20 dic 2010

Historia universal de la infancia

“Por desgracia, la historia de la infancia no se ha escrito nunca, y es dudoso que se pueda escribir algún día, debido a la escasez de datos históricos acerca de la infancia.”

James Bossard.

La historia de la infancia aún está por escribirse. Los estudiosos suelen coincidir en que la infancia tiene la forma de un hilo de Ariadna que se oculta en el laberinto de los tiempos, un objeto invisible que ha evitado mojarse en las aguas de la historiografía. Son varias las causas que vuelven especialmente árida la tarea del historiador que se ocupa de la infancia. Tomando el aporte de la iconografía, Phillipe Ariès señaló el carácter invisible del niño en la mayor parte de las sociedades de la Antigüedad. El investigador francés reparó en el hecho de que -al menos durante todo el Medioevo- los artistas no conocían la infancia, o al menos no llegaban a representarla; el niño figuraba en la pintura no como un ser dotado de características propias, sino como una suerte de adulto en miniatura. La deformación del cuerpo infantil y el rechazo de sus rasgos específicos fueron compartidos por la estética de todos los periodos previos a la modernidad. En la opinión de Ariès, es difícil achacar dicha tendencia a una impericia técnica de los artistas; “cabe pensar más bien”, decía, que en tales sociedades “no había espacio para la infancia”.

La excepción podía hacerla el arte griego del periodo helénico, pródigo en la reproducción de figuras de Eros de proporciones perfectamente aniñadas. Sin embargo, ello podría obedecer más a los ideales miméticos característicos del arte helénico que a la existencia de una concepción del niño que distinguiera el mundo adulto del infantil. Así se revela en las epopeyas del periodo clásico, en donde los niños aparecen retratados como épicos guerreros y hacen gala del mismo arrojo y valentía que los héroes adultos, así como en la invisibilidad que tuvo la infancia en las obras del pensamiento helenista que cimentaron las bases de la cultura occidental. Vista como una fase de la vida que una vez superada (lo que, como se sabe, era entonces infrecuente) quedaba relegada al olvido, la infancia permaneció unida en el arte de la Antigüedad a un mundo de representaciones que la desconocía e incluso la rechazaba. En todos los casos, se ignoraba la especificidad del mundo infantil.

Otro obstáculo que sale al paso a quien sigue las huellas de la infancia en la historiografía, reside en que las muy escasas alusiones a la vida infantil son parte de la biografía de personajes célebres, generalmente nobles o reyes, cuyos relatos idealizados pintan un cuadro novelesco que carece de valor histórico documental y que más podrían pertenecer al ámbito de lo prodigioso y lo fantástico; como el diario personal de Héroard, médico de Luis XIII que -a comienzos del siglo XVII- decía que apenas salir de su madre, el delfín tomó con tal fuerza su cordón umbilical que ella no podía arrebatárselo. Además, mientras que la historia ha privilegiado los acontecimientos públicos, la infancia ha permanecido en la sombra del relato privado. A esto se añade el carácter escabroso del lugar histórico del niño en las civilizaciones de Oriente y Occidente. Del infanticidio al sacrificio, del abandono al filicidio, de la emasculación a la sodomía, de la tortura física a la infusión de pánico como forma de dominio, el lugar social del niño traza una galería de retratos de época en los que la ignominia y el envilecimiento muestran que la historia de la infancia bien podría constituir la historia universal de una infamia.

En una veta opuesta a la de Ariès, el pensador estadounidense Lloyd deMause, impulsor del enfoque “psicohistórico”, planteó que la ansiedad que nace de la “distancia psíquica” existente entre niños y adultos ha jugado un papel fundamental en la conformación de los lazos paternofiliales, y ha propuesto explicar, a partir de la evolución de los mismos, la mutación de los rostros históricos que ha ostentado la infancia. Para deMause, el lugar del niño en la sociedad es análogo al de un psicoanalista que recibe en proyección toda la angustia, la ansiedad, el amor y el odio adultos, así como una demanda perenne de satisfacer lo que no puede ser satisfecho. “El psicoanalista”, escribe deMauss, “está acostumbrado a que se le utilice como „recipiente‟ de las proyecciones masivas del paciente. Este ser utilizados como vehículos para las proyecciones, era lo que le solía ocurrir a los niños en otras épocas”. De este modo, el niño ha sido visto en diferentes momentos como un ángel pleno de inocencia o un demonio portador de todo mal; como el producto de la mera necesidad del cuerpo o un intruso mortífero en el seno materno; como un espejo que refleja a un adulto prematuro o bien a un ser incompleto que requiere moldeamiento; igual que una roca en estado bruto solicita la mano y los instrumentos del escultor para cobrar un aspecto humano. Con la mayor de las suertes, el niño ha sido considerado un adulto en potencia, quizás lleno de futuro pero vacío de realización.

Tocó al destino de Jean Jacques Rousseau avanzar un cambio en dicho estado de cosas con la publicación de su obra Emilio o de la educación, en 1762. Enemigo de los moldes educativos generalizados, Rousseau promovía el respeto a la individualidad del niño y la atención a su singularidad; otorgaba, sobre todo, un lugar esencial a las diferencias elementales que existen entre el adulto y el niño. Estas líneas, por ejemplo, prefiguran hasta cierto punto la tesis del psicoanalista Sándor Ferenczi, que habló en la primera mitad del siglo XX de la confusión babélica que nace del enfrentamiento inevitable entre el lenguaje adulto y el infantil: “Si los niños escuchasen la razón, no necesitarían que los educaran”, decía Rousseau, “pero con hablarles desde su edad más tierna una lengua que no entienden, los acostumbran a contentarse con palabras, a censurar todo cuanto les dicen". Se trataba de un libro verdaderamente revolucionario (inspirador, de hecho, de los ideales de la Revolución Francesa), adelantado a su época en casi dos siglos y que a dos días de publicado ya merecía del secuestro de la policía. Rousseau parecía decir que la educación es cosa de niños, y el punto más innovador del Emilio radicaba en concebir a los niños como los maestros de los adultos. Al entender al niño como un individuo cuyo destino se cumple en el presente (y no en un futuro improbable), el método educativo de Rousseau buscaba las claves del razonamiento infantil para vincularse a él. Pero el impulso de sus planteamientos quedaría sin ecos hasta bien entrado el siglo XX. A partir de ese momento, la influencia del pensamiento de Rousseau comenzará a sentirse en el desarrollo de la pedagogía y la puericultura, la medicina infantil y la psicología evolutiva. De ser objeto de desprecio y maltrato, el niño pasó a convertirse en objeto de estudio y atención.

En el Segundo Libro de su obra, Rousseau recordaba que la raíz etimológica de la palabra “infancia”, proviene de no tener voz, lo que equivale a no ser escuchado, a no tener derechos. Hoy, en la época de “los derechos del niño”, vale la pena detenerse una vez más en el sentido de esta etimología. La palabra latina infans (niño) se compone del prefijo “in”, que significa negación, y del participio del verbo “for”, “faris”, que significa “hablar”. Infans significa, entonces, “aquel que no habla”. Y aquel que no habla, podríamos añadir, necesariamente es hablado. El psicoanalista francés Jacques Lacan dijo alguna vez: “cada sujeto lleva la marca del modo en que ha sido hablado y de eso dependerá lo que se cristalizará para ese sujeto como inconsciente”. Sería el psicoanálisis, en efecto, la disciplina que en los albores del siglo XX introduciría en la cultura moderna la primera concepción del niño como “sujeto”, es decir, un ser habitado por el lenguaje y el deseo inconsciente, como cualquiera. Si la historiografía nos dice que hay un borramiento, un olvido de la infancia, el psicoanálisis enseña que antes de hablar somos hablados y que es la propia infancia la primera que tendemos a olvidar y a reprimir.

Después de Freud y de Rousseau, de los avances y desarrollos en la pediatría y la pedagogía, cabe preguntarse: ¿cuánto de las antiguas concepciones sobre la infancia pervive discretamente en el uso cotidiano del lenguaje? El Diccionario de uso del español, de María Moliner, informa que la palabra “niño” se aplica con benevolencia a una persona “ingenua” o “irrazonable”; asimismo, en ciertos empleos pude implicar “franco desprecio”. Los calificativos “infantil”, “pueril” o el sustantivo “niñería”, suelen apuntar con desdén hacia aquello a lo que se otorga poca sustancialidad. En el diccionario también encontramos que la palabra “niño” es definida como “persona no adulta”. En las sociedades contemporáneas, entonces, ¿realmente se ha dejado de ver al niño como la entelequia de un adulto? Rebasada la primera mitad del siglo XX, Roland Barthes se refería así a los juguetes infantiles: “Los juguetes habituales son esencialmente un microcosmos adulto; todos constituyen reproducciones reducidas de objetos humanos, como si el niño, a los ojos del público, sólo fuese un hombre más pequeño, un homúnculo al que se debe proveer de objetos de su tamaño”. En la era de los videojuegos y la creciente virtualización del mundo –en especial del mundo infantil-, las palabras del semiólogo conservan cierta actualidad. Seguimos pensando que el juego infantil es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los niños.

Texto publicado en "Acta Pediátrica". Volumen 31, número 6. Noviembre-diciembre de 2010.

5 nov 2010

Presentación de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse


El próximo 17 de noviembre de 2010, se presentará públicamente el sitio web de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse. El sitio propondrá descargas gratuitas de libros digitales, documentos multimedia y fuentes textuales, pero sobre todo versiones críticas, históricas y documentales en castellano de los seminarios de Lacan.

Cuando Lacan visitó México en 1966, vio el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera, y luego lo comentó en París durante su seminario El objeto del psicoanálisis. Este mural se encontraba en el Hotel Del Prado, que quedó irreversiblemente dañado por el temblor de 1985; hoy día se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera, junto a la Alameda. Como corresponde a un sueño, la censura lo afectó: tras su inauguración, la frase “Dios no existe” fue borrada por un grupo de choque católico y luego Rivera la sustituyó por una metonimia.

La presentación del sitio de e-diciones tendrá lugar ahí y será el motivo de una jornada de trabajo, cuya temática será:

 Presentación del sitio de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse.

 Lectura digital y Copyleft en su modalidad Creative Commons.

 Situación de la publicación de los seminarios de Jacques Lacan, en particular en castellano, y específicamente del seminario R.S.I.

 Análisis del comentario que hizo Lacan del mural, en la sesión del 23 de marzo de 1966 en El objeto del psicoanálisis.

La cita es a las 6 pm, para realizar a las 6:15 una visita guiada al mural. A continuación tendrá lugar la jornada de trabajo. Al finalizar habrá mezcal y vino, brindis al que usted está cordialmente invitad@.

La entrada es libre, el cupo está limitado a 70 personas.

La jornada de trabajo será transmitida en vivo por internet a través del sitio www.ustream.tv

Comité editorial de e-diciones de la École lacanienne de psychanalyse:

Mélanie Berthaud

Miguel Gasteasoro

Manuel Hernández

Helena Maldonado

Gabriel Meraz

16 sept 2010

"Nunca he hablado de la libertad". Jacques Lacan en Bélgica,1972 (Video)

En este documental de 23 minutos se ve a Lacan en una entrevista realizada para la televisión belga en el otoño de 1972. Año fundamental en su enseñanza, si se piensa en las consecuencias que trajo el hallazgo (trou-vaille, decía él jugando con los agujeros) del nudo borromeo en esa fecha. A diferencia del lenguaje que usa en las emisiones televisivas preparadas por J.-A. Miller meses después (bien conocidas como Televisión), en ésta Lacan discurre con su interlocutora (Françoise Wolff) en términos simples y llanos, hace a un lado sus conceptos y matemas, pero no las cuestiones fundamentales que siempre le ocuparon: ¿qué es el psicoanálisis? ¿Cómo se hace? ¿Cuál es el lugar del analista? ¿En qué consiste el inconsciente? En la entrevista también se aprecian las cualidades mayéuticas de Lacan que, con un cierto semblante socrático, digámoslo así, oculta silénicamente al tiempo que insinúa algo de su deseo como analista (y, como ha observado Jean Allouch, era su deseo lo que Lacan llamaba "deseo del analista"). Digamos que se trata de Jacques Lacan, un psicoanalista, testimoniando algo acerca de su experiencia en esa experiencia que llamamos psicoanálisis, y eso basta para que el documento sea una verdadera gema.


Entrevista a J. Lacan (1972) from frente psicoanalitico on Vimeo.

Se puede descargar el texto de la entrevistaen francés AQUÍ  (Word).

Nota bene: Ojo con los deslices del subtitulaje (que no vamos a comentar).

(Fuente: http://vimeo.com/)

21 ago 2010

Las muertes de Roger Munier (1923-2010)


Hoy tuve noticia de la muerte de Roger Munier, acaecida el 10 de agosto. "El escritor Roger Munier, traductor de Martin Heidegger y Octavio Paz y especialista de Arthur Rimbaud, falleció el martes a la edad de 87 años", decía la nota más difundida en mi Google.

Es curioso -aunque no raro- que la nota de óbito recordara al escritor en su faceta de crítico y traductor, es curioso porque en su vasta obra figuran destacadamente títulos de poesía (¿por qué no se aludía en primer lugar al Munier "poeta"? A mí la noticia de su muerte me hizo pensar un instante en una frase de Cocteau: "la muerte de un poeta es algo muy grave, porque un poeta es algo más que un hombre"). Pero en el fondo no es raro porque, quizá como de pocos, se podría decir de Munier que como autor fue un auténtico autor (Barthes, Foucault, Agamben), o sea, alguien que en su escritura no podía hacer otra cosa que desaparecer.

Sabía mejor que nadie (Munier "traductor") que toda palabra es palabra de otro, y también (Munier "poeta", Munier "hombre") que el yo como unidad es una ilusión ("Además de mí mismo, estoy yo"), que el ser completo, total, es inexistente pues se está siempre dividido a la vez que se es un yo en un sujeto que, cuando es, no es sino el efecto de una alteridad. Porque sabía (con Nerval y Rimbaud) que "Yo es otro", que para ser se ha de ser Otro (Paz), y que la palabra -por tomar su función del campo del lenguaje- eclipsa al sujeto y lo engancha a la pérdida- a la vez que es el único medio que éste tiene para aparecer, para extraviarse en los callejones del sentido y llegar siempre tarde al encuentro del Otro (en un "habrá sido", el futuro anterior del que hablaba Lacan), a exhibirle, a entregarle -por ser hablante- su carencia de ser.

Roger Munier sabía (Munier "escritor") que todo decir se despliega sobre un fondo de indecible, que es decir de un imposible que no cesa de no escribirse, porque lo que es no se escribe. ("La escritura es una fiebre a propósito de las cosas, que en el fondo no dice sino la fiebre, no las cosas"). Tal vez por eso pensaba que la escritura, cuando es verdadera escritura (literalización del sujeto), conduce a un fading, a una desaparición. ("La verdadera escritura se sustrae ella misma de ella misma, continuamente. La última palabra la ratifica, desapareciéndola").

Desaparecido de entre los vivos ("Muerte... por fín abriré a mí mismo los brazos"), ¿cómo se recordará a Roger Munier? ¿Como un "poeta del pensamiento", alguien que hizo algo tan raro, tan difícil de lograr como un encuentro feliz entre poesía y reflexión filosófica? (Munier "poeta", Munier "filósofo",  "Munier traductor y amigo de Heidegger", Munier "traductor de Octavio Paz"). Tal vez sería válido recordarle como un hombre que quiso escribir en la sombra, pero cuya palabra, malgré lui, no pudo escapar de la luz. En su obra, la voz del sujeto que escribe parece surgir de cierto claroscuro, y proyectar sobre las cosas cierta luz que las mete en la sombra ("La vida destruye la vida. El pensamiento destruye el pensamiento.La realidad destruye la realidad") Así me lo ha parecido al volver a  leer sus... ¿aforismos?, destellantes cinceladas de pensamiento, chispazos de fulgurante poesía que en el fondo quizá no son poesía ni filosofía, sino fragmentos, voces escandidas de una obra que -como decía otra entrada en mi Google- "imita al mundo en su repliegue. Como él, resiste a cualquier interpretación, pues es llamada que exige y reclama una escucha".

Esto último me hizo pensar que la obra de Roger Munier se aproxima en algo quizá más íntimo, más secreto, a la experiencia del psicoanálisis.

Aquí unos fragmentos más, que tomo "casi" al azar de su libro Fulgores:

***
La luz no muestra las cosas como son. Las reviste, se diría que las viste, para que se les vea. Sin este vestido no serían visibles. Pero no son este vestido.

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Todo lo que es signo o maravilla acaece como antes de acaecer. Admirablemente se precede.

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Pensar, cuando escribo, que ya escribo en una lengua muerta.

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Escribir a la manera en la que todo se hace: como una pérdida.

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Lo posible embaraza lo real, lo estorba. Y, mezclándose, lo diluye extrañamente, lo irrealiza.

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Hago lo que quiero. Pero, haciéndolo, no hago sino querer lo que me hace.

***
El sentido está en éxodo, a través de todos los sentidos.

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El ser no dura sino mediante el hacer, que lo oculta.

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Más de lo que es, el hombre es lo que podría ser. Ese poder ser destroza su ser, y finalmente le impide para siempre ser lo que podría ser.

***
No tengo recuerdo, solamente memoria.

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Todo lo que dura está en estado de pérdida.

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Escucho lo que no dices.
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Intentar saber como lo que no se sabe -lo que no se sabe-

***
El real extrañamente se interpone entre nosotros  mismos y lo real.

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Cuando pienso en mí en el pasado, no es en mí en quien pienso, es en el pasado.
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¿Sufres? No. Algo se ha desgarrado en el tejido de las cosas. Y eso pasa en tí.

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No somos sino palabras, pero a nosotros algo nos calla.
***
Toda palabra que dice: hablo, soy yo, no habla, dice solamente: soy yo.

***
Cuando digo: el mundo es real, cuando lo digo, ya no es verdad, pues lo real no puede ser dicho.

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Lo que amamos en la verdad no es la verdad, sino que ella sea la verdad.

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La existencia, y más que la existencia: el ser, todo ser, es un encerramiento.
***
La verdad no es la realidad. La verdad no es "real". No hay verdad en la realidad. No hay sino la realidad.

***
La vida tiene un término: la muerte. Pero la muerte tal vez no tiene término... Tal vez no se termina nunca de morir.
***
Todo fin es triste, aun aquel de lo que es triste, como fin.


(De: FULGORES, México, Premiá,  1988, trad. de Marco Antonio Campos)

15 ago 2010

Bertrand Russell sobre el psicoanálisis


Del Diccionario del Hombre Contemporáneo, de Bertrand Russell (1872-1970), copio la entrada correspondiente a Psicoanálisis:

El psicoanálisis aunque indudablemente tiene sus exageraciones, e incluso sus absurdos, nos ha enseñado muchas cosas verdaderas y valiosas. Existe el viejo dicho de que "si se expulsa a la naturaleza con una horquilla, vuelve de todas maneras". Pero el psicoanálisis ha proporcionado el comentario a este texto. Ahora sabemos que una vida excesivamente llevada contra el impulso natural dará lugar probablemente a efectos de tensión, probablemente tan malos como el entregarse a los impulsos prohibidos. La gente que vive una vida antinatural se suele llenar de envidia, de malignidad y de falta de caridad.

Se piense lo que se quiera del psicoanálisis, hay un punto en el cual está indudablemente en lo cierto, y es en la enorme importancia que da a la vida emocional. Si el desarrollo emocional se realiza bien, el carácter y la inteligencia se desarrollan espontáneamente. Por lo tanto, el educador científico debe dirigir su atención principalmente a las emociones.

Para nuestros fines, el descubrimiento esencial del psicoanálisis es el siguiente: que un impulso inhibido, por métodos objetivistas, para que no halle expresión en la acción, no muere necesariamente, sino que queda soterrado y encuentra una nueva salida no inhibida por la educación. Con frecuencia, la nueva salida es más dañina que la evitada, y en todo caso la desviación supone perturbaciones emocionales y gastos de energía sin provecho.

El psicoanálisis, como es sabido, es, primordialmente, un método de comprender la histeria y ciertas formas de locura; pero se ha descubierto que muchas cosas de las vidas de hombres ordinarios tienen una semejanza humillante con las alucinaciones de los locos. La relación de los sueños, creencias irracionales y acciones insensatas con los deseos inconscientes, ha sido sacada a la luz con cierta exageración, por Freud, Jung y sus discípulos. En cuanto a la naturaleza de estos deseos inconscientes, me parece, -aunque como profano hablo con timidez- que muchos psicoanalistas han sido estrechos de criterio; es indudable que existen los deseos que destacan, pero otros, por ejemplo, los de honores y poder, son igualmente operantes e igualmente susceptibles de ocultamiento.

(De: DICCIONARIO DEL HOMBRE CONTEMPORÁNEO, Tomo Suelto, México, 2003)

Más allá de los pasajes de tono moralizante y pedagógico (tan característico, salvo excepciones, del psicoanálisis desarrollado en las latitudes que habitó nuestro filósofo), no deja de ser curioso que uno de los principales exponentes de la lógica moderna se exprese de la obra freudiana -el psicoanálisis- en términos de "impulsos naturales", "prohibidos", o de "vida emocional", y no llegase a reparar en aquello que Jacques Lacan pondría en evidencia con su lectura de Freud, a saber, que el inconsciente, más que ser un oscuro reservorio de impulsos reprimidos, posee una lógica y una estructura que le son propias, ambas irremisiblemente ligadas al lenguaje. También las palabras de Russell parecen resonar con las de otro fiósofo, Theodor W. Adorno, para quien nada en el psicoanálisis era tan verdadero como sus exageraciones. Y es que sí -aunque ello no sea monopolio del análisis-, la exageración es una de las formas que adopta la verdad en su medio-decir. Pero eso, ciertamente, no parece tan lógico.

3 jun 2010

Louise Bourgeois (1911-2010)

 "En los artistas se garantiza de antemano el hecho de estar cuerdo, puesto que siempre van a ser capaces de asumir su tormento".
(L. B.)

Retrato de L. B. con Fillette, 1968, por R. Mapplethorpe

El lunes murió en Nueva York la escultora Louise Bourgeois.

Nacida en Paris la nochebuena de 1911, hija de unos restauradores de tapicería antigua que gozaban de cierta posición, la artista emigró a Nueva York en 1938 y se casó con un profesor de arte norteamericano. A lo largo de casi un siglo de existencia, Louise Bourgeois concibió una continuidad perpetua entre el oficio de vivir y la creación artística. Sus obras encerraban aspectos netamente vivenciales que, al ser revisitados, devenían experiencia creadora. En su trabajo la referencia al pasado, especialmente la infancia, ocupa un lugar central. No en el sentido de una alusión autobiográfica cuyas trazas el investigador podría ubicar en los títulos y temáticas de sus composiciones, sino como una suerte de ascesis catártica en la cual los elementos de lo vivido son exorcizados en el acto creador. En 1982 escribió:
"Algunos estamos tan obsesionados por el pasado que morimos sepultados por él. Ésta es la actitud del poeta que nunca encuentra el paraíso perdido y también es la del artista, que trabaja por motivos que nadie es capaz de comprender. Puede que lo que ambos intenten sea reconstruir un elemento del pasado  para así exorcizarlo, razón por la que el pasado tiene, para muchas personas, un enorme poder y belleza. Todo lo que yo he hecho se ha inspirado en mi vida anterior (...) Cada día haz de olvidar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor."
 Amiga de artistas como Mark Rothko, Joan Miró y Marcel Duchamp, Bourgeois fue pionera de la instalación y el arte performativo. Sin embargo, obtuvo reconocimiento público hasta la década de 1970; lo cual, a su modo de ver, no pudo sino beneficiar sus primeras producciones bañándolas de intimidad, de un aislamiento espléndido. La tortuosa obsesión por el amor de papá y mamá, la imbricación de lo masculino y lo femenino (pechos fálicos, penes hendidos), la irrupción de la muerte en el sexo, pero sobre todo el cuerpo (la ruptura y combinación de sus simetrías, sus dualidades y homologías), son algunas presencias constantes en su obra.

Janus Fleuri [Jano en flor], 1968, bronce, 31.8 x 25.7 x 21.2 cm.


No le agradaba a Louise Bourgeois que se impusiera a su trabajo el calificativo de "erótico", pero tratándose de la carga simbólica y la fuerza estética que encierra el cuerpo, igual se resignaba a hacer aparecer la erótica en escena:
"Mi trabajo no es intencionalmente erótico, y dudo que lo sea, pero si en presencia de ustedes pasa a convertirse de erótico en estético, ¿quién soy yo para decirles que no lo es? El contenido se implica con el cuerpo humano, su aspecto, sus cambios, sus transformaciones, aquello que necesita, quiere y siente; sus funciones (...) El contenido es hoy el mensaje erótico: todo lo que tiene lugar como resultado de la presencia de dos personas. Placer, dolor, supervivencia, en público o en privado, en un mundo real o imaginario."
Según cuenta en unos apuntes autobiográficos, fue bautizada con el nombre de Louise en honor a Louise Michel, una especie de Rosa Luxembourg francesa que su madre, feminista y simpatizante socialista, tenía de modelo. Dado el profundo interés que despertaba en ella todo lo relacionado con las mujeres, Louise Bourgeois se declaraba a su vez feminista; no obstante, permaneció al margen de cualquier militancia y se consideró ante todo una gran solitaria.

Femme Couteau, Mármol negro, 1970, 67 x 3 x 12, 5 cm.

Acerca de una obra que indaga en el ser de la mujer y la naturaleza de lo femenino, Femme Couteau (Mujer cuchillo), escribió:
"Esta escultura de mármol, mi Femme Couteau, engloba la polaridad de la mujer, lo destructivo y lo seductor. ¿Por qué las mujeres se convierten en mujeres cuchillo? No nacieron como tales. Se les hizo así a través del miedo. En Femme Couteau la mujer se convierte en un cuchillo, es una figura defensiva. Para defenderse, se identifica con el pene. Una chica puede sentirse aterrorizada por el mundo. Sentirse vulnerable, ya que puede ser herida por el pene, de modo que trata de tomar la misma arma del agresor. Este es un problema que parte de la infancia, y de la falta de una educación razonable y comprensiva".
La preocupación sempiterna por el amor materno se hace presente en obras como She Fox. En dicha pieza, Bourgeois realizó en piedra la violencia y la animalidad que puede permear el vínculo madre-hija: "Corté su cabeza, rajé su garganta. Y aún así esperaba que me quisiera". (Y aquí pienso en Winnicott, que afirmaba que el primer objeto de elección debe sobrevivir a la destrucción como prueba de amor.) Según decía la escultora, la figura representa a un animal, una hembra, pero no a una hembra cualquiera; tiene varios pechos, bellos muslos y una doble mutilación en garganta y cabeza. "Bajo sus caderas hay un refugio acogedor. Y es allí donde yo me coloco (...) She Fox es el retrato de una relación. Es una expresión de la fe que un niño deposita en sus padres y de la violencia que se establece entre el fuerte y el débil. Éste es el significado de la obra".

She Fox, 1985, mármol negro, 68, 5 x 179 x 81 cm.

 En 1973, después de la muerte de su marido, Bourgeois creó la escultura que para los críticos marca un hito en su recorrido: Destruction of the father. La artista recordaba a su padre (muerto en 1951) como un hombre machista. Siendo la tercera hija de un matrimonio sin hijos varones, supuso que debían perdonarla por el hecho de ser niña. Según relata en un texto llamado Album de familia, recuerda que, cuando nació, su imaginativa madre dijo a su padre: esta niña es igualita a ti, la llamaremos como tú. Fue así como su padre la aceptó. Pero la decepción mayor se la daría el padre a la hija, al mantener durante diez años un amasiato con la educadora de la pequeña Louise. Destruction of the father es una obra sobre el miedo, y sobre la imposibilidad de que el amor oculte, o sobreviva, al miedo.

Destruction of the father, 1974, escayola, látex, madera y tela, 237, 8 x 362, 2 x 248, 6 cm

Sobre ella comenta:
"Esta pieza es básicamente una mesa, la aburrida y aterradora mesa familiar con el padre a la cabeza, quien se sienta y se regodea. Y los demás, la esposa y los hijos, ¿qué pueden hacer? Se sientan ahí, en silencio. La madre, por supuesto, intenta satisfacer al tirano, su marido. Los niños están llenos de desesperación... Así, desesperados, agarramos al hombre, lo arrojamos a la mesa, lo desmembramos y procedemos a devorarlo."
Pero a quien quiera ver aquí un festín totémico alusivo a la influencia del psicoanálisis la artista le aclara el panorama: nada de Freud, nada de Lacan; no se trata nada más que del padre real, con toda su imaginería simbólica. A lo sumo, Freud y Lacan se parecían en algo al padre de la artista, lo mismo que André Breton. Al menos eso decía ella:
"Charcot era una persona modesta, tan sólo un científico, pero nunca un teórico. Por el contrario, Lacan fue un guérisseur. A través de su encanto y de su facilidad verbal. No era un científico, sino un estafador. Freud y Lacan no hicieron nada válido para el artista. Ladraban en el árbol equivocado. No ayudaron nada. Simplemente no puedo beneficiarme de ninguno de ellos (...) Breton, Lacan y Freud me decepcionaron. Prometieron la verdad y sólo aportaron teorías. Eran como mi padre: prometía mucho y hacía muy poco."
No se piense que por ello Louise Bourgeois le agarró tirria al psicoanálisis. En 1990, escribió una reseña de la exposición neoyorquina The Sigmund Freud Antiquities, que tituló Los juguetes de Freud, y que retrataba de un modo entrañable al creador del psicoanálisis (un coleccionista infantil y un hombre razonable lleno de genio clínico y miedo a su padre). También llegó a pensar que el psicoanalista, al lado de Hacienda y el abogado, es el mejor aliado del artista: "El psicoanalista hace más razonable al artista, el abogado lo hace más listo y Hacienda más rico".

Citas tomadas de: Destrucción del padre/reconstrucción del padre, Sintesis, Madrid, 2002.

27 may 2010

Pornotopía, de Beatriz Preciado


Luego de Testo Yonqui (Espasa Calpe, 2008), canto autofictivo a la testosterona como droga y verdadero entronamiento del falo como eje de la cultura (un texto fascinante*, si los hay, a pesar de sus críticas algo punks al psicoanálisis y más de un contrasentido irresoluble), Beatriz Preciado vuelve a la escena editorial con un libro que estudia la manera en que Playboy, el imperio de Hugh Hefner, se convirtió en plena guerra fría en piedra angular del "capitalismo farmacopornográfico". Según las tesis de la autora, la era farmacopornográfica en la que vivimos se caracteriza por la producción de subjetividades dominadas por una cultura de consumo y la búsqueda de placer sexual, las cuales son efecto de la puesta en funcionamiento de auténticos dispositivos de control y regulación del cuerpo humano.

Así Preciado asegura que -lejos de ser una mera revista "para caballeros"- Playboy constituye un proyecto arquitectónico de amplias proporciones (piénsese en las célebres mansiones diseñadas por Hefner para albergar a sus conejitas) cuyo objetivo final fue desplazar a la "casa heterosexual" como centro de consumo y reproducción proponiendo nuevos espacios de producción de placer. "Yo creo que Playboy es para la filosofía política contemporánea lo que la máquina de vapor fue para Marx", declaró en una entrevista, "un modelo de producción económica y cultural imprescindible para pensar las mutaciones que tienen lugar en la segunda mitad del siglo XX".


Preciado, fotografiada por Lydia Lunch

Después de leer los trabajos de Preciado no es posible oír un concepto como identidad sexual sin recordar a Baudelaire, cuando decía que, si se ponen juntas, ciertas palabras aúllan. Eso es filosofía política.

Se puede leer un fragmento en línea aquí.


El magnate, su famosa bata y sus chicas

 *  Más que nunca en el sentido que tiene la etimología latina: fascinus = falo

25 may 2010

El MUAC invita a la Ecole Lacanienne de Psychanalyse

El día de mañana se llevará a cabo en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) la cuarta y última reunión del ejercicio de lectura del seminario "Las formaciones del inconsciente", de Jacques Lacan; un ejercicio realizado a cuatro voces por cuatro miembros de la elp.

Para descargar el argumento y la información haz click aquí.

3 may 2010

Conferencia: El sujeto del psicoanálisis, sus consistencias

Jacques Lacan introdujo la noción de sujeto en el campo freudiano. Más que de un mero concepto, se trata de un término que circunscribe el ámbito de una práctica y define su especificidad. En esta plática abordaremos dos momentos decisivos de la enseñanza lacaniana destinados a dar consistencia (mas no sustancia) al sujeto que se desprende de la experiencia analítica, un sujeto distinto al sujeto del conocimiento propio de la tradición filosófica.

Con este argumento ofreceremos una charla el próximo miércoles dentro del ciclo "Conversaciones sobre psicoanálisis" en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

5 de mayo de 2010. 18:00 hrs.
Salón 54, Centro de Posgrado y Educación Continua.
Izazaga 92 Centro histórico. C. P. 06080. México D. F.
Informes al teléfono: 51-30-33-00 Extensión 3348
Entrada Libre