidad de la técnica", que decía Ferenczi). Cada análisis deviene así una potencial máquina de hacer ficción, "novela familiar", "mito individual". (¿Y es que no hay algo de lectura en la acción del analista?). Los "errores" de Lacan en su lectura de Schreber no invalidan los desarrollos doctrinarios que elaboró a partir de ella. (La flaqueza de un concepto como Forclusión del Nombre del Padre hay que buscarla en "otras voces, otros ámbitos".) ¿Quién, desde el psicoanálisis (o sea, nadie en su "sano juicio") se animaría hoy a cuestionar las tesis de Freud sobre la sexualidad infantil debido a los baches (histórico-biográficos, errores de traducción, etc.) en los que tropezó su estudio sobre Leonardo? Al menos, me parece, no se haría a partir de ellos.
Lacan, quien se decía un traumatizado del malentendido puso su grano de arena en dicho trauma. Lacan, que advertía no decir toda la verdad porque ésta no puede decirse toda, también nos decía que la verdad está estructurada como una ficción. A este respecto, conviene recordar también a Maud Mannoni, que afirmaba, en un bello libro, que el verdadero estatuto de la teoría en el psicoanálisis no es otro que el de la ficción; la cual no se opone -como se piensa con frecuencia- a la "realidad objetiva", sino que más bien constituye su muy particular elaboración. A esta operación subjetiva, a veces, Freud la llamó fantasía, a veces delirio.



Para leer el artículo de Carlos Faig, "Schreber de memoria" (publicado originalmente en Bs. Aires en 1989), click aquí.