27 oct. 2009

Laurence Bataille

Hijastra de Lacan, única hija del matrimonio de Sylvie y Georges Bataille, Laurence Bataille nació en París el 10 de junio de 1930.

Al igual que su madre, se dedicó al teatro en su juventud. A los dieciséis años fue amante y modelo predilecta de Balthus, gran pintor enamorado de los gatos y las nínfulas. Con él vivió algunos años en la campiña francesa. Sus amigos recuerdan que, pese a rondar los veinticinco, Laurence vestía como una púber (vestidos de encaje, medias a tres cuartos, zapatos de charol), tenía prohibido fumar, beber alcohol y café; apenas la cena acababa el pintor la mandaba a dormir. También dicen que gracias a él obtuvo buenos papeles en el teatro.

Pero Laurence se cansó de la actuación, dejó al pintor, estudió medicina, se casó con un médico y tuvo tres hijos.

Fue miembro del partido comunista francés. En 1960 su militancia en pro de la independencia de Argelia le valió seis semanas de cárcel. Recibía tras las rejas hojas dactilografiadas del seminario de la Ética, que le enviaba Lacan. En especial su comentario sobre Antígona y la rebelión. Una carta a Donald Winnicott, de agosto de ese año, testimonia el sentir de Lacan frente a la posición de su hijastra: "[Laurence] nos ha dado mucho tormento (del que estamos orgullosos), habiendo sido arrestada por sus relaciones políticas. Está libre ahora, sin embargo, seguimos preocupados por un asunto que todavía no está cerrado".

Tiempo después, en la dedicatoria de sus Escritos, Lacan la nombraría: "Mi fiel Antígona".

En 1963 -a un año de la muerte de su padre-, comenzó a analizarse con Conrad Stein. En 1970 inició su práctica como analista. Un día, mientras discutía de teoría con Lacan, éste le sugirió hacer el pase. Sorprendida, repuso que no sabía cómo ni en qué consistía. A instancias de Lacan buscó a Jean Clavreul, responsable del pase en la EFP.

Clavreul no sabía dos cosas: 1) Que era la hijastra de Lacan, y 2) cómo proceder. Por un lado, quien solicitaba el pase no era miembro de la EFP, ni le interesaba serlo. Además Stein, su ex-analista, era miembro titular de la SPP (¿Cómo podría (ella y él) devenir AE?). La solución de Clavreul fue pedirle a Laurence que pidiera ingresar a la EFP, para ver si el jurado (del que él era parte) aceptaba su postulación (jamás precisó, al parecer, si era indispensable o no que fuera miembro de la Escuela para hacer el pase). Ella -obviamente- rechazó esa opción. No obstante, poco después recibió por escrito la noticia de su adhesión. La rechazó. Dijo que prefería pensarlo antes de entrar. Simatos le aconsejó apurarse, ya que el anuario de miembros se hallaba en prensa. En ese entonces (1971), los estatutos que hacían funcionar (o no) los dispositivos de la EFP estaban estipulados, escritos de puño y letra de Lacan, pero se ve que el espíritu de la letra disolvíase en la praxis. Cuando llegó el día de su pase, Laurence aún no sabía si entrar o no a la Escuela. El pase fue rechazado. Finalmente quiso ingresar. Fue admitida. (Es la versión de ella, según Roudinesco). Permaneció en la EFP hasta verla disuelta.

Entre 1976 y 1978 dirigió la revista Ornicar?. Publicó artículos -algunos brevísimos, fulgurantes, fieles a la enseñanza lacaniana.

Fue parte de la École de la Cause Freudienne ("La escuela de los que aún me aman", según dijo Lacan una vez). Pero pronto dimitió, en 1982. Según Roudinesco, "(...) para señalar su desacuerdo con la manera en que Miller utilizaba las circulares firmadas por Lacan como textos legislativos de una escuela que el maestro no había fundado".

Decía Bataille en su carta del 25 de noviembre:
"La utilización de los textos firmados por Lacan a partir de 1980 fue tal vez útil durante algún tiempo. Se perpetúa por su publicación en el anuario. ¿Serían incapaces aquellos a quienes la Escuela dispensa su formación de sostenerse sin ese sostén? Serían incapaces entonces de hacer frente a su título de analistas -lacanianos, se entiende-. Es una contradicción que ya no puedo asumir. No podría ocupar ya el lugar de un analista si siguiera aceptándola. Por eso presento mi dimisión de la Escuela de la Causa Freudiana".
Poco después, a propósito del affaire legal que suscitó la versión Stécriture de "La transferencia..." se pronunció a favor del libre establecimiento y la difusión de los seminarios de Lacan (sin atacar directamente a Miller, su cuñado).

Murió en 1986, de un cáncer de hígado fulminante.

Roudinesco la recuerda de esta manera:
"Laurence Bataille fue una mujer excepcional. Se parecía a esas trágicas heroínas de las películas de David Wark Griffith, pero su radicalismo la acercaba sobre todo al personaje de Antígona. Era generosa, sensible, inteligente, abierta a todas las formas de rebelión humana, y se convirtió en una de las mejores psicoanalistas de su generación, ocupando un lugar central en el serrallo del movimiento lacaniano".
Philipe Sollers la recuerda a su vez: en el único encuentro que tuvo con ella, confesó a la hija la admiración que sentía por la obra de Georges Bataille: "¡Oigame no! -respondió Laurence-, cuando se escriben ciertas cosas, se debería pensar en su progenie".
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Laurence y Georges Bataille, ca. 1938
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"¿ATENCIÓN FLOTANTE?

En la época de este descubrimiento, el pintor Balthus y el escultor Giacommetti dijeron en mi presencia, ante la simple vista de una reproducción: "Es una falsificación". Sin embargo, todos los exámenes de la tela y los pigmentos probaban que se trataba de un cuadro del siglo XVII. "¿En qué lo notan?", pregunté asombrada. "Puedes ver que la construcción no tiene ningún interés (yo no lo veía): por lo tanto, no puede ser un Vermeer. Además a ningún pintor de aquellos tiempos se le hubiera ocurrido construir un cuadro de esa manera. Así que no se trata de una atribución errónea, sino de una falsificación."

Muchos años después asistía yo a la presentación de enfermos de Lacan; aquel día el enfermo, de unos cincuenta años, deliraba profusamente. Al cabo de una hora de entrevista Lacan le pidió que leyera unas líneas de un periódico; después para mi creciente sorpresa, le sometió un pequeño cálculo que el hombre efectuó con bastante facilidad. Una vez retirado el enfermo, Lacan pidió ya no recuerdo qué examen cerebral.

Viéndome sorprendida, Lacan me dijo que probablemente se trataba de una demencia senil. Yo le dije: "Realmente hubiera creído que se trataba de una psicosis". Y Lacan replícó: "No tiene las mismas aristas". También esta vez, la "construcción" se oponía a mi error. También esta vez, no supe más de ello.

¿Llegaré algún día a entender esas aristas, esa construcción? Los expertos y la crítica se engañan porque juzgan por los detalles; pero hasta un pintor como Vasari, que sabía tanto de pintura, de su teoría y de su técnica, no hizo más que cuadros aburridísimos.".
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Balthus. La habitación
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Balthus. Desnudo con gato
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"¿QUÉ ES UN VERSO? (Carta a M. Josée Lapeyrére)

Querida Josée. Después de ese diálogo telefónico en que el azar de la conversación nos reunió en torno de nuestras preocupaciones del momento, quedé en cierto modo pegada al teléfono. Hablábamos de la interrupción de las sesiones y tú me conectaste con una dimensión que por desdicha me falta: la poesía.
... "Basta con escuchar poesía para que en ella se deje oír una polifonía y para que cualquier discurso revele desplegarse sobre varios pentagramas de una partitura"; esta frase de Lacan permanece desesperadamente presente en mi memoria, tanto quisiera yo que esta dimensión me resultara accesible en el discurso de los pacientes: ella permitiría acercarse estrechamente al objeto mismo que funda la transferencia en su dimensión simbólica, es decir, a lo indecible... pero aguarda, tal vez vuelva sobre esto más adelante.
Déjame insistir sobre la analogía con los pentagramas musicales. Puede ser que la más ardorosa (aunque fugaz) pasión de amor, la haya sentido yo cierta vez que un amigo me mostró una partitura orquestal. "Mira, me dijo, este sublime retornello del oboe". Yo, ay de mí, sólo veía una multitud de puntos enganchados a las líneas. ¿Qué tenía esta página de más sublime que la precedente? Sí, el amor se funda en la desposesión, se inflama con una aspiración de aire provocada por la brusca apertura a un vacío vertiginoso: una puerta se abre sobre una parte de lo humano y yo sólo veo caos, mientras que el otro descifra allí orden y voluptuosidad. Exilio redoblado, umbral que sólo puedo franquear para perderme detrás.
¿En qué punto interrumpir una sesión? Instante de ver, momento de concluir, palabra que da acceso al mensaje, metáfora, simbolización fundamental, inducción de un significado nuevo, etc. ¿Por qué no tendré del dicurso del paciente una escucha comparable al estudio que Lévi-Strauss y Jakobson hicieron de Los gatos de Baudelaire? ¿No podríamos hacer un análisis que superara la equivocidad para alcanzar la invocación? ¿Quién nos libraría de la significación que se nos adhiere a los dientes, a las palabras, que es la panza fofa del psicoanálisis?: reductora, ella nos envisca, mientras que con dedo un tanto débil y tembloroso intentamos, a través de la red del discurso de cada analizante, red ténue y frágil cómo una telaraña, señalar el horizonte del deseo.
¿Imaginas tú a un analista que trabajara con los ritmos, las aliteraciones, las cesuras y las cláusulas? Esto tiene que existir. Y debería poder transmitirse. ¿Cuándo entrará la prosodia en la formación de los analistas? La próxima vez que nos veamos, quiero que me la enseñes. Ojalá sea muy pronto."
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Laurence Bataille en 1984
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"(...) me cuesta creer en el inconsciente. Siempre quedo fascinada ante la prueba de que hay archivos bajo sello y sin embargo activos, de que hay un lugar del Otro que guía nuestras acciones de manera tan ladina y contradictoria (...) Mi oficio consiste en aliarme con quienes me lo demandan, para ir a remover esos archivos incandescentes."

(De: EL OMBLIGO DEL SUEÑO, Paidós, 1988)