3 jun 2010

Louise Bourgeois (1911-2010)

 "En los artistas se garantiza de antemano el hecho de estar cuerdo, puesto que siempre van a ser capaces de asumir su tormento".
(L. B.)

Retrato de L. B. con Fillette, 1968, por R. Mapplethorpe

El lunes murió en Nueva York la escultora Louise Bourgeois.

Nacida en Paris la nochebuena de 1911, hija de unos restauradores de tapicería antigua que gozaban de cierta posición, la artista emigró a Nueva York en 1938 y se casó con un profesor de arte norteamericano. A lo largo de casi un siglo de existencia, Louise Bourgeois concibió una continuidad perpetua entre el oficio de vivir y la creación artística. Sus obras encerraban aspectos netamente vivenciales que, al ser revisitados, devenían experiencia creadora. En su trabajo la referencia al pasado, especialmente la infancia, ocupa un lugar central. No en el sentido de una alusión autobiográfica cuyas trazas el investigador podría ubicar en los títulos y temáticas de sus composiciones, sino como una suerte de ascesis catártica en la cual los elementos de lo vivido son exorcizados en el acto creador. En 1982 escribió:
"Algunos estamos tan obsesionados por el pasado que morimos sepultados por él. Ésta es la actitud del poeta que nunca encuentra el paraíso perdido y también es la del artista, que trabaja por motivos que nadie es capaz de comprender. Puede que lo que ambos intenten sea reconstruir un elemento del pasado  para así exorcizarlo, razón por la que el pasado tiene, para muchas personas, un enorme poder y belleza. Todo lo que yo he hecho se ha inspirado en mi vida anterior (...) Cada día haz de olvidar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor."
 Amiga de artistas como Mark Rothko, Joan Miró y Marcel Duchamp, Bourgeois fue pionera de la instalación y el arte performativo. Sin embargo, obtuvo reconocimiento público hasta la década de 1970; lo cual, a su modo de ver, no pudo sino beneficiar sus primeras producciones bañándolas de intimidad, de un aislamiento espléndido. La tortuosa obsesión por el amor de papá y mamá, la imbricación de lo masculino y lo femenino (pechos fálicos, penes hendidos), la irrupción de la muerte en el sexo, pero sobre todo el cuerpo (la ruptura y combinación de sus simetrías, sus dualidades y homologías), son algunas presencias constantes en su obra.

Janus Fleuri [Jano en flor], 1968, bronce, 31.8 x 25.7 x 21.2 cm.


No le agradaba a Louise Bourgeois que se impusiera a su trabajo el calificativo de "erótico", pero tratándose de la carga simbólica y la fuerza estética que encierra el cuerpo, igual se resignaba a hacer aparecer la erótica en escena:
"Mi trabajo no es intencionalmente erótico, y dudo que lo sea, pero si en presencia de ustedes pasa a convertirse de erótico en estético, ¿quién soy yo para decirles que no lo es? El contenido se implica con el cuerpo humano, su aspecto, sus cambios, sus transformaciones, aquello que necesita, quiere y siente; sus funciones (...) El contenido es hoy el mensaje erótico: todo lo que tiene lugar como resultado de la presencia de dos personas. Placer, dolor, supervivencia, en público o en privado, en un mundo real o imaginario."
Según cuenta en unos apuntes autobiográficos, fue bautizada con el nombre de Louise en honor a Louise Michel, una especie de Rosa Luxembourg francesa que su madre, feminista y simpatizante socialista, tenía de modelo. Dado el profundo interés que despertaba en ella todo lo relacionado con las mujeres, Louise Bourgeois se declaraba a su vez feminista; no obstante, permaneció al margen de cualquier militancia y se consideró ante todo una gran solitaria.

Femme Couteau, Mármol negro, 1970, 67 x 3 x 12, 5 cm.

Acerca de una obra que indaga en el ser de la mujer y la naturaleza de lo femenino, Femme Couteau (Mujer cuchillo), escribió:
"Esta escultura de mármol, mi Femme Couteau, engloba la polaridad de la mujer, lo destructivo y lo seductor. ¿Por qué las mujeres se convierten en mujeres cuchillo? No nacieron como tales. Se les hizo así a través del miedo. En Femme Couteau la mujer se convierte en un cuchillo, es una figura defensiva. Para defenderse, se identifica con el pene. Una chica puede sentirse aterrorizada por el mundo. Sentirse vulnerable, ya que puede ser herida por el pene, de modo que trata de tomar la misma arma del agresor. Este es un problema que parte de la infancia, y de la falta de una educación razonable y comprensiva".
La preocupación sempiterna por el amor materno se hace presente en obras como She Fox. En dicha pieza, Bourgeois realizó en piedra la violencia y la animalidad que puede permear el vínculo madre-hija: "Corté su cabeza, rajé su garganta. Y aún así esperaba que me quisiera". (Y aquí pienso en Winnicott, que afirmaba que el primer objeto de elección debe sobrevivir a la destrucción como prueba de amor.) Según decía la escultora, la figura representa a un animal, una hembra, pero no a una hembra cualquiera; tiene varios pechos, bellos muslos y una doble mutilación en garganta y cabeza. "Bajo sus caderas hay un refugio acogedor. Y es allí donde yo me coloco (...) She Fox es el retrato de una relación. Es una expresión de la fe que un niño deposita en sus padres y de la violencia que se establece entre el fuerte y el débil. Éste es el significado de la obra".

She Fox, 1985, mármol negro, 68, 5 x 179 x 81 cm.

 En 1973, después de la muerte de su marido, Bourgeois creó la escultura que para los críticos marca un hito en su recorrido: Destruction of the father. La artista recordaba a su padre (muerto en 1951) como un hombre machista. Siendo la tercera hija de un matrimonio sin hijos varones, supuso que debían perdonarla por el hecho de ser niña. Según relata en un texto llamado Album de familia, recuerda que, cuando nació, su imaginativa madre dijo a su padre: esta niña es igualita a ti, la llamaremos como tú. Fue así como su padre la aceptó. Pero la decepción mayor se la daría el padre a la hija, al mantener durante diez años un amasiato con la educadora de la pequeña Louise. Destruction of the father es una obra sobre el miedo, y sobre la imposibilidad de que el amor oculte, o sobreviva, al miedo.

Destruction of the father, 1974, escayola, látex, madera y tela, 237, 8 x 362, 2 x 248, 6 cm

Sobre ella comenta:
"Esta pieza es básicamente una mesa, la aburrida y aterradora mesa familiar con el padre a la cabeza, quien se sienta y se regodea. Y los demás, la esposa y los hijos, ¿qué pueden hacer? Se sientan ahí, en silencio. La madre, por supuesto, intenta satisfacer al tirano, su marido. Los niños están llenos de desesperación... Así, desesperados, agarramos al hombre, lo arrojamos a la mesa, lo desmembramos y procedemos a devorarlo."
Pero a quien quiera ver aquí un festín totémico alusivo a la influencia del psicoanálisis la artista le aclara el panorama: nada de Freud, nada de Lacan; no se trata nada más que del padre real, con toda su imaginería simbólica. A lo sumo, Freud y Lacan se parecían en algo al padre de la artista, lo mismo que André Breton. Al menos eso decía ella:
"Charcot era una persona modesta, tan sólo un científico, pero nunca un teórico. Por el contrario, Lacan fue un guérisseur. A través de su encanto y de su facilidad verbal. No era un científico, sino un estafador. Freud y Lacan no hicieron nada válido para el artista. Ladraban en el árbol equivocado. No ayudaron nada. Simplemente no puedo beneficiarme de ninguno de ellos (...) Breton, Lacan y Freud me decepcionaron. Prometieron la verdad y sólo aportaron teorías. Eran como mi padre: prometía mucho y hacía muy poco."
No se piense que por ello Louise Bourgeois le agarró tirria al psicoanálisis. En 1990, escribió una reseña de la exposición neoyorquina The Sigmund Freud Antiquities, que tituló Los juguetes de Freud, y que retrataba de un modo entrañable al creador del psicoanálisis (un coleccionista infantil y un hombre razonable lleno de genio clínico y miedo a su padre). También llegó a pensar que el psicoanalista, al lado de Hacienda y el abogado, es el mejor aliado del artista: "El psicoanalista hace más razonable al artista, el abogado lo hace más listo y Hacienda más rico".

Citas tomadas de: Destrucción del padre/reconstrucción del padre, Sintesis, Madrid, 2002.

27 may 2010

Pornotopía, de Beatriz Preciado


Luego de Testo Yonqui (Espasa Calpe, 2008), canto autofictivo a la testosterona como droga y verdadero entronamiento del falo como eje de la cultura (un texto fascinante*, si los hay, a pesar de sus críticas algo punks al psicoanálisis y más de un contrasentido irresoluble), Beatriz Preciado vuelve a la escena editorial con un libro que estudia la manera en que Playboy, el imperio de Hugh Hefner, se convirtió en plena guerra fría en piedra angular del "capitalismo farmacopornográfico". Según las tesis de la autora, la era farmacopornográfica en la que vivimos se caracteriza por la producción de subjetividades dominadas por una cultura de consumo y la búsqueda de placer sexual, las cuales son efecto de la puesta en funcionamiento de auténticos dispositivos de control y regulación del cuerpo humano.

Así Preciado asegura que -lejos de ser una mera revista "para caballeros"- Playboy constituye un proyecto arquitectónico de amplias proporciones (piénsese en las célebres mansiones diseñadas por Hefner para albergar a sus conejitas) cuyo objetivo final fue desplazar a la "casa heterosexual" como centro de consumo y reproducción proponiendo nuevos espacios de producción de placer. "Yo creo que Playboy es para la filosofía política contemporánea lo que la máquina de vapor fue para Marx", declaró en una entrevista, "un modelo de producción económica y cultural imprescindible para pensar las mutaciones que tienen lugar en la segunda mitad del siglo XX".


Preciado, fotografiada por Lydia Lunch

Después de leer los trabajos de Preciado no es posible oír un concepto como identidad sexual sin recordar a Baudelaire, cuando decía que, si se ponen juntas, ciertas palabras aúllan. Eso es filosofía política.

Se puede leer un fragmento en línea aquí.


El magnate, su famosa bata y sus chicas

 *  Más que nunca en el sentido que tiene la etimología latina: fascinus = falo

25 may 2010

El MUAC invita a la Ecole Lacanienne de Psychanalyse

El día de mañana se llevará a cabo en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) la cuarta y última reunión del ejercicio de lectura del seminario "Las formaciones del inconsciente", de Jacques Lacan; un ejercicio realizado a cuatro voces por cuatro miembros de la elp.

Para descargar el argumento y la información haz click aquí.

3 may 2010

Conferencia: El sujeto del psicoanálisis, sus consistencias

Jacques Lacan introdujo la noción de sujeto en el campo freudiano. Más que de un mero concepto, se trata de un término que circunscribe el ámbito de una práctica y define su especificidad. En esta plática abordaremos dos momentos decisivos de la enseñanza lacaniana destinados a dar consistencia (mas no sustancia) al sujeto que se desprende de la experiencia analítica, un sujeto distinto al sujeto del conocimiento propio de la tradición filosófica.

Con este argumento ofreceremos una charla el próximo miércoles dentro del ciclo "Conversaciones sobre psicoanálisis" en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

5 de mayo de 2010. 18:00 hrs.
Salón 54, Centro de Posgrado y Educación Continua.
Izazaga 92 Centro histórico. C. P. 06080. México D. F.
Informes al teléfono: 51-30-33-00 Extensión 3348
Entrada Libre

28 mar 2010

James Joyce. Lectura de Finnegans Wake

A la memoria de E.

"Si hubiera sabido que el final del túnel era también la entrada, no habría hecho toda la travesía".
R. Devos., citado por J. Allouch

When they were yung and easily freudened….

Dicen por ahí que la literatura debe al psicoanálisis la obra de James Joyce (1882-1941). No lo sé pero, de ser así, en ningún otro libro del autor irlandés como en Finnegans Wake (1939) sonaría más alto -y página por página- la voz de dicha deuda. Al parecer, Joyce freudeneaba desde joven (no sin aversión, diría más tarde Lacan) y puede decirse que su obra postrera es un libro -si no freudiano- bien afreudeneado.
"A scene at sight. Or dreamoneire. Wich they shall memorise. By her freewritten. Hopely for ear that annalykeses if scars for eye that sumns". (280)
Se sabe que en los estantes de la biblioteca de Joyce en Trieste (cuna del psicoanálisis en Italia, by the way) reposaban ejemplares de La interpretación de los sueños,  la Psicopatología de la vida cotidiana y el libro sobre el Witz; los textos canónicos, como se dice, acerca del inconsciente. Pero si le preguntaban sobre su relación con Freud, a Joyce le gustaba decir que Freud significa “alegría” en alemán, igual que Joyce en inglés. Al responder de esa manera, para Ricardo Piglia, lo que el escritor irlandés decía era: “Yo estoy haciendo lo mismo que Freud”. No lo sé. Pero es cierto que -como "experiencia límite de la literatura"- Finnegans Wake “se construye en gran medida sobre la estructuración formal que se puede inferir de una lectura creativa de la obra de Freud: una lectura que no se preocupa por la temática sino por el modo en que se desarrollan ciertos modos, ciertas formas, ciertas construcciones”.
"And now upright and add them! And plays be honest! And pullit into your self, as on manowoman do another! Candidately, everybody! A mot for amot. Comong, meng, and douh! There was this, wellyoumaycallher". (396)
Joyce llegó a revelar que compuso esta obra a base de lapsus langways, falsemeaning adamelegy, lowquacity, any way words all in one soluble, counterpoint words, entre otros tropos de su propio cuño o inspirados por Saint Calembournuss  (patrono del pun), que sitúan el lenguaje del texto en un puente entre las operaciones del proceso primario freudiano y una suerte de lengua primigenia, “fundamental”, adánica (past Eve and Adam's) y residual, hecha de resabios de otras lenguas, una lengua que -como todas desde de Saussure- es un puro sistema de diferencias, y que introduce en la de cada uno la lengua del otro; confusión de lenguas en cuyo mare mágnum significante suena la risa del Otro, su risa de tercera persona...
"Let thor be orlog, Let Pauline be Irene. Let you be Beeton. And let me be Los Angeles. Now mesure your lenght. Now estimate my capacity. Well, sour? Is this space of our couple of hours too dimensional for you, temporizer? Will you give you up? Como? Fuert it?" (154)
Durante los diecisisete años de vida que le absorbió su creación, Joyce llamó a su obra un work in progress, o sea, un dispositivo de escritura abierto y cambiante, fluvial, que dio como resultado un libro de estructura circular que termina exactamente en el punto donde empieza, escandido a mitad de una frase en su principio (riverrun, que alude al río Liffey) y su final (A way alone a last a loved a long the). Ya en el primer párrafo, en efecto, se anuncian las concepciones de Vico (commodious vicus), el filósofo italiano que veía en el transcurrir de la Historia un viaje circular. En el trayecto del libro joyceano, pareciera que el recorrido no lleva a nada, no trata de nada (“no se preocupa por la temática”) pues, como reza la conocida expresión de Beckett, en este libro Joyce no escribió sobre algo y escribió, en cambio, algo.
"But boy, you did your strong nine furlong mile in slick and lapstick record time and a far fectched deed it was in troth, champion docile, with your high bouncing gait of going and your feat of passage will be contested with you and through you, for centuries to come. The phaynix rose a sun before Erebia sanks his smother". (473)
En Finnegans Wake las palabras parecen estar menos lejos de las cosas, y se diría incluso que -en la medida en que escriben algo- se aproximan a hacerse cosas.
"Withr a clonk? Vartman! See you not soo the pfath they pfunded, oura vatars that arred in Himmal, harruad bathar namas, the gow, the stiar, the tiagara, the liofant, when even thurst was athar vetals, med trefoils slipped the sable rampant, hoof, hoof, hoof, hoof, papadopodopudupedding on fattafottafutt. Ere we are! Signifying, if tungs may tolkan, that primeval conditions gradually receded but nevertheless the emplacement of solid and fluid having to a great extent persisted through intermittences of sullemn fulminance, sollemn nuptialism, sallemn sepulture and providential divining, making possible and even inevitable, after his a time has a tense haves and havenots hesitency, at the place and period under consideration a socially organic entity of a millenary military maritory monetary morphological circumformation in a more or less settled state of equonomic ecolube equalobe equilab equlibrium. Gam on, Gearge! Nomorphemy for me!" (599)
Por ello, si bien se le ha llamado (con y desde la razón) "ilegible" es un libro que, cuando se lee, pide ser leído en voz alta. Además del soporte físico de la escritura, de la materialidad de la letra, la palabra joyceana solicita la participación del cuerpo del lector mediante el aliento, la enunciación significante de la voz. En la lengua materna del texto (un inglés que, a decir de Phillipe Sollers, hace que después del libro tal idioma no exista más, es decir que hace del inglés una lengua muerta; paradójica mezcla pulsional, pues se trata en realidad de una lengua orgánica) la palabra está en una constante tensión hacia lo corporal.

Tal vez por eso dijo Lacan que “si el Finnegans Wake resulta legible, es porque está presente el  goce de quien lo escribió”.
"In the house of breathings lies that word, all fairness. The walls are of rubinnen and the glittergates of elfinbone. The roof herof is of massicious jasper and a canopy of Tyrian awning rises and still descends to it. A grape cluster of lights hangs therebeneath and all the house is filled with the breathings of her fairness, the fairness of fondance and the fairness of milk and rhubarb, and the fairness of roasted meats and uniomargrits and the fairness of promise with consonantia and avowals. There lies her word, you reader!" (249)
Aquí en la voz del autor:

13 mar 2010

FROM: Sigmund Freud TO: Jacques Lacan

En la entrada anterior mencionaba yo el acuse de recibo que Freud hizo de la tesis doctoral de Jacques Lacan. He aquí la imagen de la tarjeta que éste recibió como respuesta al envío de su trabajo sobre la psicosis paranoica ("caso Aimée"), mismo que constituiría su primera incursión en el freudismo. En el lacónico mensaje, fechado en Viena el 8 de enero de 1933, puede leerse: "Gracias por el envío de su tesis".


Como en el envío Lacan no especificó su residencia con claridad -vivía en la rue de la Pompe, pero se domiciliaba en Boulogne- Freud tuvo que inscribir sendas direcciones en la postal.

¿Será que la tesis del joven psiquiatra interesó tan poco a Freud que ni se dignó a abrir el manuscrito?

Es perfectamente plausible. Antes que en el ámbito psicoanalítico o psiquiátrico, la tesis de Lacan obtuvo el reconocimiento de artistas y literatos. En febrero de 1933, Paul Nizan fue el primero en escribir una elogiosa reseña; en mayo de ese mismo año vino una de René Crevel en el mismo tenor, y en el primer número de la revista Minotaure (el mismo en que Lacan publicó su artículo "El problema del estilo y la concepción psiquiátrica de las formas paranoicas de la experiencia"), del mes de junio, Salvador Dalí escribía acerca de la tesis del Doctor: "A ella le debemos el hacernos por primera vez una idea homogénea y total del fenómeno fuera de las miserias mecanicistas en que se empantana la psiquiatría corriente". Así las cosas pues, en el lejano año de 1933. Aún faltaban tres más para que Lacan diera a conocer sus primeras concepciones sobre el estadio del espejo, "la escobilla", según le gustaba decir, que le permitió entrar de lleno al psicoanálisis. (Y sacar el pie, podríamos añadir, que había dejado en el terreno de la psiquiatría).

1 mar 2010

André Breton. Diccionario del surrealismo


Las relaciones entre el psicoanálisis y el surrealismo han sido una suerte de liaisons dangereuses. Suele decirse que el psicoanálisis fue influencia decisiva en la génesis y el desarrollo del surrealismo. Se dice eso en principio porque André Breton, fundador del movimiento, y otros surrealistas a veces lo afirmaron así. Pero también se dice que Freud y Breton nunca se entendieron y que el creador del psicoanálisis marcó distancia con la empresa surrealista, cordialmente, por la vía de la incomprensión.

El 26 de diciembre de 1932, en respuesta al envío de Los vasos comunicantes de Breton, escribía Freud al autor una carta que acababa así:
"Y ahora una confesión, ¡que debe usted acoger con tolerancia! A pesar de que recibo tantas pruebas del interés que usted y sus amigos tienen por mis investigaciones, yo mismo no soy capaz de aclararme qué es y qué quiere el surrealismo. Quizá no estoy hecho para ello, yo que estoy tan alejado del arte."  
Tal vez, como ha señalado Starobinsky, al confesar su incomprensión, Freud disimulaba la sospecha de no haber sido comprendido por los surrealistas. Es posible que -al querer inscribir su psicoanálisis en el marco de cierta cientificidad- Freud rehuyera al misticismo que impregnaba las propuestas bretonianas; pues el surrealismo, en su búsqueda de lo "real maravilloso", metía al mismo saco los fenómenos mediúmnicos, "La ciencia de los sueños" (título desafortunado de la primera traducción al francés de la Traumdeutung) o el automatismo mental de la psiquiatría jacksoniana. También, al declararse incompetente en cuestiones de arte, Freud parecía reducir el surrealismo al campo de la estética, lo que bien podía sonar a ofensa en oídos de Breton, que con su movimiento pretendía -como todas las vanguardias artísticas- borrar las fronteras entre el arte y la vida.

Sea como fuere, la precitada confesión de Freud no dejó de afectar el lugar de "Santo patrón" (según él declaró irónicamente a Stefan Zweig) que le había asignado el surrealismo. Breton no tardó en reprochar a Freud que, al remitirlo exclusivamente al pasado, negara el valor profético del sueño en el futuro inmediato (con lo que negaba, según Breton, el movimiento del deseo). Freud huía del misticismo y Breton del academicismo. De esta suerte, entre el psicoanálisis y el surrealismo hubo principalmente malentendidos.

Pero los malentendidos en el psicoanálisis, como se sabe, suelen ser fecundos, y héte aquí que alguien como Jacques Lacan sí que se entendía con los surrealistas. Tanto que su llegada al psicoanálisis no se explicaría sin sus idas y venidas por los bretes del surrealismo. Se ha dicho, también, que Lacan encontró una referencia inspiradora en el descentramiento del sujeto y la radical puesta en cuestíón del estatuto del objeto que impulsó el surrealismo. Asimismo, en la época en que Freud acusaba gélido recibo de la tesis doctoral de Lacan, Dalí la estudiaba con furor y desarrollaba a partir de ella su "método paranoico-crítico".

Se dice que a Freud le simpatizaba la histriónica locura que fingía -por ser fingidor hasta de lo verdadero (Pessoa), como poeta que era- Salvador Dalí; a quien, por cierto, gustaba mucho hacer retratos de Freud (véase la pinacoteca de este blog). Y que el pintor de exorbitados ojos aseguraba que, al realizar el último de ellos, supo que Freud no tardaría mucho en morir, porque lo vio muerto cuando le posaba, como si al pintarlo soñara y lo viera en un sueño profético, de esos a los que -según Breton- él negó existencia.

Más que de vasos comunicantes, la historia de los encuentros y desencuentros, paralelismos y entrecruzamientos que hubo entre surrealismo y psicoanálisis parece crear una suerte de gozne entre Freud y Lacan, cada uno abriéndole o cerrándole las puertas a ese real del surrealismo que estaría bien estudiar.

Copio unas entradas del Diccionario del surrealismo (1938) por divertidas, poéticas, o simplemente interesantes:

René Magritte. Retrato

ABSURDO. "... estos razonadores tan corrientes, incapaces de elevarse hasta la lógica de lo Absurdo" (Baudelaire). "... el desarreglo de la lógica hasta el absurdo, el uso del absurdo hasta la razón..." (Paul Eluard).

ALFABETO. "El alfabeto mágico, el jeroglifo misterioso sólo nos llegan incompletos y falseados, ya sea por el tiempo, ya sea por aquellos mismos que tienen interés en nuestra ignorancia; volvamos a encontrar la letra perdida o el signo borrado, recompongamos la escala disonante, y así tomaremos fuerzas en el mundo del espíritu" (Nerval)

AMOR. "El amor recíproco, el único que aquí podría interesarnos, es aquel que pone en juego la falta de costumbre en la práctica, la imaginación en la vulgaridad, la percepción del objeto interior en el objeto exterior" (André Breton y Paul Eluard). "El amor ya no pretende estar más allá del bien y del mal, sino que sencillamente, el amor hace de todo mal un bien y por lo menos un más" (René Crevel).

ANGUSTIA. Lámpara que humea con ruidos de espada.

AVIÓN. "El avion es un símbolo sexual, que sirve para ir rápidamente de Berlín a Viena" (atribuido a Freud)

AZAR. "El azar sería la forma de manifestación de la necesidad exterior que se abre un camino en el inconsciente humano" (André Breton)

COCIENTE. "Se puede expresar el paso esencial del surrealismo diciendo que consiste en calcular el cociente del incosnciente por el consciente" (Pierre Naville)

EIDÉTICA. "Término creado por E. R. Jaensch para designar una disposición a visualizar los recuerdos recientes, de modo que se proyecten exteriormente, a manera de una imagen consecutiva" (Ed. Claparède).

ENCUENTRO. "¿Cuál fue el encuentro fundamental de su vida? ¿Hasta qué punto ese encuentro le dio, le da la impresión de lo fortuito, de lo necesario? (Encuesta surrealista en Minotaure, 1933).

EROTISMO. Ceremonia fastuosa celebrada en un subterráneo.

FAMILIA. "Soy el abuelo, el padre, el suegro, el hermano, el cuñado, el yerno, la nuera, el primo, el padrino y el cura del papa actual" (André Breton y Paul Eluard).

FANTASMA. "Simulacro del volumen. Estabilidad obesa. Inmovilidad o movilidad sospechosa. Contornos afectivos. Perímeto metafísico. Hundimiento exhibicionista. Silueta fenomenal. Angustia arquitectónica. Ejemplos de fantasmas: Freud, de Chirico, Greta Garbo, la Gioconda, etc. (Salvador Dalí).

HABLAR. "Hablar por hablar es la fórmula de liberación" (Novalis).

HIMEN. "Humano". (Michel Leiris).

LENGUAJE. "Todo puede ser descrito -verbis-. Todas las actividades están o pueden estar acompañadas de palabras, como todas las representaciones pueden estar acompañadas del yo" (Novalis). "Oh, bocas, el hombre está en busca de un nuevo lenguaje, del cual el gramático de cualquier lengua no tendrá nada que decir" (Apollinaire). "Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial, necesitamos todas las palabras para volverlo real.... Las palabras ganan" (Paul Eluard).

LOCURA. "Corazón dedicado a la piedad, a las paredes de madera muerta". "Locos en olor de pensamiento" (Paul Eluard)

MADRE. "Mi madre es un trompo del cual mi padre es la cuerda" (André Breton y Paul Eluard).

NERVIOS. "Viva la gente que tiene los nervios gruesos como cables" (Lichtenberg).

NEURASTENIA. "Una palabra que no tiene verguenza, una sombra de casis entre dos ojos semejantes" (Paul Eluard).

OBJETO. "Los ready made y los ready made aidés, objetos elegidos o compuestos por Marcel Duchamp desde 1914, constituyen los primeros objetos surrealistas. André Breton, en Introduction au Discours sur le peau de realité (1924), propone fabricar y poner en circulación "ciertos objetos que sólo se perciben en sueños" (objeto onírico). En 1930, Salvador Dalí construye y define los objetos de funcionamiento simbólico (objeto que se presta a un mínimo de funcionamiento mecánico y que está basado en los fantasmas y representaciones susceptibles de ser provocados por la realización de actos inconscientes). Los objetos de funcionamiento simbólico se encararon a continuación del objeto móvil y mudo: la bola suspendida de Giacometti que reunía todos los principios esenciales de la definición anterior que aún se atenía a los medios propios a la escultura. Con la llegada del surrealismo se produce una crisis fundamental del objeto. Sólo el examen muy atento de las numerosas especulaciones a las que este objeto ha dado lugar públicamente permite comprender en todo su alcance la tentación actual del surrealismo (objeto real y virtual, objeto móvil y mudo, objeto fantasma, objeto interpretado, objeto incorporado, ser-objeto, etc.). Paralelamente, el surrealismo atrajo la atención sobre diversas categorías de objetos que existen fuera de él: objeto natural, objeto perturbado, objet trouvé, objeto matemático, objeto involuntario, etc.

Marcel Duchamp. Ready-made

PARANOIA. "Delirio de interpretación que trae consigo una estructura sistemática. //Actividad paranoico-crítica: método espontáneo de conocimiento irracional basado en la observación crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones delirantes" (Salvador Dalí).

PATAFÍSICA. "La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, que concede simbólicamente a los lineamientos de las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad" (Jarry).

PERCEPCIÓN. "Se puede afirmar la presencia o la percepción de un objeto cuando está presente y percibido, cuando está ausente y percibido, cuando no está presente ni percibido" (Pierre Quercy).

PROYECTO. "Por encima del sujeto, más allá del objeto inmediato, la ciencia moderna se funda en el proyecto. En el pensamiento científico, la meditación del objeto por el sujeto toma siempre la forma del proyecto". (Gaston Bachelard)

REPRESENTACIÓN. "Las representaciones convencionales de las fuentes geométricas de la naturaleza sólo son seductoras en función de su poder de oscurecimiento". (André Breton y Paul Eluard)

SABER. "Yo todo lo sabía, tanto he procurado leer entre arroyos de lágrimas" (Nadja).

SEXO. "El antepasado no tenía sexo aparente; a su llegada la palabra empezó a desarrollarse para alcanzar algo cuasi perfecto entre los seres de la primera formación. Esto causaba sensaciones y sorpresas. ¡Eh! ¿qué tengo? sexo. ¿Sabes lo que tengo? ¿sabes qué es? este ex, es un sexo. ¿Sabes qué es? este ex es, sexo es, este exceso. El sexo fue el primer exceso; causó y causa todos los excesos... ¿Qué tengo, qué tengo? ¿qué que tengo? queque tengo. ¿Qué tengo qué es? queque es. ¿Qué es te? Quequete. ¿Qué que tú quieres? queque tú quieres. ¿Qué tengo, qué es, que sea? ¿Qué tengo, que sexo sea? ¿kekséksa?" (J. P. Brisset).

SUEÑO. "Los hombres cuando sueñan trabajan y colaboran en los acontecimientos del universo" (Heráclito).

TÚ. "Donde no existe el tú; no hay mí, y la distinción entre el mí y el tú, el fundamento de toda personalidad y de toda consciencia, sólo se realiza de manera viviente en la diferencia entre el hombre y la mujer. El tú entre la mujer y el hombre tiene un sonido completamente diferente que el monótono tú entre amigos" (Feuerbach).

UNO. "El Uno se manifiesta tres" (Jarry).

VASO COMUNICANTE. "Todo lo que yo quiero, todo lo que pienso y siento, me inclina a una particular filosofía de la inmanencia según la cual la surrealidad estaría contenida en la realidad misma, y no sería superior ni exterior a ésta. Y recíprocamente, porque el continente sería también el contenido. Sería casi como un vaso comunicante entre el continente y el contenido" (André Breton).

YO. "Yo es otro. Si el cobre se despierta clarín no es por su culpa" (Rimbaud).

Salvador Dalí. La persistencia de la memoria (detalle)

De: André Breton, DICCIONARIO DEL SURREALISMO, Losada, 2007.

8 feb 2010

La teoría como ficción, de Maud Mannoni

Hay en la lectura de ciertos libros la sensación de oler de cerca los fundamentos de la experiencia analítica. Son pocos, pero uno de ellos es, a no dudar, La teoría como ficción de Maud Mannoni (1979).

En cada capítulo, Mannoni aborda cuestiones tradicionalmente peliagudas; a saber, la llamada formación de analistas (aquí traza un recorrido por las viscisitudes singulares en Francia, Alemania, Argentina y Estados Unidos, con el común denominador, recuerda, de que las escisiones en las sociedades de psicoanálisis siempre han tenido relación con este punto), el análisis llamado infantil y el análisis de las llamadas psicosis (con la respectiva amenaza de pedagogización y psiquiatrización que, en cada caso, significó para el análisis abrirse a nuevas latitudes); entre otras tantas cuestiones que distan de verse resueltas.

Y no obstante, quien haga la lectura con ojos de analista acaso sienta que le recuerdan obviedades, aspectos elementales de la práctica analítica que no está de más recordar, ya que perderlos de vista es sinónimo de extravío. Por ejemplo, la antinomia existente entre el lugar del analista y la "institución analítica" (una contradicción en los términos, si las hay), la relación del analista con el saber y su lugar en la transferencia, el hecho de que el saber del cual se trata en la dirección de una cura está del lado del analizante, que -como se sabe- no sabe que sabe y encuentra en la escucha paciente del analista y sus intervenciones los medios para inventar (porque -como decía Lacan citando una máxima de Max Jacob- "lo verdadero es siempre nuevo") un saber sobre las causas de su deseo. (Un deseo a un tiempo propio y extranjero cuya verdad grita silenciosa en la envoltura significante del síntoma).

Mannoni advierte a los analistas, sobre todo, del riesgo de ensordecimiento que corre la escucha de quienes tienden a cubrir sus oídos con la cera de la teoría. Recuerda que -lejos de ser un parapeto- en Freud la doctrina podía tener estatuto de ficción o mito, incluso delirio, así como que -para él- la resistencia en el análisis provenía del analista (un decir que suele imputarse a Lacan, que también lo afirmaba), de su incapacidad para reinventarse en la singularidad de cada caso. Al del fundador del psicoanálisis se suman los nombres de Groddeck, Winnicott y Lacan (el fantasma de Ferenczi también revolotea por ahí), que prestan a la autora sus hilos para tejer un tapiz cuyo relieve muestra los elementos de subversión necesarios para que la práctica que aún hoy conocemos bajo el nombre de psicoanálisis siga siendo psicoanálisis. 

Maud Mannoni, La théorie comme fiction, Seuil, Paris, 1979, 203 pp.
 (Edición en español en Crítica, Barcelona, 1980.)

31 ene 2010

Jacques Lacan, un psicoanalista, de Erik Porge


No soy amigo de los libros que se ofrecen como introducción a la obra de Lacan. En primer lugar, porque no creo que Lacan construyera una "obra" (palabra que designa, según el diccionario, un edificio incompleto, "en obra", o un producto artístico, literario o de pensamiento completo, acabado y cerrado, lo que en ningún caso aplica, me parece, a lo que hizo Lacan) sino más bien una enseñanza. Y no es que piense en Lacan como un pedagogo o un maestro espiritual, si bien su seminario, como se recordará, abre con una alusión al acto del maestro Zen. En segundo lugar, no soy amigo de esa clase de libros porque desde que decidí acometer la imposible tarea de leer a Lacan no hacían más que confundirme más. Algunos por hallarlos más alambicados y plenos de hermetismo que los textos lacanianos (el de Joel Dor, por ejemplo, o el de Mikkel Borch-Jacobsen, de quien luego leí artículos buenísimos, de antes de que cambiase de bando, claro, si bien ya algo demasiado coquetos con la filosofía) y otros porque, en su aparente sencillez y su espíritu didáctico, me resultaban sospechosos de engaño, esquematismo y reduccionismo (como el de Jean-Baptiste Fages, cuyo enojoso título "Para comprender a Lacan" (Comprendre Lacan) anuncia en portada el timo de su contenido. Como si Lacan, más allá de definirse como "un traumatizado del malentendido", hubiera pretendido ser comprendido;  ¡mon Dieu!)

Pero un día encontré un libro del que podía decir vaya, he aquí una estupenda introducción a la lectura de Lacan. No sé si es porque, cuando lo leí, ya llevaba yo varios años dándome de topes -comme il faut- con los textos de Lacan; pero tuve la sensación de que alguien entraba ahí a las cosas de un modo en que la claridad no escamoteaba la complejidad y - lo más importante- donde el rigor del abordaje teórico no estaba desprovisto del sentido clínico que caracterizó la enseñanza de Lacan. Es decir que alguien ahí rizaba el rizo convenientemente y a su estilo, como lo hizo el mismo Lacan de manera inigualable. Por eso, siempre que alguien me pregunta al respecto (y ya sé que aquí nadie lo hace, pero hice este blog para algo) no dudo en decir que quien quiera leer una buena introducción a las elaboraciones conceptuales de Lacan se remita a Jacques Lacan, un psicoanalista, este libro de Erik Porge.

Sólo le falta, en mi opinión, haber dado más lugar a la topología. Habrá que conformarse aquí también, ni modo, con aproximarse a un consabido no-todo. O mejor: habrá que seguir haciéndose nudos... Habrá que seguir cortando superficies hasta hacerlas rizos de papel...

Y por favor (aprovecho la entrada para decirlo de una vez), ¡que nadie empiece por los libros de Žižek!

E. Porge, Jacques Lacan, un psicoanalista, Síntesis, Barcelona, 2001, 352 pp.