30 dic. 2009

Edipo revisitado


Aun si lo trágico se ha vuelto cotidiano (o tal vez por eso mismo) los mitos griegos (mutatis mutandis, y con perdón de Artaud) no han perdido su fuerza evocadora. Aquí una versión en corto animado del clásico de Sófocles.

28 dic. 2009

Sándor Ferenczi, Sigmund Freud. Sobre la cabeza de Medusa

Ciertas imágenes de la Medusa me han traído a la memoria sendos breves artículos de Ferenczi y Freud. Los copio aquí porque son una bella muestra del tiempo en que los analistas acudían a los mitos para elaborar el saber doctrinario que daba cuenta de su praxis. En este sentido, en su brevedad, no han perdido su virtud orientadora. La cabeza de Medusa vista como metáfora del "complejo de castración" ilustra, entre otras cosas, el parentesco originario entre el deseo y la angustia, entre la ausencia imaginaria del falo (o la real del pene) y su proliferación en lo simbólico; cuestiones sin duda a considerar para el estudio de la subjetividad en el siglo XXI y sus metamorfosis: las formas inéditas de sexuación (y, por ende, de subjetivación) que sugieren acaso nuevos mitos que la ciencia ha hecho realidad.


SOBRE EL SIMBOLISMO DE LA CABEZA DE MEDUSA (1922)

En el análisis de los sueños y fantasías, me he encontrado repetidamente con la circunstancia de que la cabeza de la Medusa es el símbolo terrible de la región genital femenina, cuyos detalles se desplazan "de abajo hacia arriba". Las muchas serpientes que rodean la cabeza deben significar -en su representación por lo opuesto- la ausencia de pene, y el espectro mismo es la terrorífica impresión causada en el niño por los genitales sin pene (castración). Los espantables ojos de la cabeza de la Medusa tienen también el significado secundario de erección.

(De. Sándor Ferenczi, TEORIA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS, Lumen-Hormé, 2001)
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Medusa, Caravaggio
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LA CABEZA DE MEDUSA (1922)

No hemos intentado con frecuencia la interpretación de productos mitológicos singulares. Es palmaria en el caso de la horripilante cabeza decapitada de Medusa.

Decapitar=castrar. El terror a la Medusa es entonces un terror a la castración, terror asociado a una visión. Por inumerables análisis conocemos su ocasión: se presenta cuando el muchacho que hasta entonces no había creído en la amenaza ve un genital femenino. Probablemente el de una mujer adulta, rodeado por vello, en el fondo, el de la madre.

Si el arte figura tan a menudo los cabellos de la cabeza de Medusa como serpientes, también estas provienen del complejo de castración y, cosa notable, por terrorífico que sea su efecto en sí mismas, en verdad contribuyen a mitigar el horror, pues sustituyen al pene, cuya falta es la causa del horror. Aquí se corrobora una regla técnica: la multiplicación de los símbolos del pene significa castración.

La visión de la cabeza de Medusa petrifica de horror, transforma en piedra a quien la mira. ¡El mismo origen en el complejo de castración y el mismo cambio del afecto! El petrificarse significa la erección, y en la situación originaria es, por tanto, el consuelo del que mira. Es que él posee, no obstante, un pene, y se lo asegura por su petrificación.

Atenea, la diosa virgen, lleva en su vestido este símbolo del horror. Y con justicia, pues eso lo hace una mujer inabordable, que rechaza toda concupiscencia sexual. Deja ver, en efecto, los terroríficos genitales de la madre. A los griegos, en su generalidad fuertemente homosexuales, no podía faltarles la figuración de la mujer que aterroriza por su castración.

Si la cabeza de Medusa sustituye la figuración del genital femenino, y más bien aisla su efecto excitador de horror de su efecto excitador de lubricidad, puede recordarse que enseñar los genitales es conocido como acción apotropaica. Lo que excita horror en uno mismo, provocará igual efecto en el enemigo con quien se lucha. Todavía en Rabelais el diablo emprende la huida después que la mujer le enseñó su vulva.

También el miembro masculino erecto sirve para provocar un efecto apotropaico, pero en virtud de otro mecanismo. Enseñar el pene y todos sus suborgados quiere decir: "No tengo miedo de tí, yo te desafío, tengo un pene". Por eso es otro modo de amedrentar al Espíritu Malo.

Ahora bien, para sustentar seriamente esta interpretación, se debería perseguir por separado la génesis de este símbolo del horror en la mitología de los griegos y sus paralelos en otras mitologías.

(De: Sigmund Freud, OBRAS COMPLETAS, Amorrortu, 1999.)
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El origen del mundo, Courbet
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Autorretrato, Pierre Molinier
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11 dic. 2009

Contribuciones a una crítica del lenguaje, de Fritz Mauthner


Hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner y presumo que, en buena medida, tuvo la culpa de su olvido Ludwig Wittgenstein, quien hizo el flaco favor a nuestro autor de distinguirlo en su célebre Tractatus con una cita que iba en estos términos: "Toda filosofía es 'crítica del lenguaje'. Eso sí, no en el sentido de Mauthner". Wittgenstein, como se sabe, publicó este libro (escrito en las trincheras, en plena Primera Guerra Mundial) en 1918 y quería dar solución en él a los problemas fundamentales de la filosofía. Ya no hay nada que pensar, dijo, y mandó a los filósofos a freír espárragos a la cocina.

Pero sabemos que el autor del Tractatus no prosperó en su  tentativa de asesinar la filosofía (Deleuze fue uno de los más persuadidos de sus criminales tentativas) o, más bien, de abolir la actividad filosófica (si estas dos palabras podían ir juntas en el siglo XX, cosa que Wittgenstein echó en falta más que ningún otro filósofo). Sabemos que no consumó su intento de acabar con la filosofía porque su libro hizo de escalera al ascenso del Círculo de Viena y la filosofía analítica. Era el tiempo en que los filósofos hacían agujeros al lenguaje -visto como una forma lógica- para mirar sus adentros y constatar si algo por ahí les develaba el misterio del conocimiento humano, una vez expurgada su inextricable (aunque inexpugnable, a fin de cuentas, ¡con qué tristeza lo comprobaron!) metafísica. Dicho de otro modo, tales filósofos tocaron con la punta de la lengua la cáscara del queso que Nietzsche había roído con furor.

Y a fin de cuentas Wittgenstein no acabó la filosofía porque él mismo abandonó las montañas para volver a la palestra de los pensadores a decir que no, que no había mostrado (porque una cosa es decir y mostrar muy otra) con tanta exactitud como llegó a pensar y a decir los límites de lo pensable y lo decible. Reconsideró el autor del Tractatus que los límites de su lenguaje no eran los límites del mundo y que no estaba tan mal quizás hablar de lo que no se puede hablar, si al final lo importante era el uso del lenguaje (que era el significado), visto como un juego que tiene reglas. Lo más raro es que -antes que Wittgenstein- Fritz Mauthner hablaba del lenguaje como un juego en sus Contribuciones a una crítica del lenguaje. Y es que si "el primero” las denostó, "el segundo Wittgenstein" debía bastante a la elucubración mauthneriana sobre el lenguaje, si bien hasta donde pude indagar nunca volvió a mencionar su nombre más allá del precitado aforismo 4.0031 del Tractatus Logico-philosophicus. De hecho, si hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner hay quien parece recordarlo sólo por aparecer mentado allí (véase, como ejemplo, esta página donde pueden descargarse algunos de sus textos en lengua original). Nada más injusto para el destino de su obra.
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Hijo de un fabricante de telas judío, Fritz Mauthner (1849-1923) fue una de las personalidades más polifacéticas y controvertidas de una ciudad (Viena) y una época (albores del siglo XX) en la que no escasearon los personajes controvertidos y polifacéticos. Periodista de profesión, abandonó en 1874 estudios de derecho para dedicarse de lleno a su pasión por la filosofía y la literatura. Publicó novelas (una policial), relatos, ensayos, obras de teatro, artículos y un monumental diccionario, pero consagró su más grande esfuerzo a un proyecto principal: la "crítica del lenguaje" (sprachkritik). La primera versión de esta obra (hoy desaparecida) fue escrita en 1874, y se sabe que ese año Mauthner redactó otra (también desconocida) en el mismo tenor: Der Spraschschreck (El espanto de la lengua). Uno de sus últimos trabajos, Tres imágenes del mundo, se abocaba también a la "crítica del lenguaje".

Influida por el nihilismo de Nietzsche y el nominalismo de Ernst Mach, la crítica de Mauthner no se reducía a un análisis lingüístico, no era tanto un conocimiento del lenguaje como un escepticismo radical sobre su valía como instrumento de conocimiento. En la línea del Nietzsche de Sobre la verdad y la mentira en el sentido extramoral, Mauthner consideró que la naturaleza metafórica del lenguaje no podía más que falsear la “realidad”; por ello el hombre, animal dotado de palabra, debía satisfacer su pulsión de saber con las pálidas imágenes que el verbo le ofrecía en la forma de unos conceptos cada vez más gastados y alejados de las sensaciones, de la experiencia real. A diferencia de Kant, que confiaba en que las formas lingüísticas y lógicas del juicio eran también las formas de toda "experiencia genuina", Mauthner sostuvo que el lenguaje hacía tropezar el pensamiento y era especialmente impropio para construir una imagen del mundo verdadera, un reflejo de la realidad. Al leer un fragmento de su Diccionario de Filosofía, no es difícil saber por qué el autor de las Contribuciones desagradó tanto al Wittgenstein del Tractatus; escribe Mauthner: "La filosofía es teoría del conocimiento, la teoría del conocimiento es crítica del lenguaje, y la crítica del lenguaje es trabajar con la idea liberadora de que los hombres nunca llegarán a ir más allá de una descripción metafórica (bildliche darstellung) del mundo”. Como recordarán quienes hayan trepado por los peldaños del Tractatus (para arrojarse al vacío del logicismo más místico -y tanto más místico cuanto más lógico- que pudo haber en la historia del pensamiento), Wittgenstein hacía reposar su sistema filosófico en una concepción de la representabilidad de los hechos del mundo como bildliche darstellung.

Mauthner quiso abolir la "superstición" -un auténtico fetichismo de la cultura, decía- consistente en suponer que el lenguaje ofrece una imagen fidedigna de las cosas y los hechos del mundo, que además fomenta la mutua comprensión entre los individuos. Siendo tan inadecuada como era, en su opinión, para la ciencia, reducía la función de la palabra al silencio o a la poesía. No escapaba al autor, sin embargo, la paradoja esencial que envolvía a su proyecto: la "crítica del lenguaje" sólo podía ejercerse en y desde el lenguaje.

La redacción inicial de las Contribuciones data de 1892, los dos primeros vólumenes se publicaron en 1901, y el tercero y último en 1902. Por las mismas fechas H. Von Hoffmanstal publicó en Viena su Carta de Lord Chandos, otra demoledora crítica al lenguaje y sus posiblidades de expresión.

A pesar de que hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, como autor conoció celebridad en su tiempo, si bien mantuvo su pensamiento al margen de los círculos académicos. Escritores como Jorge Luis Borges (quien citaba el Diccionario de Filosofía de Mauthner como una de las obras más leídas, releídas, y “abrumada de notas” de su biblioteca), Samuel Beckett y James Joyce (se sabe que éste le pedía al primero leer en voz alta fragmentos de las Contribuciones mientras escribía el Finnegans Wake) trasladaron a la literatura elementos de la crítica mauthneriana al lenguaje. Sigmund Freud no lo menciona -que yo sepa- ni una sola vez en su obra, pero es impensable que ignorase la existencia de este protagonista clave de la vida cultural vienesa. La verdad es que no sé por qué hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, si dice cosas tan interesantes sobre el lenguaje. Juzguen si no:
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Mitología en el lenguaje. En las ciencias del espíritu, especialmente en las intuiciones del lenguaje humano, existe todavía sin debilitación esta necesidad mitológica. Aquello que sostienen no solamente el cura y el pueblo acerca del lenguaje, sino también casi todos los lingüístas, uno tras otro, esto es, que el idioma sea un instrumento de nuestro pensamiento (un admirable, instrumento, además) me parece una mitología. Según esta representación, aun hoy comúnmente aceptada, está sentada en un lugar cualquiera del cauce del lenguaje una divinidad, figura de hombre o de mujer, el llamado pensar, y bajo las inspiraciones de una divinidad análoga, la lógica, domina el lenguaje humano con la ayuda de una tercera divinidad sirviente, la gramática. Yo lo tendría como el más orgulloso resultado de mi investigación si pudiera convencer a la humanidad de lo falso e inútil de estas tres divinidades, pues el servicio de los dioses falsos exige siempre sacrificios y, por consiguiente, es nocivo.

Amor. En parte alguna se ve más claro que en el diálogo de dos enamorados, cómo el lenguaje es un medio, algo entre los hombres. Pero, dejando toda poesía a un lado, aquí llega a ser realmente una regla de juego. Para la cópula de dos espíritus no es, pues, el mejor medio el idioma, porque o es muy tímido o muy burdo para los íntimos abrazos. Únicamente el pueblo africano efectúa esto abiertamente a la luz del sol y del lenguaje.

Poder de la palabra. Por ser el lenguaje una fuerza social entre los hombres, ejerce también una fuerza sobre el pensamiento del individuo. Lo que en nosotros piensa es el lenguaje, lo que en nosotros versifica es el lenguaje. La sensación tantas veces traída en palabras de “yo no pienso: algo piensa en mí” –esta sensación de coacción, de fuerza, es completamente justa.

Hipnosis. Hay grupos de dementes que hacen lo mismo sin la influencia exterior de la palabra. Pero todas las personas están en una relación mutua de hipnotizador e hipnotizado; toda persona se deja recíprocamente sugerir forzadas representaciones por medio de la palabra, y no es para mí una duda que ello sólo sea en momento de arrebato popular como en las guerras y persecuciones de hechicería, en los que la hipnosis logra enajenar artificialmente toda una masa de hombres, sino que todo el comercio espiritual de los hombres no es más que una no interrumpida y complicadísima red de intentos y logradas hipnosis, que hacen uso de la heredada propiedad evasiva de las asociaciones, y en los que le toca al lenguaje el triste papel de ser agitador y único medio de esta locura artificial. (…) Pudiéramos llamar a esta enfermedad logismo, y el que la palabra significa ya tanto como razón no es motivo para buscar otra. También pudiera llamársele silogismo o simplemente lógica.

Lenguaje de los niños (…) El niño aprende su lenguaje, ya imitando mecánicamente primero la forma y la materia del lenguaje y llenándolas después, o aprendiendo a conocer un objeto nuevo con su nombre. En el último caso, estriba el aumento de conocimiento en el objeto nuevo; el nombre es importante sólo para retenerle en la memoria y para hablar de él si el objeto está ausente. En el primer caso no puede hablarse de aumento de conocimiento hasta que la materia y la forma están infladas de contendido real. Este hecho es claro respecto a la materia lingüística. Independientemente de todo aprendizaje mecánico, nunca penetrará en la memoria del niño nada que no haya penetrado antes por la puerta de sus sentidos. Si no hubiéramos perdido el recuerdo de nuestros años infantiles, sabríamos cuán irrepresentables nos eran la mayoría de las palabras aprendidas.


El silencio. Del temple momentáneo o del temple general del hombre, esto es, de su carácter, dependerá que prefiera hablar o prefiera callar. Dos clases de bestias son las más idiotas. Las que no pueden hablar nada, como, por ejemplo, puede suponerse de las ostras, y las que no pueden callar en absoluto. A ambas les está negado comunicarse. Las unas son mudas y las otras sólo hacen ruido. De aquí que parezca en sociedad, de cuando en cuando, que hablan muchos a la vez indefinidamente. No tienen nada que decirse unos a otros y no tiene importancia que el ruido se produzca con sonidos articulados.


Placer de la charla. Este placer no es más que un juego con el lenguaje, uno de los juegos que por sus pobrezas espirituales se recomiendan a los enfermos y a los ancianos. Este enorme uso del lenguaje como placer de charla me parece que tiene (ya verbalmente o en la lectura) una gran semejanza con el juego del dominó en el cual todo el trabajo espiritual consiste también en añadir, en tanto que se pueda, a la ficha del contrario una que lleve el mismo número. Igual que en una de las tales conversaciones.


Las palabras un poder. Resumamos brevemente: no hay “el” lenguaje, el lenguaje individual no es nada real tampoco; las palabras no engendran nunca conocimiento, no son más que un instrumento de la poesía; no dan intuición alguna real y ellas mismas no lo son. Y, no obstante, pueden ser un poder. Destructor como viento de huracán, que es aire como la palabra. Con facilidad la palabra puede ser más fuerte que la acción, pero la palabra no promueve la vida.


Virtuosos. Un defensor del lenguaje podría afirmar que su poder estimula también a la bondad. Cura, como la hipnosis, la enfermedad imaginativa, esto es, remedia, no la enfermedad, sino la imaginación. Así puede contrarrestar la palabra por medio de su fuerza social a la inclinación melancólica hacia la maldad.


En parte ninguna lengua materna. No hay dos hombres que hablen el mismo lenguaje. En un momento de hondo mal humor, cualquiera habrá pensado que ningún otro puede comprender precisamente su lenguaje particular. En imagen cualquiera comprende esta frase. Pero no se concede tan fácilmente que ella encierre una sobria verdad científica Una verdad que también dejaría definirse así: cada cual “domina” una parte diferente de la común lengua madre (…) En esta reflexión descansa a fondo el concepto de un lenguaje común a un pueblo, la lengua materna. ¿Dónde está la realidad de ese lenguaje? ¿Dónde en todo el mundo? No en uno. Pues no comprende más que una parte del tesoro de formas y palabras; no emplea más que una porción de aquello que comprende. No en los libros. En ese caso, antes del descubrimiento de la escritura no hubiera habido lenguaje. En los libros mismos no hay más que una colección de palabras y reglas a lo sumo, así como literaturas surgidas accidentalmente; pero en ninguna parte ni la probabilidad de un lenguaje reunido. ¿Dónde está pues, la realidad del abstracto “lenguaje”? En el aire, entre los hombres, en el pueblo. Así es que nadie puede alardear de conocer su lengua materna.

Pensar y hablar.
Los señores que no ven en el lenguaje más que una vestidura del pensamiento, y, por cierto, una vestidura fea y no adecuada (mientras Max Müller ve en el lenguaje una vestidura que sienta admirablemente al pensamiento, como un guante a la mano, comme un gant) alegan que es imposible una completa inteligencia entre dos hombres, una comunicación de pensamiento sin resto. Esta verdad nos será cada vez más familiar. No hay más que lenguajes individuales, y no sólo hay diferencias en los lenguajes de dos hijos de una misma lengua, sino en los mellizos de una misma madre, lo que lleva a pequeñas incompresiones de lenguaje (…) El lenguaje de un individuo no es una imagen falsa de su pensamiento, sino una imagen falsa de su mundo exterior; expresa lo que piensa individualmente; pero su pensamiento sobre el mundo de la realidad es individual y, por lo tanto, falso. Su pensar es el tesoro de experiencias adquiridas o heredadas; la razón por la que ningún hombre comprende a los demás es que cada individuo entiende tan individualmente como sus propias experiencias las experiencias acumuladas de un modo uniforme, al parecer, en la lengua materna. La culpa no está en el lenguaje sino en el pensar. El pensar es lo que, como una defectuosa vestidura, sienta mal al mundo de la realidad. El lenguaje se diferencia tan poco del pensar, como la tela del vestido. Si un traje me va mal, la culpa no será del paño.

(De: CONTRIBUCIONES A UNA CRÍTICA DEL LENGUAJE, Herder, 2001)

La edición publicada por Herder recupera la selección, el prólogo y la traducción que realizara el poeta José Moreno Villa en 1911.

29 nov. 2009

El Cuadro (performance)

El día de mañana se presenta en la FFYL de la UNAM el performance "El cuadro". Aquí la invitación:

Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Filosofía y Letras
División de Educación Continua

Invitan a la

Performance:
“El Cuadro”

Texto y dirección: Susana Bercovich

Con motivo de los cien años de la publicación del texto de Freud
sobre el caso conocido como « el pequeño Hans », nos proponemos rendir
un homenaje tanto a Freud como a Herbert Graf
(nombre de « el pequeño Hans »).

Puesto que en su vida Herbert Graf fue un renombrado director de
escena de ópera, nuestro homenaje es en su mismo registro,
la escena, la performance.


El título « El cuadro » cuestiona la clásica idea del « cuadro clínico »,
des-psicologiza el caso, lo pone en el mundo,
y entonces propone otra visión. Se trata también de incursionar en nuevos
modos de transmisión distintos del clásico dispositivo académico.


La pregunta que subyace:
¿Qué relación mantiene el psicoanálisis con sus casos ?


MESA REDONDA
Moderadora: Susana Bercovich
Participantes: Gabriel Meraz, Rocío Olivares y Rodrigo Páez

SEDE: AULA MAGNA DE LA FFyL

30 de noviembre
18:00 hrs.

24 nov. 2009

Presentación de libro


Mañana miércoles a las 19:00 hrs. en la librería Gandhi participo en la presentación del libro Formación y especificidades en el psicoanálisis con niños, de Georgel Moctezuma Araoz, editado por la UIC. La nota que sigue la escribí como prólogo a esta publicación.


Si se compara con la enorme cantidad de literatura que, en poco más de un siglo de existencia, ha producido el psicoanálisis, los escritos que versan sobre el llamado “análisis infantil” tienden a ser escasos. Esto a pesar de que la presencia del niño o, más exactamente, de lo infantil que insiste en el adulto, se encuentra en la base misma de la invención freudiana. El conocido aforismo de la Traumdeutung, “El sueño es la realización de un deseo inconsciente”, no dejó de precisar que se trataba de un deseo infantil.

Uno de los mayores impactos que pudo tener la doctrina analítica en la cultura, fue sin duda haber sacudido la concepción que hasta entonces se tuvo de ese ser, quien por la etapa de vida que atraviesa y por mor de costumbre llamamos niño. Como es bien sabido, las teorías de Freud sobre la sexualidad infantil derrumbaron un conjunto ideales que, con claridad desde el romanticismo, querían ver en los niños el emblema de la inocencia, la pureza, lo paradisiaco originario. Pero de manera más importante, cuando en 1909 se hizo público el caso del primer niño psicoanalizado, fue posible apreciar al niño como un sujeto deseante.

El deseo infantil -mostraba Freud- brotaba del suelo de la “angustia de castración”. Puede decirse que a partir de entonces el psicoanálisis con niños se hizo realidad. Y es que, en cierta forma, Freud construyó un niño que se ajustara bien a su invención. Un niño presa, por ejemplo, de una pulsión “epistemofílica” insaciablemente dirigida al sexo que, al no encontrar respuesta (pues no la hay) que satisfaga su curiosidad, se vuelve un teórico fantástico y genial; un inveterado hedonista guiado según las leyes del principio del placer, un niño en extremo sensible al costado significante (material) de las palabras, un especialista de la pérdida que sufre incurable la nostalgia del objeto perdido, un “perverso polimorfo”, etc. Hay, pues, un niño nacido de la experiencia analítica, y se ha llegado a hablar incluso de un “niño freudiano”, un “niño kleiniano”, un “niño lacaniano”.

La existencia del “niño del psicoanálisis” exige a los analistas elaborar las articulaciones clínicas y doctrinarias necesarias para dar cuenta de su práctica con ellos. La historia de las transformaciones “técnicas” que sufrió el dispositivo analítico para dar lugar al análisis con niños es bien conocida y puede rastrearse en los libros. Sin embargo, se ha escrito mucho menos sobre las especificidades propias de esta práctica analítica, sobre la singularidad que, más allá de toda posible semejanza o equivalencia que en teoría tiene el análisis infantil con el de los adultos, surgen de la presencia efectiva de un niño en un consultorio o en un espacio analítico.

Preguntas sobre la especificidad de la transferencia infantil y el lugar que en ella tienen los padres, la temporalidad, la repetición, el final (que el autor –pertinentemente- llama “salida”) del análisis, son planteadas en este libro de un modo que no deja de articular, mediante exposiciones claras y una lectura personal y ecléctica, algunos de los conceptos que diversos analistas han aportado al saber sobre la infancia con aspectos centrales y problemas ineludibles de la práctica analítica con niños.

El segundo capítulo, “Sobre la historia del “psicoanálisis infantil” en México y su relación con el problema de la formación”, ofrece una interesante visita a los momentos en que el análisis infantil corrió el riesgo en nuestro país -aún no del todo librado, hay que decirlo- de convertirse en una “especialidad” no muy distante de la pediatría o la pedagogía. El arduo problema que ha planteado de manera histórica la cuestión llamada “formación” de los psicoanalistas, es llevado aquí a un conjunto de interrogantes que surgen de las especificidades de este ámbito de la práctica analítica.

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Ilustración de Lorena de la Rocha

19 nov. 2009

J.-B. Pontalis. El escritorio del psicoanalista





















Un texto de J.-B. Pontalis sobre la relación del psicoanalista con la escritura.


Pero he aquí que me voy a meter en donde no quisiera hacerlo. Porque no hay nada más presuntuoso que pretender responder a la pregunta: ¿qué es escribir? Hacerla incluso es incongruente. Una respuesta de orden general queda manifiestamente excluida, pues son infinitos los modos de escritura: del tratado filosófico al poema, del diario íntimo a la novela, del libro de razonamientos a la biografía. No es solamente la variedad de "género" lo que se pone en tela de juicio, ni su aparición o su decadencia en tal o cual momento de la historia y en el seno de una cultura dada. Pero es improbable que lo que hacía escribir a Platón resulte de las mismas exigencias que aquellas a las cuales se vio sometido Kafka, o que se puedan esperar respuestas, no digo similares, sino comparables entre ellas, por parte de Madame de Lafayette y de Artaud. La respuesta la da el libro nada más, la obra, no las declaraciones. Incluso si la formulamos en otros términos como: "Para usted, ¿qué es escribir?" o "¿Qué es lo que le empuja a usted a escribir?", la pregunta no tiene razón de ser, aunque se le haga a un escritor. De todas maneras él sabría zafarse: "¡Sólo sirvo para eso!" (*)

Pero tenemos derecho a plantear esta pregunta a un psicoanalista. ¿Qué mosca le pica que le hace dejar su sillón por el escritorio? ¿Por qué él, consagrado más que nadie a la trasmisión oral -ya sea en el tratamiento, los exámenes o los seminarios-, a lo que dice una voz sobre fondo de silencio y de ruido, a veces de furor, de los movimientos pulsionales, va a recurrir al escrito, necesariamente sometido a sus propias exigencias? ¿Por qué él, cuya práctica descansa completamente en lo que los ingleses llaman privacy, tiene que salir al encuentro de un público?

Sin duda no faltan las respuestas simples, incluso triviales. Después de todo el psicoanalista no se sustrae al destino común. ¿Por qué no habría de obedecer él al loable propósito "científico" de comunicar lo que ha descubierto o creído descubrir en sus tratamientos? ¿Por qué habría de estar excento del placer "narcisista" inherente a la imagen supuestamente halagüeña que él daría de sus talentos? Y además, ¿quién escapa en nuestros días a la sobrestimación de la escritura, tan perceptible en Francia sobre todo, gran país grafomaniaco -al grado de que nuestras eminencias temen no existir verdaderamente si no han publicado un libro?

Sin embargo, estos datos de hecho toman, con el psicoanalista, un giro particular. En su caso, hacerse de un nombre debe entenderse también en un sentido literal, el de darse nombre propio, porque, más que nadie, él se ve confiriendo, por el efecto de la transferencia, tantos nombres que no son el suyo; escribir, para él, sería un medio privilegiado de dejar de ser un "prestanombres", de verse reconocido, (más allá del reconocimiento social). Convertirse en autor también podría entenderse literalmente como aquél que quedó disponible, a lo largo del tiempo, para tantos personajes en busca de autor... En cuanto al propósito de comunicar su experiencia y sus hipótesis, responde, según yo, a muchos otros imperativos diferentes del de beneficiar a sus colegas con sus propias reflexiones, ponerlas a prueba, tal como se hacía en los exámenes durante la carrera. El tercero, que antes era el examinador, se vuelve el lector (y uno es su propio lector a partir del instante en el que escribe). ¿Cómo podría el análisis arreglárselas sin esa prueba del tercero que viene como a asegurarle que él no es solamente la víctima de su propia fantasmática, que debe a la vez "divagar" -sin lo cual no hay invención- y dar a sus pensamientos más extraños una forma bastante consistente para que el otro pueda percibir sus contornos y apreciar su validez?

El escrito, en fin, a mi manera de ver no es un accesorio de la actividad analítica. Que se me perdone primeramente esta evidencia: sin la obra escrita de Freud ciertamente no careceríamos de taumaturgos ni de chambistas del alma, pero no habría psicoanalistas: Freud, que nunca disoció la escritura de su práctica, que no dejó de ajustar una en la otra, que siempre encontró en la literatura, los mitos y los cuentos fuente de inspiración, al grado que, para muchos en la actualidad, la novela es "Dora", el diálogo filosófico es "El pequeño Hans", y el "Discurso sobre el origen de las lenguas" ¡es el presidente Schreber quien lo profiere!
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S. F. en su escritorio
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Y además escribir incluso en aquél que se considera practicante, sólo practicante, comienza con las palabras que se imprimen en su cabeza y que se volverán a presentar mucho más tarde, cuando ya las creía perdidas, se depositarán en desorden en unas cuantas notas garrapateadas en un papel después de una sesión; eso se hace a veces, cuando llega la noche, en las páginas de un cuaderno que no se mostrará nunca a nadie, como si con esto necesitáramos menos poner orden en nuestros pensamientos que prevenirnos contra un riesgo de abuso, reponernos, reconquistar una identidad cuestionada, intentar restaurar una unidad demasiado amenazada.

¿De dónde viene esa urgencia que a veces sentimos y que nos impulsa a dar una forma, incluso incierta, a lo que a la vez nos atormenta y se nos escapa? Muchos analistas lo han manifestado: no son los análisis los que "funcionan", es decir los que favorecen por ambas partes las asociaciones y la elaboración, ni los que confirman nuestras teorías y satisfacen nuestras expectativas, no son ellos los que llaman al escritorio. ¿Para qué recurrir a la "escena de la escritura" cuando la "escena del análisis" está suficientemente animada, con la palabra dotada de su elocuencia propia y cuando el drama se actúa y se construye delante de nosotros? Pero ya sea que el desierto gane terreno; que, por un efecto de repleción o de vacuidad, nuestra capacidad de sentir y nuestro aparato de pensar estén desbordados o vaciados; que la destrucción, sobre todo, pueda más de lo que habíamos creído pacientemente edificar pieza por pieza, entonces nos es necesario otro "continente", el cuaderno, nos es necesario un "block de notas" perfectamente real, que no sea una metáfora y que podamos tener a mano y conservar. Lo que anima al psicoanalista a escribir no es sin duda de la misma naturaleza que lo que autoriza a decir. Quizá la pasión por escribir resulta a veces de la impotencia para decir, e incluso para pensar. Quizá sólo escribe uno a partir de su afasia secreta, para superarla tanto como para dar testimonio de ella.
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El escritorio de J. L.
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(*)Respuesta de Samuel Beckett a un cuestionario del periódico Liberation: "¿Por qué escribe usted?"

(De: LA FUERZA DE ATRACCIÓN, Siglo XXI, 1993)

15 nov. 2009

Escritos, de Jacques Lacan


"La ilegibilidad de lo legible es, quizá, el extremo de la transparencia". Edmond Jabès
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Hay libros destinados por su mera aparición a ser referencia ineludible en un campo de saber. Fue ésa la suerte en el psicoanálisis de los Escritos de Jacques Lacan.

Reacio a producir en forma de “libro”[1]Lacan dio a publicar además de un artículo de enciclopedia un conjunto de conferencias y artículos dispersos en revistas y boletines especializados, absolutamente inhallables en otro lugar que no fueran los cajones de su mesa de trabajo o el closet de su casa de la Rue de Lille. La insistencia (aunada a un supremo talento como editor) de François Wahl, convenció a Lacan de realizar una selección de sus textos y reunirlos en un volumen que a la postre llevaría por título Escritos.
Entre marzo y octubre de 1966, Lacan se dio a la tarea de redactar seis textos más y de corregir profusamente más de quinientos párrafos de sus escritos, hasta convertirlos en lo que hoy conocemos como los Escritos. Wahl, por su parte, hizo cambios al alimón con el autor y, en palabras de Roudinesco, consiguió “arrancar a ese hombre de la tiranía de su propia palabra para hacerle llegar por fin a una verdadera escritura”[2].
El 15 de noviembre de 1966 los Escritos salían a las librerías. En menos de dos semanas vendieron cinco mil ejemplares, y en un tiempo récord la venta rebasó los cincuenta mil[3]. Cifras llamativas tratándose de la obra de un autor que ya entonces tenía cierta fama de ilegible. (Aún siendo un novel psiquiatra, Lacan se dio a conocer, entre otras cosas, por ser dueño de un estilo de escritura hermético y barroco que, si bien desconcertaba a sus colegas[4], fascinaría más tarde a poetas como Haroldo de Campos o Severo Sarduy).
Cabe suponer que quien se autodenominara “el Góngora del psicoanálisis” no usara un significante a la ligera. Al titular su libro Escritos, Lacan distinguía con claridad las dos vertientes sobre las cuales desplegó su enseñanza -privilegiadamente oral- y daba nacimiento a la oposición Lacan-oral/ Lacan-escrito que ha puesto a trabajar en serio a quienes aún se esfuerzan en descifrar tanto su escritura como aquello que –posiblemente- dijo cada miércoles durante casi tres décadas en su seminario.
Es verdad que, hasta cierto punto, algunos escritos de Lacan condensan en unas cuantas páginas el abstruso recorrido de un año de seminario; pero eso no explica la densidad de los Escritos, masa textual significante que, para quien a ellos se asoma, parece hacer surgir a cada renglón una pregunta insistente: ¿Es ilegible Lacan?
Tiempo después de publicarla se refería a su obra de este modo: “Estos Escritos, ya se sabe, no se leen fácilmente […] y a lo mejor la cosa llega hasta el punto de que no son para leer”[5]. Poco le faltaba a Lacan para decir como Antonin Artaud: “Escribo para los analfabetas”.
Los Escritos de Lacan son ilegibles si se acepta (con Barthes, Derrida y el mismo Lacan) que ciertos textos sólo admiten ser leídos una vez que se asume su ilegibilidad. Barthes proponía una lectura perversa[6]: la que obliga al lector a asumir la posición del niño que sabe que su madre no tiene pene, pero se obstina en creer que lo tiene. Es el lector que parte de esta verleugnung fundamental: “Ya sé que es imposible de leer; pero aún así…”. Son textos que revelan que la experiencia de lectura consiste en “experimentar que el sentido no es accesible […] que el concepto tradicional de lectura no resiste ante la experiencia del texto; y, en consecuencia, que lo que se lee es una cierta ilegibilidad”.[7]
Pero los Escritos ostentan cierta legibilidad si se concede que (si bien con ellos Lacan se dirigía a un público que trascendía su seminario, incluso a un público por venir) la experiencia de leerlos constituye una enseñanza decisiva en estrecha relación con la práctica analítica misma: el lector es conminado a no entender muy deprisa, a tomarse un “tiempo para comprender”[8], a no extraviarse en los derroteros imaginarios del sentido, es decir que es llevado a leer a la letra, como hace el analista con la escritura que surge de lo que se dice en un análisis (y como, por otra parte, Lacan leyó el texto de Freud[9]). Asimismo, Lacan llegó a señalar que la elipsis barroca de su escritura, en la que un significante permanece en reserva, no dejaba de tener cierta relación con un objeto perdido, objeto que en su radical ausencia vectoriza la direccionalidad de la experiencia analítica.
Unas palabras de Michel Foucault sobre el hermetismo lacaniano son del todo esclarecedoras: “Él [Lacan] quería que el lector se descubriera a sí mismo como sujeto de deseo, a través de esta lectura. Lacan quería que la oscuridad de sus Escritos, fuera la complejidad misma del sujeto, y que el trabajo necesario para comprenderlo fuera un trabajo a realizar sobre uno mismo”.[10]
Y es que la ilegibilidad de la escritura de Lacan no es el extremo de un denodado hermetismo: encierra en ella la apuesta por una lectura de la literalidad, una lectura anclada al soporte material del significante (la letra) y no al lektón espiritual del significado. El inconsciente, decía Lacan en estos años, concierne a la pura lógica del significante. Otros serán los problemas y articulaciones que, después de la publicación de los Escritos, elaborará a partir de la escritura topológica nodal.
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Este texto será publicado en breve por la revista "Nuestro Siglo", de Siglo XXI editores, con motivo de la reedición en español de los Escritos.

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[1] En 1964 La editorial Seuil canceló por incumplimiento el contrato de un libro suyo (Cuestionamiento del psicoanalista), cuya escritura Lacan presumiblemente nunca concluyó.
[2] Roudinesco E., Lacan, FCE, Colombia, 2000, p. 472
[3] Tres años después, el primer tomo de la edición de bolsillo vendía más de ciento veinte mil ejemplares, y el segundo más de cincuenta y cinco mil, batiendo records editoriales en Francia. En esos días, Lacan ironizaba en su seminario sobre la recepción de su libro: “Lo que salva, sin embargo, mis Escritos, del accidente que tuvieron, o sea de que se los leyera en seguida, es que son de todas maneras un worst-seller”. Lacan, J. Seminario 17, El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1992, p. 208
[4] Ya en 1938 Edouard Pichon se expresaba en estos términos sobre el estilo de Lacan: ·”sería del interés de todos los especialistas en psicopatología que él [Lacan] se liberara de cierta coraza en que su espíritu se encierra, coraza hecha a la vez de una jerga de secta y de un preciosismo personal. Ello perjudica sus obras”. Citado por M. Arrivé en Lenguaje y psicoanálisis, lingüística e inconsciente, Siglo XXI, México, 2004, p. 244
[5] Lacan, J., El seminario 20, Aún, Paidós, Barcelona, 1981, p. 37
[6] El placer del texto, Siglo XXI, Argentina, 1973, p. 62
[7] J. Derrida, Entrevista con Carmen González Marín, Revista de Occidente, 62-63, 1986, p. 163
[8] Cfr. Lacan, J., “El tiempo lógico…” en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1994, pp. 187-204
[9] Cfr. Lacan, J., “De un designio”, en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1994, pp. 349-353
[10] Dits et écrits,Vol. IV, (1980-1988), Gallimard, Paris, 1994, p. 205

13 nov. 2009

Jacques-Alain Miller. La U. P. J.-L. o la educación freudiana del pueblo francés


El fin de semana pasado, el 8 de noviembre, Jacques-Alain Miller anunció en París la creación de la Université Populaire Jacques-Lacan. El texto que sigue acompañó la fundación de la misma. Se trata, para Miller, del "momento de concluir" en lo que se refiere al espinoso asunto de la relación del psicoanálisis con la universidad. En el artículo que dedicó al tema: "¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?" (1918) Freud enunció una postura clara: la universidad puede beneficiarse si integra el psicoanálisis en sus programas, pero no a la inversa, ya que no es posible "aprender cabalmente el psicoanálisis" en un aula universitaria (esto es obvio, si uno admite que el análisis algo tiene de "enseñable"). Lacan hizo lo propio al distinguir con claridad el discurso analítico del discurso universitario. Dicho rápidamente, en el primero la posición de agente es ocupada por el objeto a minúscula, mientras que en el segundo el agente es el saber. La universidad transmite un saber preconstituido, distinto del saber ligado a la invención que corresponde al análisis como experiencia. Sin embargo, Miller se ha tomado en serio llevar a cabo una "educación freudiana del pueblo francés", y no esconde la ilusión de extenderla a otras latitudes. La pregunta que surge es: ¿Dónde quedará lo que hay de real en la "formación" de los analistas de seguir proliferando un modelo universitario de transmisión? ¿A dónde llevará al psicoanálisis el sueño de una "humanidad analizante"?

Para leer el texto de Miller en francés hacer click aquí


Hay un tiempo para pensar – meditar, calcular, pronosticar, tergiversar – y hay un tiempo para actuar, acometer, pasar al registro del acto, lo que implica siempre atravesar a toda prisa la barrera del no saber.

Hace ya algún tiempo que había puesto la idea a discusión, la de crear un potente polo de enseñanza en París, reuniendo bajo un mismo titular, sin poner en cuestión su autonomía de funcionamiento, las enseñanzas de la Escuela, las del Département de Psychanalyse, las dos Sections cliniques, el Collège freudien pour la formation permenente, l'Envers de Paris, los Grupos del Campo freudiano, ¿y qué más? Llegué hasta a evocar la idea de una Universidad europea y esta idea ha sido sostenida por Uforca, bien acogida tanto en España como en Italia.

Faltaba lo que Stendhal llama "cristalización". Estas Jornadas son su ocasión. Son ustedes aquí más de 2000: es una afluencia sin precedentes. Sobre todo, por mucho que les disguste a los pájaros de mal agüero que nos prometen "la kermesse" porque ya no tenemos la cara de entierro que tradicionalmente es la de los analistas en cualquier circunstancia institucional, nunca hemos trabajado mejor, más seriamente y más agradablemente.

Se desprende una línea política; la expongo a medida que se me revela, como un profeta que fuera su lógico; recibe estos días el asentimiento de la mayor parte. Pues bien, ha llegado el momento de concluir sobre el tema universitario, para ir por delante sobre más temas todavía.

Digo "Universidad popular", porque el término es conocido, está en curso, y porque indica muy bien que nos tomaremos a pecho esta "educación freudiana del pueblo francés" por la que hacía mis votos a principios de este decenio – salvo para extenderla a todos los pueblos, tal como nos anima a hacerlo el ejemplo de Mirta Kadivar en la República islámica de Irán. Las religiones han conseguido orientar a la humanidad hacia divinidades de utilidad dudosa, y cuya existencia está sujeta a controversias. ¿Por qué retroceder ante la noción de una humanidad analizante? No es algo para mañana, se lo concedo - ¿pero para pasado mañana? ¡Tomorrow, the World!

La llamo "Jacques-Lacan" porque procuraré que sea digna de este nombre.

Será una asociación sin fines de lucro; intentaremos que sea reconocida de utilidad pública.

Alojará el Polo parisino del que hablaba, al que se añadirán los principales establecimiento de Uforca, y los mejores del extranjero, como el ICBA (Instituto Clínico de Buenos Aires) o el Seminario franco búlgaro distinguido por Judith Miller.

Me parecería bien que esta Universidad aloje un Instituto Lacan, dedicado a los estudios lacanianos.

Veo que ayudará a los establecimientos de enseñanza del Campo Freudiano a reconfigurarse y a perfeccionarse, sobre la base del voluntariado y, ya lo dije, con el respeto por las autonomías de gestión. Reducir al mínimo el número de establecimientos de gestión directa.

La Universidad Popular deberá dotarse de un departamento de publicaciones, en el que se reinscriba el Journal des Journées, LNA-Le Nouvel Âne, Ornicar?, y abrir una Web y un Blog propios.

Hago el acto. No tengo más detalles para comunicar. Los discutiremos después, con el espíritu de las Jornadas, win-win. Esta Universidad Popular la construiré a cielo abierto, bajo la tiranía de la transparencia, con aquellos que querrán colaborar con ella, en particular en el Journal des Journées, y en Twitter.

Jacques-Alain Miller

(Traducción: Miquel Bassols)

6 nov. 2009

Sándor Ferenczi. «Discurso de fundación de la IPA»

En una doble maniobra, Freud disolvió la Sociedad Psicológica de los Miércoles para fundar la Sociedad Psicoanalítica de Viena. La primera, como se sabe, era el "grupito" que hacían los primeros partidarios del psicoanálisis. La costumbre de reunirse la noche de los miércoles, en la sala de espera del consultorio de Freud, dio nombre coloquial a una sociedad que, si bien por su proceder no alcanzaba a ser una "institución", constituía el germen, por así decir, de las agrupaciones analíticas. Freud la formó en 1902 por iniciativa de Stekel, un médico que experimentó beneficios al someterse a un análisis con él. Adler fue de los primeros en sumarse y poco después llegaron Federn, Sadger y Graff, entre otros más.

A cinco años de existencia la Sociedad contaba más de veinte miembros, y Freud juzgó propicio refundarla, maniobra que le permitiría a su vez, eso pensaba, solventar los conflictos más o menos incipientes que se venían gestando en su cofradía de media semana (una "fraternidad", según el recuerdo de Graff).

En carta firmada en Roma el 22 de septiembre de 1907, Freud se dirigía a los de su círculo para anunciar la fundación de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Anotaba que, para formar parte de la nueva asociación, sólo era necesario manifestar su deseo de pertenencia con una breve nota dirigida al secretario (Rank). "(...) La disolución de la Sociedad y su posterior reorganización -les decía Freud- tiene el propósito de devolver a cada uno su libertad de separarse de la Sociedad sin perjudicar con ello sus relaciones con las demás personas de la misma". (*)

Con su gesto, Freud dejaba en claro que el lazo entre analistas puede sucumbir, como todo vínculo humano, a la pérdida de interés y el deterioro, pero también que el lazo del psicoanalista con la sociedad que integra en modo alguno es vitalicio; para hacerlo vigente, parecía decirles Freud, era preciso refrendarlo mediante el deseo.

Hacia el final de su carta, Freud sugería que el mismo procedimiento se repitiera a razón de cada tres años. Sin embargo, tal renovación del lazo analítico con la Sociedad y sus miembros nunca se repitió. Tres años después tuvo lugar la fundación de la IPA (por sus siglas en inglés, lengua oficial desde 1936).

En la primavera de 1910, Freud encomendó a Sándor Férenczi (con quien había iniciado amistad dos años antes) la tarea de proponer en el Congreso de Nuremberg la formación de una Asociación Internacional que agrupara en su seno a los sociedades analíticas ya existentes (Viena, Zürich). Según confiesa en su "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico" (1914), Freud temía en la ascendente popularidad del psicoanálisis tergiversaciones y abusos; por ende, veía necesario localizar un centro desde el cual pudiera emitirse una declaración de este tipo: (Freud dixit) "El análisis nada tiene que ver con todo ese disparate, eso no es el psicoanálisis" (o sea, la función de regular y legitimar la doctrina), que dispensara una adecuada formación a los candidatos que desearan convertirse en analistas (o sea, dar garantías a la praxis analítica) y last but not least, que se encargara de crear un clima propicio para el "intercambio amistoso y para un apoyo recíproco" entre los adeptos del psicoanálisis (o sea, el objetivo que nunca cumplió). En el precitado escrito, Freud decía que era esperar más de lo que podía obtenerse.

Fritz Wittels, el primer biógrafo de Freud, aseguraba que lo ocurrido en Nuremberg fue una maniobra política pactada por el maestro con Ferenczi y Jung, en su viaje de vuelta de Estados Unidos (otoño de 1909) luego de haber constatado la distorsión que sufría el psicoanálisis en los países lejanos al epicentro del "movimiento analítico". Si, como se ha repetido tantas veces, creían los viajantes que llevaban la peste, cabe preguntarse si volvían contagiados. (¿De qué? En su exilio neoyorquino, Theodor Reik estaba convencido de que "algo en el aire" de ese país afectaba gravemente al psicoanálisis.)

El Congreso de Nuremberg tuvo lugar el 30 y 31 de marzo de 1910. Ferenczi presentó su discurso el primer día, y causó tal revuelo -en especial en el "grupo vienés"- que la votación se aplazó para el día siguiente. Se sugería a Carl Jung como presidente vitalicio de la Asociación a fundar, cuya investidura, además, en calidad de director editorial, quedaba provista de un poder de censura inédito: cada trabajo tendría que recibir su aprobación antes de ver la imprenta. Franz Riklin, otro psiquiatra suizo pariente suyo, sería el secretario.

Freud quería desplazar el núcleo del "movimiento analítico" de Viena a Zürich, donde un centro universitario acababa de abrir sus puertas al psicoanálisis (eso lo consiguió). Quería dejar de ocupar el primer plano, al considerar que su persona condensaba toda la mezcla de amor y odio que un padre despierta en sus hijos (eso lo consiguió a medias, además erró su elección y le salió muy caro: Wittels cuenta que ya en Nuremberg algunos suizos alborotaban por el supuesto "pansexualismo" del análisis). Y quería despachar con su acción algunas diferencias con el grupo de Viena, señaladamente Adler y Stekel, quienes, como era de esperarse, se opusieron resueltamente a la propuesta de Ferenczi. Veamos cómo lo hizo.

Después de la primera jornada del Congreso, por la tarde, los de Viena decidieron reunirse en una de las salas del Gran Hotel de Nuremberg para discutir la -a sus ojos inaudita- situación. De pronto, sin estar invitado, llegó Freud a la reunión. Según Wittels nunca le habían visto en tal estado de excitación y les dirigió estas palabras: "Son casi todos judíos y, por consecuencia, no aptos para conquistar amigos para la nueva doctrina. Es necesario que los judíos se resignen a ser el estercolero de la civilización. Es necesario que me relacione con la ciencia; estoy viejo, y estoy cansado de ser perseguido. Todos estamos en peligro". Casi arrancándose el abrigo continuó: "No quieren dejarme ni un abrigo para cuidarme las espaldas. El suizo nos salvará, me salvará a mí, y también a todos ustedes". (**)

Los vieneses no quedaron convencidos de las justificaciones de Freud, pero al final recularon y -previo acuerdo de que Jung presidiera solamente dos años- la propuesta de la Asociación fue aprobada. Freud cedió a Adler la presidencia de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y nombró vicepresidente a Stekel. La "política del psicoanálisis" nacía de manera oficial.

El exordio de Ferenczi llevaba por título: "Informe sobre la necesidad de una unión más estrecha de los adeptos de la teoría freudiana y proposición para la fundación de una organización internacional permanente", pero en su obra editada figura bajo una rotulación algo insulsa: "Sobre la historia del movimiento psicoanalítico".
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Firma de Ferenczi
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Después del Congreso Freud, que conocía previamente el discurso de Ferenczi, dio a este último sus impresiones sobre la revuelta: "Su alegato lleno de temperamento y de vida ha tenido la desgracia de desencadenar tantas contradicciones que se han olvidado de darle las gracias por la importancia de la propuesta. Toda sociedad es ingrata, eso es así. Pero nosotros hemos sido un poco culpables los dos, pues no hemos tenido en cuenta la impresión producida en los vieneses. Habría sido fácil olvidar completamente las alusiones críticas y aceptar la promesa directa de libertad científica (...)" (carta del 3 de abril de 1910).

A vuelta de correo, Ferenczi asumió la responsabilidad de lo ocurrido, y depositó la culpa en su "complejo fraterno": "Me he sentido decepcionado y un poco deprimido al ver que mi proposición tropezaba con la resistencia de los vieneses, por motivos personales. Mi complejo fraterno se puso seguramente en juego (¡por ejemplo, no quería renunciar a los pasajes controvertidos!)" (5 de abril).

Sea como fuere, es de agradecer que Ferenczi se dejara ganar del susodicho "complejo". De suprimir los "pasajes controvertidos" nos habría privado muy seguramente de una verdadera gema para el estudio de las sociedades de psicoanálisis. Entre los más llamativos (las metáforas bélicas, el enlace constante de los ámbitos conocidos como "intensión" y "extensión") destacan por su importancia y consecuencias aquellos donde Freud es situado explícitamente en el lugar de un Pater familias, y en donde se plantea como modus operandi de la Asociación a fundar la estructura familiareructurd una familia. Ni más ni menos. (Y ya se sabe que -fuera de la IPA- el lacanismo no quedó exento de una "transmisión familiar", pero esa es otra historia...)

A decir de Wittels, en el Congreso de Nuremberg Freud adoptó el papel del "padre de la horda primitiva de Darwin".
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La complejidad de la relación Freud-Ferenczi merece un abordaje aparte; aquí únicamente anotamos que Sándor (que en ese tiempo aún no intentaba analizarse con Freud, con los sabidos resultados y efectos en la praxis del húngaro) ya abrigaba el anhelo de ocupar ante su maestro el lugar de un hijo amado. Si bien a Freud le incomodaban sus demandas, prendado del talento del discípulo condescendió en ciertas cartas a saludarlo con un afectuosísimo: "Querido hijo".

En la ya citada del 3 de abril de 1910, le escribía: "Con el Congreso de Nuremberg ha terminado la infancia de nuestro movimiento. Esa es mi impresión".

Han pasado noventa y nueve años y parece que estaba en lo cierto. Quizá a partir de ese momento el "movimiento analítico" conocía su "pubertad", tendría sus "crisis adolescentes". Freud esperaba -eso le decía a Ferenczi en la carta- un "periodo de juventud próspero y bello".

¿Lo vio llegar? Hum, no sé. Empezaba -en especial para el llamado "padre del psicoanálisis"- una etapa difícil...


Para descargar en Word el discurso de Ferenczi haz un click aquí.

(*) E. Jones, FREUD, Salvat, Barcelona, 1985, p. 273.
(**) F. R. Wittels, FREUD, Editorial Paix, Santiago de Chile, 1936, p. 101.

Claude Lévi-Strauss (1908-2009)


Dos fragmentos de entrevista de Lévi-Strauss con un instigante Didier Eribon:

"(...) D. E. ¿Cuándo leyó a Freud?

C. L-S. Muy pronto, porque tuve un compañero de Liceo cuyo padre, psiquiatra, fue uno de los primeros en interesarse por Freud en Francia. Colaboraba con Marie Bonaparte, y me incitó a leer -yo estaba en clase de filosofía- La introducción al psicoanálisis, y lo que entonces se llamaba, en su primera traducción, La ciencia de los sueños.

D. E.- Después usted ha lanzado palabras bastante duras contra el psicoanálisis.

C. L-S. Varios amigos y conocidos míos han recurrido a él. Mis relaciones con ellos han alimentado algunas dudas sobre la terapéutica. Sobre todo quise oponerme a la tentación que sienten demasiados etnólogos, sociólogos e historiadores, que cuando sus interpretaciones chocan contra un muro, en lugar de volver a empezar, tiran por el cámino más cómodo: llenar los vacíos que encuentran delante de ellos con esas explicaciones comodín en que es pródigo el psicoanálisis. Pero todo ello no invalida un hecho: el pensamiento de Freud jugó un papel capital en mi formación intelectual; tan grande como el de Marx. Me enseñaba que, incluso los fenómenos en apariencia más ilógicos, podían ser susceptibles de un análisis racional. Me parecía comparable con el paso dado por Marx respecto a las ideologías (fenómenos colectivos en lugar de individuales, pero también de esencia irracional): alcanzar, más allá de las apariencias, un fundamento coherente desde un punto de vista lógico, cualesquiera que sean los juicios morales que sobre él se tengan (...)"

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"(...) D. E.- A Lacan lo conoció usted muy bien.

C. L-S.- Fuimos muy amigos durante algunos años. Con los Merleau-Ponty íbamos a almorzar a Guitrancourt, donde tenía una casa. Cuando mi mujer y yo quisimos buscar un retiro en el campo, Lacan acababa de comprar una DS a la que quería hacerle el rodaje. Nos fuimos los cuatro de expedición, fue muy divertido. Había que ver a Lacan llegando a un horrible hotelucho de subprefectura y ordenando desde la altura de su majestad imperial que le prepararan inmediatamente un baño. Apenas hablábamos de psicoanálisis o de filosofía; lo hacíamos más bien de arte y literatura. Tenía una cultura amplísima, compraba cuadros y obras de arte, y ese tema ocupaba un lugar en nuestras charlas.

D. E. -Cuando usted iniciaba sus clases en la sección Quinta de la Escuela de Altos Estudios, él empezaba por su lado su famoso "seminario". ¿Asistió alguna vez a él?

C. L-S. -Más tarde y sólo una vez, la primera clase que dio en la calle de Ulm. Cuando le cerraron la Escuela Normal, persuadido incluso de que él no tenía razón, intervine ante Braudel para que la Escuela de Altos Estudios le acogiera.

D. E. - ¿Qué piensa de sus trabajos?

C. L-S.- Habría que comprenderlos. Y siempre he tenido la impresión de que, para sus fervientes admiradores, "comprender" no quería decir lo mismo que para mí. Yo habría necesitado cinco o seis lecturas. A veces hablábamos de ello Merleau-Ponty y yo, y llegamos a la conclusión de que no teníamos tiempo.

D. E.- Sin embargo, usted le ha citado...

C. L-S. -Una sola vez creo, y sobre todo por amistad.

D. E. -A pesar de esa amistad, a usted le molestó que asociasen su nombre al de usted en la constelación del "estructuralismo".

C. L-S.- Debo confesar que sí; pero en aquel momento Lacan se había convertido en una especie de gurú y nuestras relaciones se habían enfriado mucho.
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"El Banquete estructuralista"
(Lévi-Strauss, Lacan, Jakobson, Barthes)
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D. E. - En su Historia del psicoanálisis, Elisabeth Roudinesco afirma que Lacan lo pasó siempre muy mal por falta de inserción universitaria. Sobre todo por estar en el Colegio de Francia.

C. L-S. Nunca habló de ese tema, aunque es posible.

D. E. -Jamás pensó usted en presentar su candidatura al Colegio de Francia?

C L-S. -No se me ocurrió nunca. Y por lo que a él se refiere ya acabo de decirle que nunca me hizo la menor alusión, ni se la hizo, estando yo presenté, a Merleau-Ponty.

(De: DE CERCA Y DE LEJOS, Alianza Editorial, 1990)

Parece que la noticia de la muerte de Lévi-Strauss enteró a mucha gente de que seguía vivo. Aquí en La Jornada. Aquí en Le Monde.

29 oct. 2009

Presentación de libro


El día
de hoy se presenta el libro Autismo, subjetividad e intervención psicoanalítica, editado por la Universidad Intercontinental. La cita es a las 19:00 hrs. en la librería Gandhi (Miguel Angel de Quevedo).

Compilado por Georgel Moctezuma y Gabriela Martínez, quienes colaboran también como autores, así como Josafat Cuevas y participantes del dispositivo de la clínica "Niño oculto", está conformado por artículos que desde perspectivas diversas abordan ciertas cuestiones clínicas y doctrinarias que plantea el llamado "autismo".

Haciendo un click aquí se descarga en Word el textito: De un significante a otro, uno de los trabajos que aporté a esta publicación.

27 oct. 2009

Laurence Bataille

Hijastra de Lacan, única hija del matrimonio de Sylvie y Georges Bataille, Laurence Bataille nació en París el 10 de junio de 1930.

Al igual que su madre, se dedicó al teatro en su juventud. A los dieciséis años fue amante y modelo predilecta de Balthus, gran pintor enamorado de los gatos y las nínfulas. Con él vivió algunos años en la campiña francesa. Sus amigos recuerdan que, pese a rondar los veinticinco, Laurence vestía como una púber (vestidos de encaje, medias a tres cuartos, zapatos de charol), tenía prohibido fumar, beber alcohol y café; apenas la cena acababa el pintor la mandaba a dormir. También dicen que gracias a él obtuvo buenos papeles en el teatro.

Pero Laurence se cansó de la actuación, dejó al pintor, estudió medicina, se casó con un médico y tuvo tres hijos.

Fue miembro del partido comunista francés. En 1960 su militancia en pro de la independencia de Argelia le valió seis semanas de cárcel. Recibía tras las rejas hojas dactilografiadas del seminario de la Ética, que le enviaba Lacan. En especial su comentario sobre Antígona y la rebelión. Una carta a Donald Winnicott, de agosto de ese año, testimonia el sentir de Lacan frente a la posición de su hijastra: "[Laurence] nos ha dado mucho tormento (del que estamos orgullosos), habiendo sido arrestada por sus relaciones políticas. Está libre ahora, sin embargo, seguimos preocupados por un asunto que todavía no está cerrado".

Tiempo después, en la dedicatoria de sus Escritos, Lacan la nombraría: "Mi fiel Antígona".

En 1963 -a un año de la muerte de su padre-, comenzó a analizarse con Conrad Stein. En 1970 inició su práctica como analista. Un día, mientras discutía de teoría con Lacan, éste le sugirió hacer el pase. Sorprendida, repuso que no sabía cómo ni en qué consistía. A instancias de Lacan buscó a Jean Clavreul, responsable del pase en la EFP.

Clavreul no sabía dos cosas: 1) Que era la hijastra de Lacan, y 2) cómo proceder. Por un lado, quien solicitaba el pase no era miembro de la EFP, ni le interesaba serlo. Además Stein, su ex-analista, era miembro titular de la SPP (¿Cómo podría (ella y él) devenir AE?). La solución de Clavreul fue pedirle a Laurence que pidiera ingresar a la EFP, para ver si el jurado (del que él era parte) aceptaba su postulación (jamás precisó, al parecer, si era indispensable o no que fuera miembro de la Escuela para hacer el pase). Ella -obviamente- rechazó esa opción. No obstante, poco después recibió por escrito la noticia de su adhesión. La rechazó. Dijo que prefería pensarlo antes de entrar. Simatos le aconsejó apurarse, ya que el anuario de miembros se hallaba en prensa. En ese entonces (1971), los estatutos que hacían funcionar (o no) los dispositivos de la EFP estaban estipulados, escritos de puño y letra de Lacan, pero se ve que el espíritu de la letra disolvíase en la praxis. Cuando llegó el día de su pase, Laurence aún no sabía si entrar o no a la Escuela. El pase fue rechazado. Finalmente quiso ingresar. Fue admitida. (Es la versión de ella, según Roudinesco). Permaneció en la EFP hasta verla disuelta.

Entre 1976 y 1978 dirigió la revista Ornicar?. Publicó artículos -algunos brevísimos, fulgurantes, fieles a la enseñanza lacaniana.

Fue parte de la École de la Cause Freudienne ("La escuela de los que aún me aman", según dijo Lacan una vez). Pero pronto dimitió, en 1982. Según Roudinesco, "(...) para señalar su desacuerdo con la manera en que Miller utilizaba las circulares firmadas por Lacan como textos legislativos de una escuela que el maestro no había fundado".

Decía Bataille en su carta del 25 de noviembre:
"La utilización de los textos firmados por Lacan a partir de 1980 fue tal vez útil durante algún tiempo. Se perpetúa por su publicación en el anuario. ¿Serían incapaces aquellos a quienes la Escuela dispensa su formación de sostenerse sin ese sostén? Serían incapaces entonces de hacer frente a su título de analistas -lacanianos, se entiende-. Es una contradicción que ya no puedo asumir. No podría ocupar ya el lugar de un analista si siguiera aceptándola. Por eso presento mi dimisión de la Escuela de la Causa Freudiana".
Poco después, a propósito del affaire legal que suscitó la versión Stécriture de "La transferencia..." se pronunció a favor del libre establecimiento y la difusión de los seminarios de Lacan (sin atacar directamente a Miller, su cuñado).

Murió en 1986, de un cáncer de hígado fulminante.

Roudinesco la recuerda de esta manera:
"Laurence Bataille fue una mujer excepcional. Se parecía a esas trágicas heroínas de las películas de David Wark Griffith, pero su radicalismo la acercaba sobre todo al personaje de Antígona. Era generosa, sensible, inteligente, abierta a todas las formas de rebelión humana, y se convirtió en una de las mejores psicoanalistas de su generación, ocupando un lugar central en el serrallo del movimiento lacaniano".
Philipe Sollers la recuerda a su vez: en el único encuentro que tuvo con ella, confesó a la hija la admiración que sentía por la obra de Georges Bataille: "¡Oigame no! -respondió Laurence-, cuando se escriben ciertas cosas, se debería pensar en su progenie".
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Laurence y Georges Bataille, ca. 1938
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"¿ATENCIÓN FLOTANTE?

En la época de este descubrimiento, el pintor Balthus y el escultor Giacommetti dijeron en mi presencia, ante la simple vista de una reproducción: "Es una falsificación". Sin embargo, todos los exámenes de la tela y los pigmentos probaban que se trataba de un cuadro del siglo XVII. "¿En qué lo notan?", pregunté asombrada. "Puedes ver que la construcción no tiene ningún interés (yo no lo veía): por lo tanto, no puede ser un Vermeer. Además a ningún pintor de aquellos tiempos se le hubiera ocurrido construir un cuadro de esa manera. Así que no se trata de una atribución errónea, sino de una falsificación."

Muchos años después asistía yo a la presentación de enfermos de Lacan; aquel día el enfermo, de unos cincuenta años, deliraba profusamente. Al cabo de una hora de entrevista Lacan le pidió que leyera unas líneas de un periódico; después para mi creciente sorpresa, le sometió un pequeño cálculo que el hombre efectuó con bastante facilidad. Una vez retirado el enfermo, Lacan pidió ya no recuerdo qué examen cerebral.

Viéndome sorprendida, Lacan me dijo que probablemente se trataba de una demencia senil. Yo le dije: "Realmente hubiera creído que se trataba de una psicosis". Y Lacan replícó: "No tiene las mismas aristas". También esta vez, la "construcción" se oponía a mi error. También esta vez, no supe más de ello.

¿Llegaré algún día a entender esas aristas, esa construcción? Los expertos y la crítica se engañan porque juzgan por los detalles; pero hasta un pintor como Vasari, que sabía tanto de pintura, de su teoría y de su técnica, no hizo más que cuadros aburridísimos.".
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Balthus. La habitación
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Balthus. Desnudo con gato
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"¿QUÉ ES UN VERSO? (Carta a M. Josée Lapeyrére)

Querida Josée. Después de ese diálogo telefónico en que el azar de la conversación nos reunió en torno de nuestras preocupaciones del momento, quedé en cierto modo pegada al teléfono. Hablábamos de la interrupción de las sesiones y tú me conectaste con una dimensión que por desdicha me falta: la poesía.
... "Basta con escuchar poesía para que en ella se deje oír una polifonía y para que cualquier discurso revele desplegarse sobre varios pentagramas de una partitura"; esta frase de Lacan permanece desesperadamente presente en mi memoria, tanto quisiera yo que esta dimensión me resultara accesible en el discurso de los pacientes: ella permitiría acercarse estrechamente al objeto mismo que funda la transferencia en su dimensión simbólica, es decir, a lo indecible... pero aguarda, tal vez vuelva sobre esto más adelante.
Déjame insistir sobre la analogía con los pentagramas musicales. Puede ser que la más ardorosa (aunque fugaz) pasión de amor, la haya sentido yo cierta vez que un amigo me mostró una partitura orquestal. "Mira, me dijo, este sublime retornello del oboe". Yo, ay de mí, sólo veía una multitud de puntos enganchados a las líneas. ¿Qué tenía esta página de más sublime que la precedente? Sí, el amor se funda en la desposesión, se inflama con una aspiración de aire provocada por la brusca apertura a un vacío vertiginoso: una puerta se abre sobre una parte de lo humano y yo sólo veo caos, mientras que el otro descifra allí orden y voluptuosidad. Exilio redoblado, umbral que sólo puedo franquear para perderme detrás.
¿En qué punto interrumpir una sesión? Instante de ver, momento de concluir, palabra que da acceso al mensaje, metáfora, simbolización fundamental, inducción de un significado nuevo, etc. ¿Por qué no tendré del dicurso del paciente una escucha comparable al estudio que Lévi-Strauss y Jakobson hicieron de Los gatos de Baudelaire? ¿No podríamos hacer un análisis que superara la equivocidad para alcanzar la invocación? ¿Quién nos libraría de la significación que se nos adhiere a los dientes, a las palabras, que es la panza fofa del psicoanálisis?: reductora, ella nos envisca, mientras que con dedo un tanto débil y tembloroso intentamos, a través de la red del discurso de cada analizante, red ténue y frágil cómo una telaraña, señalar el horizonte del deseo.
¿Imaginas tú a un analista que trabajara con los ritmos, las aliteraciones, las cesuras y las cláusulas? Esto tiene que existir. Y debería poder transmitirse. ¿Cuándo entrará la prosodia en la formación de los analistas? La próxima vez que nos veamos, quiero que me la enseñes. Ojalá sea muy pronto."
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Laurence Bataille en 1984
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"(...) me cuesta creer en el inconsciente. Siempre quedo fascinada ante la prueba de que hay archivos bajo sello y sin embargo activos, de que hay un lugar del Otro que guía nuestras acciones de manera tan ladina y contradictoria (...) Mi oficio consiste en aliarme con quienes me lo demandan, para ir a remover esos archivos incandescentes."

(De: EL OMBLIGO DEL SUEÑO, Paidós, 1988)