19 oct. 2009

Ricardo Piglia. Literatura y psicoanálisis

La relación del psicoanálisis con la literatura, ya se sabe, no ha sido siempre feliz.

En las primeras líneas de Literatura y psicoanálisis, la conferencia que aquí presentamos, el escritor argentino Ricardo Piglia la califica de "conflictiva y tensa".

Y sí... Es exacto.

En la gran mayoría de casos (diría que en todos, pero no he leído todo, obviamente) -sea por los analistas o esa crítica literaria que se ha dado en llamar "psicocrítica"- los resultados que tiene la "aplicación" del psicoanálisis a la literatura son para olvidar.

Pero más allá de lo infortunado de estos misreadings, de que algunos escritores hayan ignorado y despreciado (a veces al mismo tiempo) al psicoanálisis (Borges, Nabokov, entre los célebres, marcaron su distancia), y de psicoanalistas que han pasado a ojos cerrados por las letras, lo cierto es que la relación entre literatura y psicoanálisis existe, no puede soslayarse y solicita elucidación.


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Propongo algo a la reflexión: ¿No fue Freud un creador de ficciones?

Se recuerda que los méritos literarios de su estilo ganaron a su obra el premio Goethe (en 1930), pero (tal vez porque no es obvio) se olvida constantemente el lugar seminal que tuvo la literatura, y más concretamente la ficción, en la invención freudiana.

Tengo para mí (es una hipótesis a desarrollar) que fue cierta incidencia (en el sentido geométrico, o sea, caída: de una línea, un rayo de luz sobre otro cuerpo, por ejemplo) del arte literario en el psicoanálisis aquello que, en el origen de su invención, permitió a Freud acceder un orden de verdad distinto al de la ciencia médica.

Ciertamente, Freud hizo notar que la manera en que eran recibidos sus primeros informes clínicos lo aproximaba más a la literatura que a la verdad de la ciencia médica; decía en los Estudios sobre la histeria:

"[...] a mí mismo me resulta singular que los historiales clínicos por mi escritos se lean como unas novelas breves, y de ellos esté ausente, por así decir, el sello de seriedad que lleva estampado lo científico. Por eso me tengo que consolar diciendo que la responsable de ese resultado es la naturaleza misma del asunto, más que alguna predilección mía; es que el diagnóstico local y las reacciones eléctricas no cumplen mayor papel en el estudio de la histeria, mientras que una exposición en profundidad de los procesos anímicos como la que estamos habituados a recibir del poeta me permite, mediante la aplicación de algunas fórmulas psicológicas, obtener una suerte de intelección sobre la marcha de una histeria".
La necesaria "exposición en profundidad de los hechos anímicos" en la creación de una disciplina inédita (del sujeto) dará lugar en Freud a otro estilo expositivo, a una nueva escritura cada vez más ajena al aire cientificista del inconcluso Proyecto de psicología (contemporáneo a los Estudios...).

De los historiales clínicos que Freud escribió entre 1892 y 1895 se ha dicho que acusan muchos rasgos del cuento naturalista del XIX, que los personajes femeninos que aparecen en sus narraciones se asemejan bastante a los que pueblan las obras de Flaubert, Balzac o Maupassant.

En un libro de memorable título: La teoría como ficción, Maud Manonni habló del estatuto fictivo que para el psicoanálisis tienen no solamente sus casos, sino en sí la doctrina analítica.

"No todo es ficción -escribe Ricardo Piglia en El último lector-, pero todo puede ser leído como ficción".

Siempre y cuando tenga lugar, podríamos añadir (como en el esquema óptico de Lacan), un desplazamiento en la posición del sujeto, una cierta inflexión en la mirada del lector.

En lo que toca a la deuda que la literatura tiene con el psicoanálisis, puede afirmarse -como lo deja claro Piglia en la conferencia- que el arte literario del siglo XX debe a la invención de Freud algunas de sus obras mayores. (La alusión al surrealismo ha sido lugar común, pero hay que recordar su sitio en las creaciones de Schnitzler, Koestler, Von Hoffmanstal, Svevo, Leiris, Perec, Sarduy, por mencionar algunos nombres además del de Joyce, quien abría a comienzos del siglo XX las puertas de la literatura del siglo XXI.)

Al final, tanto en literatura como en psicoanálisis, se trata de una experiencia en que la subjetividad se constituye como un tejido (texto) de lenguaje, en la que se revela que como sostuvo Lacan: "La verdad tiene estructura de ficción".

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Con ligeras variantes, este texto de Ricardo Piglia está incluido en su libro Formas breves (Temas, Buenos Aires, 1999; también lo hay en Anagrama) con el título "Los sujetos trágicos". Es una conferencia que el autor dictó en 1997 en Buenos Aires, con el auspicio de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

Más que interesantes, son en verdad sugerentes sus observaciones sobre el inconsciente "estructurado como un folletín", el psicoanálisis visto como "arte de la natación" y las relaciones de esta práctica con la tragedia griega y la literatura policial.

Para descargar la conferencia en Pdf basta un click en este botón.



Imágenes: "Fictional characters"; Ricardo Piglia lee El último lector