22 jun 2011

Georg Groddeck, por él mismo

Al iniciar el post no lo sabía pero, en haciéndolo, vine a enterarme de que Georg Groddeck -el autodenominado "psicoanalista silvestre"- murió -aunque años antes (14.6.1934)- el mismo día que Jorge Luis Borges. (No quiero que el blog se me vuelva una esquela inconsciente de sucesos mortuorios. De cualquier modo aquí va el post).
      Groddeck (nacido en 1866) redactó esta nota autobiográfica hacia 1933. La traduzco del número especial que la revista francesa L' Arc dedicara al autor de El libro del Ello.

Groddeck Georg. Dr. med. Médico, propietario y director del Sanatorio Dr. Groddeck, en Baden-Baden. Nacido el 13.10.1866. en Bad Kösen. -Padre: Médico Dr. med. Carl Groddeck. -Madre: Carolina, nacida Koberstein. -Casado con Emmy, nacida Larsson. -Luego de estudios secundarios en el gimnasio Schulpforta, donde aprobó su examen de madurez, G. se consagró al estudio de la medicina en la Facultad Militar de Berlín, donde fue recibido Dr. med. el 4.10.1889. Nombrado médico adjunto en la Caridad el 15.2.1890, fue recibido el 15.8.1891 como médico asistente de segunda clase en el regimiento 35o del principado de Brandenburgo,  para ser liberado en marzo de 1897 con grado de Mayor. Después trabajó como médico asistente de Ernst Schweninger en su sanatorio en Berlín, más tarde como médico jefe y luego se instaló en Baden-Baden.
     Como alumno de Ernst Schweninger, a quien lo ligaba una amistad, ha seguido su enseñanza de pionero en la práctica. Sus relaciones con la gran medicina del siglo pasado han hecho que su actividad sea requerida por enfermos que habían pasado ya por muchos tratamientos. Groddeck ha buscado nuevas vías en el arte de curar. Ha establecido que las enfermedades llamadas orgánicas tienen también, sin excepción, raíces psíquicas. Para hacer comprensible su tratamiento, a sí mismo como a los demás, ha retomado de una frase de Nietzsche el término "ello" para designar las fuerzas desconocidas cuya suma significa la vida humana, y que, por lo tanto, la hacen sana o enferma. Dado que el ello no es ni físico ni psíquico, sino que esas dos maneras de ser son sus funciones, Groddeck se ha visto llevado a tratar simultáneamente a sus enfermos a partir de estos dos puntos de vista. En el método de proceder psicofísicamente se ha reforzado con el estudio del psicoanálisis freudiano. Los éxitos le han comprobado que su idea fundamental es cierta. Ha sido el primer médico, y durante muchos años el único, en haber explotado el condicionamiento de lo físico por lo psíquico y a la inversa, en la actividad médica. Ha consignado sus opiniones en artículos de revista y en algunos trabajos de tenor más general, y en los libros siguientes: Nasamecu, La determinación psíquica de las afecciones orgánicas; El libro del Ello; El ser humano como símbolo; El buscador de almas, una novela psicoanalítica.

Groddeck, de cuerpo entero
De: George Groddeck, L' Arc, no.78, 1er trimestre 1980, p. 5
Trad. del francés Gabriel Meraz

14 jun 2011

I remember Borges

Se oponía tanto a la esclavitud que había empezado a incluir prosa y poesía en el mismo libro, de modo que no hubiera fronteras arbitrarias entre ellas.
                    Ishmael Reed, citado por Paul Metcalf

Jorge Luis Borges murió el 14 de junio de 1986, hoy hace veinticinco años. A semanas de cumplir ochenta y siete, murió en Ginebra, ciudad que eligió como última morada y donde vivió parte de su adolescencia. Se ha dicho, sobre su elección, que se negó a ofrecer a la tierra que lo vio nacer el espectáculo de su agonía. Prefirió, durante sus últimos meses de vida, aplicarse al estudio del árabe. En Ginebra se quedó enterrado por su propia voluntad y algunos vieron ese gesto postrero, definitivo, como una displicencia a la nación, así como la cereza en el pastel de una presunta tendencia extranjerizante que habría mantenido en vida. Pero lo cierto es que -para los argentinos- Borges parece ser el más argentino de los escritores, mientras que para el resto del mundo acaso ha sido y sigue siendo el argentino más universal.
     Creador de piezas fundamentales de la literatura del siglo XX, al leer a Borges nos parece oír la voz de un hombre cuya escritura plantó un pie en el siglo XIX y otro en el siglo XXI. Tal vez sea esa tensión que desafía la temporalidad una de las claves por las que su obra hoy parece no tener fecha de caducidad. Pionero en el arte de mezclar géneros literarios, fue un maestro en el de abolir fronteras entre prosa y poema, entre ficción y pensamiento puro. De un cartesianismo impecable, Borges fue un escritor de su tiempo (como pocos quizás) que miró a las letras del pasado -incluso a las más ancestrales, a los textos llamados "sagrados"- para imaginar (y quizás sin saberlo, sin quererlo, ¿qué sé yo?, inventar) la literatura futura, el pulso de los libros que vendrán.
     Borges -para quien el tiempo era la desdichada sustancia que somos- imaginó el Paraíso como una vasta biblioteca (¿y quién podría jactarse de trabajar a diario en "el Paraíso"?); más aún, concibió el mundo como un libro y el universo como una biblioteca infinita cuyos signos dispersos nos escriben en un alfabeto cuya ley ignoramos, y que -en este punto insistía- nos duplica al desdoblarnos. (Que el lenguaje nos divide, pues, dirían desde otro lado los psicoanalistas.) Visto así, la existencia no consistiría sino en el ejercicio de aprender a leer los trazos del dios desconocido para descifrar el enigma de nuestro destino. (¿Y no sería ése uno de las desafíos que Borges impone a su lector?)
     Hijo de un profesor de psicología que no otorgaba el menor crédito a dicha disciplina, a Borges no le cayó bien el psicoanálisis (cuyas diferencias básicas con la psicología quizás no llegó a discernir, prueba es que se decantara en cierto momento a favor de Jung y en contra de Freud). A lo largo de su larga vida, el autor de El Aleph no escatimó en opiniones negativas, contundentes contra el invento de Freud, a quien consideraba -según declaró sin ambages- "un viejo chismoso". También es fama que definió el aparato psíquico freudiano como "la triste mitología de nuestro tiempo", y que aseguró que el psicoanálisis era "la rama obscena de la ciencia-ficción". En el monumental diario de los encuentros que sostuvo con su gran amigo, Bioy Casares consignó estas palabras de Borges: "Yo creo que el secreto del éxito del psicoanálisis está en la vanidad de la gente; te das cuenta, poder hablar todo lo que uno quiere, de uno mismo, y que lo escuchen con interés y aun poder hablar de la infancia". (1959)
     Nada de eso, sin embargo, impidió a nuestro autor aceptar la invitación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires para brindar tres conferencias entre 1980 y 1982, tres bellas y amenas charlas que tuvieron como tema: "Los sueños y la poesía", "El poeta y la escritura", y el pensamiento de Spinoza. (Un fragmento de la primera se puede leer aquí). Se dice (la tesis era de Proust) que todo gran escritor inventa una nueva lengua. Siendo además de un soñador memorioso un coleccionista de sueños y recuerdos ajenos, es muy probable que sin el idioma de Borges hoy seríamos más mudos y más sordos en la Babel onírica de nuestro espíritu.
     Y más ciegos en nuestro propio laberinto.


     Aquí unos versos que escribió sobre la efigie de Edipo, y la esfinge:

Edipo y el enigma

Cuadrúpedo en la aurora, alto en el día
Y con tres pies errando por el vano
Ámbito de la tarde, así veía
La eterna esfinge a su inconstante hermano,
El hombre, y con la tarde un hombre vino
Que descifró aterrado en el espejo
De la monstruosa imagen, el reflejo
De su declinación y su destino.
Somos Edipo y de un eterno modo
La larga y triple bestia somos, todo
Lo que seremos y lo que hemos sido.
Nos aniquilaría ver la ingente
Forma de nuestro ser; piadosamente
Dios nos depara sucesión y olvido.

Del libro El otro, el mismo (1964)

1 jun 2011

Julien Green sobre el psicoanálisis


El 18 de marzo de 1948 Julien Green (1900-1998) anotó en su famoso diario:
"Lo que siempre me ha parecido curioso y atrayente en el psicoanálisis, que mal conozco por lo demás, es que ahonda en el misterio del alma sin aclararlo mucho; más avanza, más densa es la oscuridad; cuando resuelve un interrogante, siempre hay detrás de éste un nuevo interrogante, que a su vez esconde otro mayor".
Por más que mal lo conociera, las palabras del escritor son tan ciertas como el hecho de que si la revelación suele abolir el misterio, la esperiencia de un análisis brinda revelaciones que en un alto grado resultan misteriosas.

28 may 2011

Antonin Artaud: el pensamiento como enfermedad

Un fragmento de mi artículo La escritura de un cuerpo imposible: Antonin Artaud, publicado en el último número de la revista Litoral.
Artaud, fotografiado por Man Ray en 1926
  
Del pensamiento como enfermedad: el hombre piensa con su cuerpo

El pensamiento consiste en que hay palabras que introducen en el cuerpo ciertas representaciones imbéciles, y ya está, ahí tienen la clave del asunto; aquí tienen lo imaginario.
                                                                                                                                          J. Lacan[1]

 La cuestión del pensamiento tal y como Artaud la plantea muestra una dislocación del cogito cartesiano en la que el sujeto -más que alcanzar por esta vía la garantía de su existencia- es arrojado a una suerte de abismo donde reina la desposesión del yo y la negatividad del ser[2]. Muchos escritos tempranos de Artaud consignan la manera en que la facultad de pensar llegaría a convertirse para él en una suerte de enfermedad. Básicamente, ésta consistía en una perpetua sensación de robo, de pérdida, de extravío de las ideas en su relación con la lengua. Escribe en esos años: “Yo sufro de una espantosa enfermedad de la mente. Mi pensamiento me abandona en todos los peldaños. Desde el hecho simple del pensamiento hasta el hecho exterior de su materialización en palabras.” (I, 30) Ya desde entonces, como antes vimos, Artaud denunciaba la existencia de una entidad de orden exterior, un “algo” que lo arrojaba a una sensación de vértigo e insuficiencia en el momento de pensar, “algo” que usufructuaba sus palabras:

Así pues hay un algo que destruye mi pensamiento, un algo que no me impide ser lo que podría ser, pero que me deja, como quien dice, en suspenso. Un algo furtivo que me despoja de las palabras que he encontrado, que disminuye mi tensión mental, que va destruyendo la masa de mi pensamiento en su sustancia. (I, 36)

El robo implica la sustracción de las palabras y anula la posibilidad de expresión en la misma medida en que el lenguaje ofrece una vestimenta conceptual a las ideas, y para Artaud: “la verdad de la vida está en la impulsividad de la materia, el espíritu del hombre está enfermo en medio de los conceptos”. (I, 357) En los pasajes citados, se observa que Artaud asumía que el pensamiento no se reduce a una actividad inmaterial del espíritu (“la masa de mi pensamiento”), le atribuye cualidades físicas, incluso, en ciertos momentos, llega a describirlo como una secreción corporal, una excrecencia. La materialidad de la idea de la que hablaba Artaud impugna la escisión occidental entre el cuerpo y el espíritu, contradice el dicho de Aristóteles (que a Lacan le gustaba citar) según el cual “el hombre piensa con su alma”. Está claro que, para Artaud, el hombre piensa con su cuerpo.
Así, nos habla de “la apariencia física del sueño” (I, 158), de la caída de “aerolitos mentales” (I, 112), de sufrir de una “cristalización sorda y multiforme del pensamiento” (I, 66) y de la “descorporización de la realidad” (I, 75). De un dolor arraigado “en ese lugar de la sensibilidad en que los dos mundos del cuerpo y del espíritu se encuentran” (I, 136). Se define también como “un alma atacada fisiológicamente” (I, 104), y escribe que su “espíritu se ha abierto por el vientre” (I, 76). Para Artaud, entonces, el espíritu no posee menos materialidad que un cuerpo, y las facultades que le son propias no están desprovistas de cualidades somáticas. En la mecánica espiritual de Artaud se piensa con nervios y tejidos, con huesos y carne, y tal parece que las ideas acaban por convertirse en materia, sustancia, órgano, o incluso un ensamble de objetos que han perdido sus cualidades más esenciales:

He llegado a un punto en que las ideas ya no las siento como ideas, como encuentros de cosas espirituales, que tienen en sí el magnetismo, el prestigio, la iluminación de la absoluta espiritualidad, sino como simples ensambles de objetos .(I, 349)

Frases como éstas, y las citas podrían multiplicarse sin dificultad, no construyen metáforas; en cambio, parecen dar cuenta del funcionamiento metonímico del intelecto, cuya característica sería el deslizamiento continuo en pos de un objeto elidido.
Será su continuidad perpetua (cualidad que en su filosofía Henri Bergson denominó duración[3]), lo que brinda al pensar su carácter álgido: “El verdadero dolor es sentir el pensamiento desplazarse en uno mismo” (I, 117). De esta suerte de “automatismo psíquico”[4] vivido como una enfermedad, Artaud intentará librarse en esos años mediante la escritura. Un testimonio perentorio de esta tentativa fue aportado por la célebre correspondencia que sostuvo entre 1923 y 1924 con Jacques Rivière. En ella, Artaud aseguraba al director de una importante revista[5] que la supuesta “imperfección literaria” que acusaban sus poemas se debía a esa “espantosa enfermedad de la mente” que lo mantenía presa. Dicho padecer, vivido como un auténtico desposeimiento de sí mismo, lo llevará a intentar fijar desesperadamente, en el espacio físico de la escritura, las “formas” que como verdaderas flechas cruzaban su pensamiento.  Escribía Artaud a Rivière: “Así que cuando puedo agarrar una forma, por imperfecta que sea, la fijo, temeroso de perder todo el pensamiento.” (I, 35) En ese momento, pensar y escribir llegan a ser sinónimos: “No se trata para mí más que de saber si tengo derecho o no a seguir pensando, en verso o en prosa.” (I, 35) Pensar lo impensable, expresar lo inexpresable, serán tareas a las que Artaud se aboque durante los próximos años con una determinación sin precedentes. Producto de tales esfuerzos son los textos recogidos en libros como L’ombilic des limbes, Le Pèse-nerfs, L’art et la mort[6]. Sin embargo, la fijación del pensamiento mediante la escritura, la detención de su flujo incesante, terminará por convertir el ejercicio escritural en un juego de paradojas donde el pensamiento no saldrá con vida, en una suerte de sofisma destinado a evidenciar tanto la imposibilidad del pensamiento como la del mismo hecho de escribir. En una carta escrita desde Rodez, en 1946, Artaud evocaba en estos términos la imposibilidad que siempre acompañó su entrada en la escritura:

La mayor parte de mis libros y mis poemas están dedicados a decir que yo no podía decir nada ni escribir nada y a señalar mi repugnancia, yo tenía un sentimiento verdadero que cabía en una frase, quería apoyarla en un poema entero como un verdadero ladrillo en todo un muro y no lo lograba[7].

Para definir su estado, o al menos intentarlo, Artaud inventó el término impouvoir (“impoder”). Una imposibilidad del pensamiento que se volvía inmanente al acto de la escritura; citando al “divino Platón”, Artaud acabará por decir que “el pensamiento se perdió el día en que una palabra fue escrita”; porque “escribir es impedir al espíritu que se agite en medio de las formas como una vasta respiración. Pues la escritura fija al espíritu y lo cristaliza en una forma, y de la forma nace la idolatría”[8]. Así pues, en el momento de su escritura, el pensamiento se ve reducido a la categoría de un objeto inerte, materia muerta y corruptible susceptible de convertirse en un fetiche más de la cultura. Esta condición hacía de la experiencia del pensamiento, en Artaud, “una falta” -escribe Blanchot- “que produce un dolor extremo, una deficiencia que de inmediato irradia a partir de ese centro y, consumiendo la substancia física de lo que está pensando, se divide a todos los niveles en muchas imposibilidades particulares”[9].
Veremos que en esa falta, en ese dolor punzante en el cuerpo, Artaud afianzaría su derecho a la escritura y templaría las bases de su estilo[10].

Cahier nº 253, autorretrato 1947
De: Gabriel Meraz, La escritura de un cuerpo imposible: Antonin Artaud, LITORAL número 43, revista de la école lacanienne de psychanalyse, abril  de 2011.

[1] “La tercera” (1974), en Actas de la Escuela Freudiana de Paris, Petrel, Barcelona, 1980, p. 163.
[2] Acerca de la desposesión de sí mismo de la que ha­­blaba Artaud, comenta Blanchot: “Debe colocarse en primer lugar la desposesión y no ya la totalidad inmediata de la que esta desposesión aparecería primero como la simple carencia. Lo que es primero no es la plenitud del ser, es la grieta y la fisura, la erosión y el desgarramiento, la intermitencia y la corrosiva privación; el ser no es el ser, es esta carencia de ser, carencia viva que hace a la vida desfalleciente, inasible, inexpresable salvo por el grito de una feroz abstinencia”. M. Blanchot, El libro que vendrá, Monte Ávila, Caracas, 1993, pp. 27-28.  El dislocamiento consiste, entonces, en que el punto de partida es la radical negatividad, el kénos, que sostiene al sujeto pensante.
[3] Jacques Derrida llegó a señalar, no sin reservas, la “vena bergsoniana” de Artaud, en “La palabra soplada”, La escritura y la diferencia, op.cit., p.246. Sin que ello signifique la existencia de un mero influjo, en las conferencias que dictó en México puede comprobarse que Artaud conocía la obra del filósofo de L’ Evolution Créatrice.
[4] Y aquí cabe señalar, con todas las reservas que ello implica, una curiosa cercanía con la experiencia que describe el Presidente Schreber, cierta “compulsión a pensar”, definida como “una coacción a pensar incesantemente, mediante la cual el derecho natural del hombre al descanso mental, al reposo transitorio de la actividad de pensar, por vía de no pensar nada, resulta menoscabado, o como reza la expresión del lenguaje primitivo, se perturba el “subsuelo” del hombre”. Memorias de un enfermo nervioso, Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1979, p. 177.
[5] La Nouvelle Révue Française (N. R. F.).
[6] Sobre los textos que escribió Artaud en la década de 1920, comenta Susan Sontag: “En toda la historia de la escritura en primera persona no se encuentra un registro tan incansable y detallado de la microestructura del dolor mental.” S. Sontag, “Un enfoque a Artaud”, en Bajo el signo de Saturno, Lasser Press, México, 1981, p. 29.
[7] A. Artaud, Cartas desde Rodez, Fundamentos, Madrid, 1976, p. 224.
[8] A. Artaud, México y Viaje al país de los tarahumaras, F. C. E., México, 1995, p. 129.
[9] M. Blanchot, El libro que vendrá, Monte Avila, Caracas, 1993, p. 27.
[10] En Rodez, escribía Artaud en una carta: “No escribo más que lo que yo he sufrido medida por medida de mi cuerpo y punto por punto de todo mi cuerpo, lo que escribo lo he encontrado siempre a través de las angustias, las angustias de la moral de mi cuerpo.” A. Artaud, Cartas desde Rodez 3, Fundamentos, Madrid, 1979, p, 93.

26 may 2011

Litoral 43

Ha aparecido el último número de Litoral. Es exacto que se trata del último pues -según lo anuncia una nota editorial- la revista dejará de editarse. Sin duda, es una pena que así sea, y es el fin de una era en las publicaciones psicoanalíticas en castellano.

El último número de Litoral se presentará el próximo 23 de junio.

Así dice la invitación de la revista:

La revista Litoral es una publicación de l' école lacanienne de psychanalyse producida en México.

Este número 43 no es una excepción en lo que Litoral se ha propuesto abordar en cada publicación: alcanzar aquellas manifestaciones que llegan a problematizar la existencia cotidiana y provocan transformaciones subjetivas.

Esta vez reúne expresiones plásticas, no académicas, que plantean un horizonte nuevo e insólito. Presenta una obra de teatro, considerada una pieza mayor de la dramaturgia mexicana, y ejercicios o ensayos literarios y filosóficos e históricos. Se encontrará en ella una entrevista a Carlos Monsiváis, para recordarlo y homenajearlo.

Los lectores de esta invitación podrán apreciar su contenido leyendo el índice de los artículos y sus autores.

Lo invitamos a la presentación de Litoral 43 que se efectuará el jueves 23 de junio a las 20 horas en el Museo de Arte Carrillo Gil.

Click aquí para ver los detalles de la Presentación y el índice de la revista.

18 may 2011

Revista Litoral, números 33-42


Litoral, revista de la école lacanienne de psychanalyse, en un gesto generoso en términos de transmisión ofrece sus diez números más recientes para descarga en pdf.

Click aquí para ir al enlace.

10 may 2011

Michel Foucault. Lacan, el "liberador" del psicoanálisis

Esta mini-entrevista de Michel Foucault (1926-1984) fue publicada en un diario italiano el 11 de septiembre de 1981, a dos días de la muerte de Lacan.


-J. Nobécourt -Suele decirse que Lacan ha sido el protagonista  de "una revolución del psicoanálisis". ¿Piensa que es exacta y aceptable esta definición de "revolucionario"?

M. F.-Yo creo que Lacan habría rechazado ese término de "revolucionario" y la idea misma de una revolución en psicoanálisis. Él quería simplemente ser "psicoanalista". Lo que a sus ojos suponía una violenta ruptura con todo lo que tendiera a hacer que el psicoanálisis dependiera de la psiquiatría, o a hacerlo un capítulo algo sofístico de la psicología. Él quería sustraer al psicoanálisis de la proximidad, que consideraba peligrosa, de la medicina y las instituciones médicas. Buscaba en él no un proceso de normalización de los comportamientos, sino una teoría del sujeto. Es porque, pese a la apariencia de un discurso extremadamente especulativo, su pensamiento no era ajeno a los esfuerzos que se habían hecho para cuestionar las prácticas de la medicina mental.

-Si Lacan, como usted dice, no ha sido un revolucionario, es totalmente cierto que sus obras han tenido una influencia muy grande en la cultura en las últimas décadas. ¿Qué es lo que ha cambiado después de Lacan en los modos de ser de la cultura?

M. F.- ¿Qué ha cambiado? Si me remonto a los años cincuenta, la época donde el estudiante que yo era leía las obras de Lévi-Strauss y los primeros textos de Lacan, me parece que la novedad era la siguiente: descubríamos que la filosofía y las ciencias humanas vivían sobre una concepción muy tradicional del sujeto, y que no era suficiente decir, con algunos, que el sujeto era radicalmente libre, y con otros, que estaba determinado por condiciones sociales. Nosotros descubrimos que había que buscar liberar todo lo que se esconde detrás del empleo aparentemente simple del pronombre "yo" [je]. El sujeto, una cosa compleja, frágil, de la que es tan difícil hablar, y sin la cual no podemos hablar.

-Lacan tuvo muchos adversarios. Fue acusado de hermetismo y de "terrorismo intelectual". ¿Qué piensa de esas acusaciones?

M. F.- Pienso que el hermetismo de Lacan se debía al hecho de que él quería que la lectura de sus textos no fuera simplemente una "toma de conciencia" de sus ideas. Él quería que el lector se descubriera él mismo [lui-même] como sujeto del deseo a través de esta lectura. Lacan quería que la obscuridad de sus Escritos fuera la complejidad misma del sujeto, y que el trabajo necesario para comprenderlo fuera un trabajo a realizar sobre sí mismo [soi-même]. En cuanto al "terrorismo", solamente subrayaré una cosa: Lacan no ejercía ningún poder institucional. Los que lo escuchaban querían escucharlo, precisamente. Solo aterrorizaba a los que tenían miedo. La influencia que uno ejerce nunca puede ser un poder que se impone.

Trad. Gabriel Meraz.

Lacan, le "libérateur" de la psychanalyse, de Dits et écrits (IV) , Gallimard, Paris, 1994, pp. 204-205.

5 may 2011

Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard

L'art de la lecture. On ne lit bien que ce qu'on lit dans un certain dessein tout personnel. Ce peut être d'acquerir tel pouvoir. Ce peut être la haine de l'auteur.
                                                                                                             Paul Valéry. Tel quel

Hace tiempo que tenía ganas de leer este libro de Pierre Bayard. Al igual que él, una época dí cursos sobre literatura y, al igual que a él, dicha actividad me puso en la situación de tener que hablar de libros que no había leído. En eso yo me parecía a mis alumnos, y mis alumnos se parecían a los alumnos de Bayard. Lo cierto es que todos -o al menos "todos los que leemos libros", como decía de Quincey al inicio de una obra célebre que no acabé de leer- alguna vez nos hemos visto en la necesidad de pronunciarnos acerca de libros que no hemos leído.

Pero es que entre haber leído o no un libro no hay tanto dos polos opuestos como una vasta gradación de experiencias, que van de una no-lectura radical (no abrir el libro) a formas diversas de lectura que -de acuerdo con la propuesta de Bayard- terminarían siendo, más bien, formas de no-lectura. Más que un manual del tipo cómo desenvolverse en sociedad y dárselas de esnob, o cómo seducir mujeres cultas, más que una incitación a la impostura o una invitación a la haraganería, el libro de Bayard ofrece una lúcida y sugerente teoría de la lectura, que invita a verla como una experiencia de no-lectura o deslectura. (No olvidemos que corren tiempos de no leer y este libro, desde el titulo, no está desprovisto de ironía.)

Partamos de un conjunto de hechos evidentes: 1) así dedicáramos la vida entera a la lectura, el número de libros no leídos será infinitamente mayor al de los libros que podremos leer;  2) no se requiere leer un libro de principio a fin (a veces ni siquiera abrirlo) para poder tener una apreciación del contenido;  y 3) gran parte de lo que leemos, casi todo, cae en el olvido apenas pasamos la página.

De hechos tan notorios como éstos, Bayard desprende otros que acaso no lo son en primera instancia: 1) un libro no es un objeto fijo e inerte sino uno vivo y móvil, que tiende a variar y a transformarse frente a los ojos de cada lector. 2) Para hablar de un libro es necesario (e inevitable)  poner algo de uno mismo y mantener una cierta distancia del libro del cual pretendemos hablar. 3) Si buena parte de lo leído es sepultado en las aguas del Leteo, para fines de comentario no hay gran diferencia entre un libro leído y olvidado y uno que jamás hemos abierto.

Subyace a todo esto una concepción de la lectura como pérdida. Escribe Bayard:
"El hecho de que los libros no estén vinculados al conocimiento sino también a la pérdida de memoria, incluso a la pérdida de identidad, es un elemento que debe tenerse presente en toda reflexión acerca de la lectura (...) Leer no es sólo informarse, también -y quizás ante todo- es olvidar, y significa por tanto enfrentarse a lo que en nosotros es olvido de nosotros mismos".
Ya Platón, en su carta séptima (que leí pero no recuerdo), veía en la escritura la causa de un deleznable olvido; si para el divino filósofo "conocer es recordar", leer no sería entonces sino olvidar lo que sabemos: el signo escrito es una falsa memoria, además de ser exterior. Así también para Bayard, antes de vincularse al conocimiento, la lectura es el lugar de una pérdida y una evanescencia, el epicentro de un desconocimiento.

Es el bibliotecario de "El hombre sin atributos", la novela de Musil (un personaje que, pese a su profesión, sólo conoce el título de los libros que resguarda, un bibliotecario que no lee) quien brinda el ejemplo de un no-lector radical que, con todo, sabe orientarse perfectamente en el no muy orientable mundo de las bibliotecas, sabedor de que los libros se relacionan entre sí, además de por su contenido, por sus pastas y solapas, y especialmente por el lomo de sus títulos. Es decir que, en la medida en que todo libro está unido a otros libros, lo importante es saber discernir -y construir- el contexto al que en la experiencia de cada uno quedará ligada tal o cual lectura, lo que equivale a edificar, según las categorías de Bayard, una suerte de "biblioteca interior" a partir de una "biblioteca colectiva".

Con la figura de Paul Valéry, que aunque tenía la cara de un erudito ratón de biblioteca era más bien un empedernido no-lector, Bayard ilustra otra manera de (no) leer: la hojeada. De acuerdo con el autor de El cementerio marino, para avanzar en el tupido bosque de las letras sin perderse ni sucumbir al fárrago que constituyen los demasiados libros, es preciso no dejar de ver que la esencia de la literatura (o lo que él entendía por eso) jamás será contenida en un solo libro (aquí es donde Valéry dice no al ideal mallarmeano de "El Libro"), no podría ser aprehendida sin una visión de conjunto que nos permitiera andar bien orientados en el babélico universo de una biblioteca infinita.  De Montaigne a Oscar Wilde, de Balzac a David Lodge, pasando por Natsume Sôseki y Umberto Eco, entre autores cuyas obras Bayard presume haber hojeado o desconocer, se van desgranando las claves de una teoría de la lectura que es una invitación a ver en ella un ejercicio de invención, un acto de creación y de encuentro con uno mismo, en suma, a ver la lectura como una no-lectura.

Si quisiera verse en el libro de Bayard una diatriba ésta sería contra el lector pasivo. Sí como decía Lichtenberg, hay gente que lee para no tener que pensar, se trata de hacerlo con algo de inventiva. Así, inventamos lo que leemos y lo que creemos inventar ya lo hemos leído. En este sentido, toda biblioteca es una potencial máquina-de-hacer-ficción. El libro de Bayard busca también aligerar al presunto lector del aplastante peso de la "cultura", así como librarlo de las inhibiciones que resultan de no haber leído (o de haber leído de más, según sea el caso) las obras que dictan los cánones que hay que leer. En un mundo donde se lee tan poco pero se vive bajo la consigna de que "hay que leer", la lectura de un libro como éste resulta una emulsión tonificante.

Si bien la palabra psicoanálisis aparece hasta el final (y es que, contradiciendo el espíritu del post, debo confesar que he leído el libro de Bayard hasta la última línea, porque me ha encantado), la teoría de la lectura que encierra este ensayo está vinculada a la experiencia analítica. Entre más cosas, Bayard sugiere que el sujeto de la lectura no es unitario, está poblado por una polifonía de voces y fragmentado, escindido por una serie de olvidos; añade también que cada lectura nos lleva a relacionarnos -antes que con un libro "real"- con un "libro interior", que funciona como un  "libro-pantalla" (en el sentido en que Freud habló de los "recuerdos-pantalla") que nos aleja del libro objetivo. De la misma suerte, en el momento en el que escribo esto  me distancio de ese libro cuyo título promete decirnos cómo hablar de los libros que no hemos leído, y proyecto sobre una blanca superficie (la pantalla de blogger) los rasgos del "libro pantalla" que me he construido como un lenitivo al olvido resultante de mi experiencia al haber leído el libro de Bayard. Es que podríamos decir, ya en la vena de este autor, que todo libro existe apenas como un objeto fantasma en la biblioteca íntima que a lo largo de una vida va habitando cada lector.

Ahora que doy cursos de topología la cantidad de libros de los que debo hablar se ha reducido muchísimo. Sin embargo, hace años que si alguien pregunta frente a los estantes de mi biblioteca: ¿has leído todos estos libros?, no he encontrado una mejor salida que decirle: la gente que no lee piensa que todos los libros son para leerse. Me parece la respuesta de un lector-no-lector a la pregunta de un evidente-no-lector. En todo caso, es una respuesta cuya pertinencia me ha venido a confirmar este ensayo-ficción de Pierre Bayard.

Aquí se puede leer una entrevista donde el autor comenta la recepción de su libro.

P. Bayard, Cómo hablar de los libros que no se han leído, Anagrama, Col. Compactos, Barcelona, 2011,  195 pp.

13 abr 2011

Jacques Lacan. Autres écrits

Jacques-Marie Émile Lacan nació el 13 de abril de 1901.

A riesgo de asumir una "impostura intelectual", diré con la aritmética que, si no engañan los números, hoy hace 110 años de eso. En 2001, exactamente 10 años ha (de nuevo la ciencia del número redondo), la editorial Seuil sacó bajo el título de Autres écrits (Otros escritos), un conjunto de textos que Lacan publicó previamente (salvo dos de ellos), pero no reunidos en volumen hasta que, con motivo de su centenario, fueron seleccionados por Jacques-Alain Miller y reunidos en esta compilación.

Si bien varios de estos escritos se han publicado en español (más o menos la mitad), el libro completo sigue inédito. Al pensar que el único libro de Lacan como tal (Écrits, pues su tesis doctoral no lo sería de la misma manera) se tradujo antes a esta lengua que a cualquiera otra (en México), la situación se vuelve una pena, incluso diría una carencia, un agujero, algo así como un hoyo negro en la galaxia (pienso en Haroldo de Campos sobre Lacan) de la literatura analítica en castellano.

Lo es si se considera, como es el caso en este blog, que los Otros escritos son un complemento indispensable de los Escritos. 

Click aquí para descargar en pdf el libro en francés.

1 abr 2011

Lucian Freud. Mujer sonriendo

Pinto gente, no por lo que quisieran ser, sino por lo que son
Lucian Freud



El día de ayer, la casa Christie's anunció para el próximo 28 de junio la subasta del cuadro Mujer sonriendo (Woman smiling), el único retrato individual que Lucian Freud ha hecho de Suzy Boyt, quien fuera su alumna, luego amante y a la postre tercera esposa y madre de cinco de sus hijos. Nacido en 1922, Lucian Freud (nieto de Sigmund) es uno de los artistas vivos más importantes y quizá el de obra más cara en la actualidad.

En la década de 1950, empezó a desarrollar el estilo y la técnica de los retratos llenos de expresividad gestual y corporal que lo han vuelto famoso. Mujer sonriendo data de la producción que el pintor realizó entre 1958 y 1959 (justo después de disolver su segundo matrimonio en México), y es considerada por la crítica como la obra más representativa de un punto de viraje decisivo en la trayectoria de Freud. El precio inicial oscilará entre seis y siete millones de dólares.

Lo bueno es que avisan con suficiente tiempo para ahorrar.

Aquí la nota en el Universal.

Quien se quiera entretener un rato puede armarse el rompecabezas del cuadro aquí (Tecnología Java requerida)
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