24 nov. 2009

Presentación de libro


Mañana miércoles a las 19:00 hrs. en la librería Gandhi participo en la presentación del libro Formación y especificidades en el psicoanálisis con niños, de Georgel Moctezuma Araoz, editado por la UIC. La nota que sigue la escribí como prólogo a esta publicación.


Si se compara con la enorme cantidad de literatura que, en poco más de un siglo de existencia, ha producido el psicoanálisis, los escritos que versan sobre el llamado “análisis infantil” tienden a ser escasos. Esto a pesar de que la presencia del niño o, más exactamente, de lo infantil que insiste en el adulto, se encuentra en la base misma de la invención freudiana. El conocido aforismo de la Traumdeutung, “El sueño es la realización de un deseo inconsciente”, no dejó de precisar que se trataba de un deseo infantil.

Uno de los mayores impactos que pudo tener la doctrina analítica en la cultura, fue sin duda haber sacudido la concepción que hasta entonces se tuvo de ese ser, quien por la etapa de vida que atraviesa y por mor de costumbre llamamos niño. Como es bien sabido, las teorías de Freud sobre la sexualidad infantil derrumbaron un conjunto ideales que, con claridad desde el romanticismo, querían ver en los niños el emblema de la inocencia, la pureza, lo paradisiaco originario. Pero de manera más importante, cuando en 1909 se hizo público el caso del primer niño psicoanalizado, fue posible apreciar al niño como un sujeto deseante.

El deseo infantil -mostraba Freud- brotaba del suelo de la “angustia de castración”. Puede decirse que a partir de entonces el psicoanálisis con niños se hizo realidad. Y es que, en cierta forma, Freud construyó un niño que se ajustara bien a su invención. Un niño presa, por ejemplo, de una pulsión “epistemofílica” insaciablemente dirigida al sexo que, al no encontrar respuesta (pues no la hay) que satisfaga su curiosidad, se vuelve un teórico fantástico y genial; un inveterado hedonista guiado según las leyes del principio del placer, un niño en extremo sensible al costado significante (material) de las palabras, un especialista de la pérdida que sufre incurable la nostalgia del objeto perdido, un “perverso polimorfo”, etc. Hay, pues, un niño nacido de la experiencia analítica, y se ha llegado a hablar incluso de un “niño freudiano”, un “niño kleiniano”, un “niño lacaniano”.

La existencia del “niño del psicoanálisis” exige a los analistas elaborar las articulaciones clínicas y doctrinarias necesarias para dar cuenta de su práctica con ellos. La historia de las transformaciones “técnicas” que sufrió el dispositivo analítico para dar lugar al análisis con niños es bien conocida y puede rastrearse en los libros. Sin embargo, se ha escrito mucho menos sobre las especificidades propias de esta práctica analítica, sobre la singularidad que, más allá de toda posible semejanza o equivalencia que en teoría tiene el análisis infantil con el de los adultos, surgen de la presencia efectiva de un niño en un consultorio o en un espacio analítico.

Preguntas sobre la especificidad de la transferencia infantil y el lugar que en ella tienen los padres, la temporalidad, la repetición, el final (que el autor –pertinentemente- llama “salida”) del análisis, son planteadas en este libro de un modo que no deja de articular, mediante exposiciones claras y una lectura personal y ecléctica, algunos de los conceptos que diversos analistas han aportado al saber sobre la infancia con aspectos centrales y problemas ineludibles de la práctica analítica con niños.

El segundo capítulo, “Sobre la historia del “psicoanálisis infantil” en México y su relación con el problema de la formación”, ofrece una interesante visita a los momentos en que el análisis infantil corrió el riesgo en nuestro país -aún no del todo librado, hay que decirlo- de convertirse en una “especialidad” no muy distante de la pediatría o la pedagogía. El arduo problema que ha planteado de manera histórica la cuestión llamada “formación” de los psicoanalistas, es llevado aquí a un conjunto de interrogantes que surgen de las especificidades de este ámbito de la práctica analítica.

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Ilustración de Lorena de la Rocha