5 ene. 2010

Invisible, de Paul Auster


En 1967 Adam Walker es un joven estudiante de literatura que aspira a convertirse en poeta. En una fiesta conoce a una pareja de franceses con quienes –azar austeriano mediante- comienza a tejer una relación cuyos misteriosos hilos se tienden (de Nueva York a Paris) entre el erotismo, la infidelidad, el crimen y la conspiración.

Aclamada de manera casi unánime (hizo la excepción The New Yorker, parece), Invisible ha sido recibida por la crítica como la mejor novela del escritor. (También es cierto que, como ocurre en otras piezas de Auster, el final deja cierta sensación de insatisfacción, de corte abrupto.)

Salpicada de diálogos de tono filosófico-político-literario, y con ritmo trepidante, la novela entreteje historias donde el incesto, la muerte y los enigmas flotan como en un río de poderoso caudal verbal que arrastra a cada vuelta de página. (Apenas escribo esto, leo que el crítico de The New Yorker hablaba de “l´eau d'Auster” para hacerlo pedazos, con muy mala lait, por cierto).


Tres voces narrativas arman Invisible, pero la de Adam Walker es la principal. Haciendo artificio del recurso que sacó a Auster de un impasse cuando escribía The invention of solitude, Walker se distancia progresivamente de su propia experiencia conforme avanza la narración. Recuerda al inicio en primera persona para desdoblarse luego en una segunda, hasta enajenarse en el uso de un “él” completamente impersonal.


A partir de ese momento, el narrador recuerda su vida como si fuera la vida de otro (en cierta forma la “inventa”) hasta el punto de desaparecer en la última parte, donde otra voz (una mujer, traductora notable, enamorada de él en su juventud y quince años analizada, se informa) toma el relevo en la coda que cierra el relato. Ahí ya nada es como parecía ser, nada parece ser lo que era.


Auster construye con maestría una ficción que (siempre y cuando se le crea) estructura una verdad (no)velada. Sabedor de que ella se oculta en los agujeros no la entrega, la mantiene en vilo. Ha dicho en otras partes que
"tal vez la verdad es invisible".

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Paul Auster, Invisible, Anagrama, Barcelona, 2009, 282 pp.