2 oct. 2009

Jacques Lacan. Presentación de la señora A. C.


Es sabido que Lacan sostuvo durante más de 30 años la praxis conocida como "presentación de enfermos".

En 1953, inscribió las que realizaba el viernes por la mañana en el hospital de Sainte-Anne como parte de las actividades de enseñanza clínica de la SFP, y continuó haciendo presentaciones en ese hospital (incluso una vez interrumpido ahí su seminario) casi hasta el final de sus días. Siendo un joven psiquiatra, Lacan asistía los domingos a las presentaciones de George Dumas (a las que asistieron también, entre otros, Claude Lévi-Strauss, Jean-Paul Sartre y Raymond Aron) y a las de Gaëtan de Clérambault.

Algunos discípulos de Lacan criticaron este costado de su práctica, al no ver en ella sino la prolongación de un dispositivo psiquiátrico (que en Francia tenía su raíz histórica en las célebres presentaciones de histéricas de Charcot, las mismas que en 1885 impresionaron tanto a Freud).

Otros, sin embargo, han considerado que esta actividad no puede cercenarse de la práctica analítica de Lacan. Eric Porge, por ejemplo, señala que Lacan esperaba de las presentaciones de enfermo: "una renovación de la clínica analítica, o sea una clínica analítica no fundada en la relación dual y la mirada, como ha podido mostrarlo M. Foucault en Nacimiento de la clínica".

Ciertamente el propio Lacan enfatizó que era en tanto analista que intervenía en las presentaciones. Así pues, las presentaciones tenían vasos comunicantes no sólo con su práctica privada, también con el seminario (recuérdense -con todo su valor de "demostración clínica"- las palabras que Lacan cita de los locos que presentaba, señaladamente en el seminario sobre Las psicosis y en Le sinthome).

En el texto L'étourdit, de 1973, Lacan evocaba el dispositivo de presentación de enfermos como "un lugar para hacer una demostración clínica de este juego del dicho al decir", y añadía: "¿Dónde he hecho sentir mejor que a lo imposible de decir se mide lo real -en la práctica?".

Al sostener desde el lugar de analista un dispositivo basado en la distinción entre el decir y lo dicho, demostrativo del desliz que hay del enunciado a la enunciación, Lacan separó su práctica de una psiquiatría que hallaba sustento en la mirada alienante, a la vez que proponia una clínica de las psicosis cifrada en la recepción y escucha de la palabra alienada (finalmente, el acto tenía lugar en un manicomio) del loco.

De la efectuación de esta práctica, Lacan esperaba también que el psicoanálisis aportara a la psiquiatría una semiología que fuera del significante y no solamente del signo. (Puede leerse su aportación al debate que sobre este punto sostuvo en 1970 con George Daumezon: Apport de la psychanalyse à la séméiologie psychiatrique).

Sobre la manera en que la presentación de enfermo se anuda al lugar del analista con la estructura significante del síntoma Lacan se expresaba así el 5 de mayo de 1965:

"El psicoanalista, al introducirse como sujeto supuesto saber, es él mismo, recibe él mismo, soporta él mismo el estatuto de síntoma. Un sujeto es psicoanalista, no un sabio atrincherado detrás de categorías en medio de las cuales intenta arreglárselas, para hacer cajones en los cuales tendrá que disponer los síntomas que registra, de su paciente psicótico, neurótico u otro, pero en la medida en que entra en el juego significante, un examen clínico, una presentación de enfermos no puede ser absolutamente la misma en la época del psicoanálisis o en la época precedente [...] Si el clínico, si el médico que presenta no sabe más que una mitad del síntoma [...] es él quien tiene la carga; no hay presentación de enfermos sino diálogo de dos personas y, sin esta segunda persona, no habría síntoma acabado".

Asimismo -como en el chiste- no hay en un diálogo palabra acabada sin un tercero que desvíe hacia el lugar del Otro el circuito significante del decir. Tal era, para Lacan, la función que tenía en la presentación la silenciosa presencia del público (alumnos y analizantes de Lacan, prestadores de servicio del hospital y uno que otro que pedía autorización para estar ahí), que Lacan designaba como gente "en el ajo del psicoanálisis".

Puede decirse entonces que Lacan rompía con el cáracter especular-espectacular de la presentación de enfermos. Más que el de mero espectador, el público tenía el lugar de un tercero que era parte constitutiva del dispositivo clínico y le otorgaba un sentido analítico. A diferencia de Charcot, que en sus presentaciones privilegió el aspecto visual y buscaba la adhesión del público a las garantías pretendidamente científicas de su enseñanza, Lacan privilegiaba la escucha del decir del enfermo, y él mismo se permitía aprender de ese decir tanto como propiciaba que aprendiera el público, que no estaba ahí para recibir un saber preconstituido, sino -como el analista- para escuchar y ser sorprendido. Incluso para escuchar -decía Lacan- lo que el propio presentador podía no escuchar al estar implicado en la presentación.

En la década de 1970, Lacan efectuaba sus presentaciones en el servicio de George Daumezon, en la sala Magnan de Sainte-Anne. El 12 de marzo de 1976 tocó el turno a la señora A. C.

Ofrezco aquí para descarga en Word el texto de dicha presentación, en traducción mía.



Desconozco el origen del establecimiento de la transcripción estenotípica, pero es muy probable que saliera del cartel que, a partir de 1975 y hasta su disolución, se abocaba en la Ecole Freudienne de Paris (EFP) a la desgrabación, el establecimiento y el estudio de las presentaciones de enfermo de Jacques Lacan.