29 dic 2011

Lacan día por día, de Diana Estrín

Cualquier lector que asoma la nariz a los seminarios de Jacques Lacan está persuadido (y si no, su olfato pronto se lo indica, y si no, pues mucho peor para él) de que abrir tales páginas significa adentrarse a un territorio textual que ofrece dificultades de diversa índole. Más allá de los problemas de establecimiento, del pasaje de lo oral a lo escrito -el famoso y complicado estatus del "Lacan habría dicho"-, de las traducciones, del discurso alambicado que practicaba el psicoanalista francés, uno de los rasgos que caracterizó al seminario que sostuvo durante casi treinta años de enseñanza fue que -reunión tras reunión, explícita o implícitamente- aludía a un cúmulo de autores, artículos y referencias librescas de los que, como se sabe, hacía con frecuencia un uso más bien poco ortodoxo, personal y sumamente libre, por decirlo así de prisa. En este sentido, al leer un seminario de Lacan nos ocurre algo similar a cuando se lee un Ensayo de Montaigne: uno siente que, a través de las citas ocultas o manifiestas, acude a una lectura que, como las muñecas rusas, encierra en su interior otra lectura, lecturas dentro de una lectura que no siempre son evidentes a la primera mirada. Sin embargo, mientras que varias ediciones de la obra del moralista bordelés son pródigas en notas y datos bibliográficos, los seminarios de Lacan suelen llegar a quien se los procura (especialmente en su versión oficial, la de J. A. Miller, y excepción hecha de las establecidas por MRoussan en francés, o R. Rodríguez Ponte en castellano) sin un aparato crítico de lectura, indispensable cuando se trata de un seminario de Lacan.
Así pues, Lacan Día por Día, el libro de  Diana Estrín, se aproxima a suplir dicha carencia y constituye una preciosa herramienta de lectura para quien se adentra en los seminarios, una suerte de mapa de señales para orientarse en ese vasto e intrincado territorio textual que conforma la enseñanza oral de Jacques Lacan.

Gracias a la generosidad de la autora, el libro se encuentra disponible para su descarga en pdf en el sitio de e-diciones de la École Lacanienne de Psychanalyse, en la sección de libros digitales. Para acceder a éste y otros materiales de lectura sólo es preciso registrarse con un correo electrónico en el enlace previo.

28 nov 2011

Presentación del libro "Creación y esquizofrenia", de Jean Oury


El próximo miércoles 30 de noviembre, en la UAM plantel Xochimilco, ciudad de México, presentaremos el libro "Creación y Esquizofrenia", de Jean Oury, recientemente editado por la Ècole Lacanienne de Psychanalyse.
Aquí la información


Para más información de eventos relacionados con la presentación de este libro, click aquí.

2 nov 2011

Haroldo de Campos. "El afreudisiaco Lacan en la galaxia de lalengua"

A mis amigas y amigos del Brasil


"quando se vive sob a espécie da viagem o que importa não é a viagem mas o começo ..." 
Haroldo de Campos. Galaxias



No todo el mundo sabe que Haroldo de Campos (1929-2003), líder fundador creativo y teórico de la Poesía Concreta, primer movimiento vanguardista de poesía brasileña, fue, además, un lector agudo y contumaz de Jacques Lacan.

Acerca del movimiento concreto, comentó Octavio Paz: "La negación del discurso por el discurso es tal vez lo que define toda la gran poesía de Occidente, desde Mallarmé hasta nuestros dias (...) la poesía moderna es la dis-persión del curso: un nuevo dis-curso. La poesía concreta es el fin de ese curso y el gran re-curso contra ese fin". Y otorgaba a los concretistas el mérito de haber inventado (o descubierto, le contrapunteaba Haroldo) "una verdadera topología poética", que realizaba, a su vez, "una crítica del pensamiento discursivo y, así, una crítica de nuestra civilización".

Una empresa poética semejante, ¿resultaría ajena al psicoanálisis? Si se quiere lacaniano, surge de inmediato un no rotundo. El pasado fin de semana, Guy Le Gaufey afirmaba en su seminario en México que la negación formaría parte del estilo de Lacan. Amén de una referencia a la topología, fórmulas tales como: "No hay metalenguaje", "No hay Otro del Otro", "No hay relación sexual", "La mujer no existe", bien podrían inscribirse en una cierta tradición que -negación del discurso por el discurso mediante- configuraría una crítica de los malestares de la civilización. Y sin embargo, la parte más sólida del encuentro entre Haroldo de Campos y el lacanismo se signaría explícitamente no tanto en el concretismo como en la segunda etapa de la obra del poeta: su período neobarroco.

De tal suerte, en su ensayo El afreudisíaco Lacan en la galaxia de lalengua (1989), de Campos declara que su obra de más alto vuelo poético, Galaxias, fue escrita en la misma tradición en la que se le antoja situar la relación Freud/Lacan/Joyce; y evoca la figura de Paz al insertar dicha secuencia en una "tradición de la ruptura". En esta misma línea, el ensayo de Haroldo de Campos -maestro teórico y practicante de la traducción como transcreación- propone traducir el apotegma freudiano Wo es war soll ich verden (*) a la Joyce, es decir, "operando reconcentradamente sobre los significantes y su fonía", puesto que ahí "donde prima el significante, el juego de palabras es preservado en su semantización fónica, en su materia de lenguaje". Así resulta del adagio célebre de Freud: LÀONDE ISS'ESTAVA DEV'EUREI DEVIR-ME. Donde la operación transcreadora hace emerger el yo (EU) del "deber moral" (Lacan) del sujeto y el ME (acaso redundante, como observa el propio Haroldo) que buclea la frase sería, en toda su violencia gramatical, la marca que acentúa el verbo reflexivo inusitado que inventa Jacques Lacan: s'être (ser-se), partícula de un vocablo particular que al particularizar al sujeto "expresaría el modo de la subjetividad absoluta... en su excentricidad radical" (Lacan).

Al más puro estilo Lacan -quien veía en la interpretación analítica la intervención de la función poética del lenguaje ("que sirve a cosas totalmente distintas a la comunicación", seminario L'insu...)-, la transcreación que despliega la obra haroldiana operaría sobre lalengua subjetiva vista como un idiomaterno, en esa misma medida en que "el inconsciente está hecho de lalengua" (de nuevo Lacan). Así, luego de recordar que el idiomaterno (LALENGUA) nos afecta con afectos que son efectos, de Campos destaca en la transmisión de la enseñanza lacaniana y la formación del analista la cuestión del estilo. Escribe en este ensayo:
Por eso mismo llamé a la intervención del "estilo" Lacan en la formación del analista y en la evolución del discurso analítico a partir del lado microtonal de Freud, un "afreudisiaco" introyectado en la galaxia de lalengua.
Del lado Freud como del lado Lacan, el ensayo de de Campos enfatiza el costado escribiente de sendas figuras del psicoanálisis. Al Freud microtonal debilitado de la Internacional opone el sonido polifónico del Lacan de lalangue. Mera cuestión de estilo, si se quiere, donc de la más pura transmisión. Así pues, entre la obra de Freud y la enseñanza de Lacan no queda ausente ni una tradición (de la ruptura) ni una forma de la traducción (como transcreación). Como ejemplo, ¿no sería una operación análoga a la transcreación el vertimiento lacaniano de Verwerfung a forclusion? Me atrevería a avanzar un sí (con la licencia que pasa del juego fonético y hace volar el significante en un estallido conceptual). Y también que el Lacan afreudisiaco de Haroldo de Campos es un muy potente antídoto contra la temible bestia del freudolacanismo. El vuelo de la pluma (stylo) haroldiana la distancia, la empequeñece, el filo de su estilete cercena ambas cabezas a ese monstruo bicéfalo que, como una especie de esfinge sin enigma, asola a la ciudad mundial del psicoanálisis, un discurso que -diluyendo a Freud en Lacan y a Lacan en Freud- transmite una herencia sin ruptura y anula el establecimiento posible de la tradición (a romper). Octavio Paz caracterizó la tradición de la ruptura (suerte de anti-tradición) por "estar hecha de interrupciones, y en la que cada ruptura es un comienzo". Así, de la herida que produce el corte de una ruptura brota lo nuevo como posibilidad. Pero también hay negación: "la negación es lo distinto", escribía Paz. Una tradición que niega (operación lógica que, como se sabe, requiere antes afirmar) el pasado transmite discontinuidades, hiancias, escisiones, aberturas donde lo aún no inscrito puede escribirse en una interrupción como intervención (o viceversa).

Tal como en su Sierpe de don Luis de Góngora Lezama Lima gongorizó al poeta cordobés, en El afreudisiaco Lacan en la galaxia de lalengua Haroldo de Campos lacaniza a Jacques Lacan. El Lacan haroldiano, afreudisíaco, es un Lacan elevado a su más alta potencia significante, la potencia de su letra que es la de su estilo: la potencia de su transmisión.


Nasce morre, poema visual de Haroldo de Campos (1958)

Para descargar el pdf del ensayo en portugués, click aquí.

(Agradezco a Maria Augusta Friche por, entre otras muchas cosas, hacerme llegar este archivo)

***

-El ensayo traducido al castellano se encuentra compilado en "Del arco iris blanco", Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2006.
-En francés fue publicado por Littoral, E.P.E.L., Paris, Novembre 1994.
-Galaxias ha sido recientemente publicado en castellano por Libros Magenta, México, 2011.

(*) Allí donde ello era debo yo advenir "como sujeto", diríase siguiendo a Lacan en castellano.

19 oct 2011

O mal-estar. XVI jornada de Aleph-escola de psicanálise


El próximo viernes 21 de octubre, en Belo Horizonte, Brasil, dará comienzo la XVI jornada de Aleph, Escuela de Psicoanálisis. Quien escribe este blog tendrá el honor de participar.
Para descargar el programa. Click aquí.

22 sept 2011

"Vida de Lacan", de Jacques-Alain Miller

Las anécdotas lacanianas son todas verdaderas, incluso las que son falsas, ya que, en buena doctrina, la verdad se distingue de la exactitud y tiene estructura de ficción.
J. A. Miller

Un instante más y la bomba estallaba.
La frase de Guillaume, lingüísta, que a Lacan le gustaba citar.


Hay que leer la Vida de Lacan que ha escrito Jacques-Alain Miller. Publicada en Paris hace un par de semanas (más de 11 mil ejemplares vendidos) y hace unos días en Argentina, hay que leerla para saber de qué va la cosa con la Orientación lacaniana... (así con mayúscula). No la lea quien busque la contemplación largamente esperada del retrato íntimo, familiar, de la persona de Jacques Lacan (si bien no faltan pinceladas de esta tonalidad: "Lacan tampoco se drogó nunca, ni para probar -se lo pregunté". [p. 34]) Tampoco el que espere encontrar una suerte de antífona a las elaboraciones del Lacan biografiado por Roudinesco. Nada de eso, o muy poco, se hallará en este librito. Y aún menos, importa que advierta yo estas cosas, si en las primeras 30 páginas del libro Miller se aboca a decirnos, sobre todo, lo que no ha escrito en su Vida de Lacan. Siendo un opus que apenas rebasa los 43 folios, algunos creerán el rodeo excesivo. Pero no es mera digresión. Como es sabido, al genio de la lengua no le faltan tropos para presentar el ser bajo el modo de no serlo. Luego de evocar la Life de Boswell sobre el Dr. Johnson, así como la tradición escritural (o escribana) floreciente en las "Vidas" de la Antigüedad y el Renacimiento, Miller procede -así leo el último tercio del libro- a ofrecernos no sólo un retrato inédito, sino acaso una inédita forma del retrato: la efigie analítica. Es que si no es una "Vida" en el sentido antedicho, tampoco se trata, claro está, de mera chismografía, ni de una psicobiografía (aunque no falte el escarceo con esta narrativa: "[Lacan] era del signo de Aries, y la descripción de los que han nacido bajo ese signo, tal como aparece en obras de astrología, le va como un guante" [p. 33]. Acaso con su Vida de Lacan Miller ha inventado -y en pocas páginas, eso no es poco- un género que excede las lindes de "lo biográfico" para aproximarse -así me atreveré a llamarlo- a una biosignansgrafía, donde el personaje (léase sujeto representado por un significante (S1) para otro (S2)) biografiado no puede sino aparecer en fading, operación de escritura cuya elisión barroca descubre un fresco brillante, luminoso, que envuelve al sujeto en su opacidad y nos ofrece en relieve la figura del "hombre de deseo, de pulsión incluso, que [Lacan] era" [p. 39]. Ahí se nos revelan -entre otros rasgos- el Lacan de una rispidez tal en su lazo con la Ley que bajaba del auto y se echaba a andar antes que esperar el cambio de un semáforo en rojo; que miraba en tal forma a un camarero desatento o distraído para inscribir -en la sustitución significante puesta en juego por la pulsión escópica y el aullido (casi a lo Artaud: "¡OOOOhhhh!" [p. 35])- la existencia inefable y estúpida (la del camarero, por supuesto) en un vector de mutuo reconocimiento hegeliano; el que se sentía incómodo dentro de "los límites prescritos a los humanos por la estética trascendental" [p. 39]; un Lacan que "tenía gusto por lo real" (sic) [p. 27] y que era, en suma, rebelde e insurrecto hasta en sus gestos más cotidianos. Ansina pues, la foto no podía resultar más lacaniana, ni estar ausente el punctum donde el a minúscula haría refulgir su destello ciego y enceguecedor. Todo lo cual, huelga decirlo, sí que hace lazo y seduce. Si hace 80 años Ortega y Gasset situaba "La rebelión de las masas", Jacques-Alain Miller dirige hoy sus esfuerzos -así lo dejó en claro al fundar la U. P. J. L. - a la educación de las masas. Un proyecto que, bien visto, estaba inscrito y anunciado hace 30 años en el slogan del primer boletín de la Cause Freudienne: "Here comes everybody". Si alguien me preguntara cómo ha de leerse esta Vida de Lacan, escrita para la opinión ilustrada (según reza el subtítulo, yo le llamaría: o el arte de sepultar un nombre sin caerse en la tumba), diría que el propio Miller nos brinda la clave en los últimos párrafos, cuando cita a Leo Strauss (¿cómo lo leo, Leo?) y su célebre ensayo: La persecución y el arte de escribir. Es decir que estamos ante un opúsculo que es preciso leer entre líneas: "de modo que solo sea oído por aquellos que deben oír." [p. 43] (¡Oh analistas del mundo, venid, creced y multiplicaos!). Y sin embargo, Miller escribe: "no puedo dejar de pensar a propósito de él [Lacan] en la Carta a los Corintios -«Me he hecho todo para todos, para salvarlos a todos»". Cito el inicio de la coda final:
"...él [Lacan] era tú. Venía a buscarte allí donde estabas, tú, con tu propio cortejo, séquito, tu equipaje de prejuicios, y tus maletas de ignorancias, y tus pocos residuos de nociones vagamente adquiridas en los bancos de la escuela. Él no veía en su auditorio un Otro ideal, se dirigía a los que estaban ahí, a fin de llevar a ese pequeño pueblo a comprender lo que él había comprendido, ya que esta transmisión formaba parte de su felicidad..." [p. 43]
Después de leer palabras semejantes y en tal tono (digno de una Pastoral), ¿quién podría declinar la invitación a Formar-se o a Formar-Un-Cartel la próxima vez que -en un quartier parisino, una favela brasileira, un barrio marginal cualquiera o un e-mail de cualquier rincón del mundo- se aparezca un representante de la Orientación lacaniana, con frecuencia enfundado en su traje de plus-un? Sospecho que no-todo(s), pero quizás al-menos-uno. No puedo más que invitar entonces a la lectura de esta Vida de Lacan. Léanla (no sin su Strauss bajo el brazo), se hace de un tirón y (en la edición porteña) son 44 páginas. Verán que, en su naturaleza capicúa, de serpiente engullendo su cola, algo revela esta cifra de lo que viene tramado en el vínculo Miller-Lacan, así como de aquello que -en la enseñanza de cada uno- venía entramado desde antes.
Harpócrates


J. A. Miller, Vida de Lacan, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2011. Trad. Miquel Bassols y Silvia Tendlarz

18 sept 2011

Lacan lector de Schreber, sus "misreadings"

Releyendo este domingo unos capítulos de El escritorio de Lacan, de Jorge Baños Orellana, llamó mi atención la referencia a un artículo de Carlos Faig que puntualiza unos curiosos olvidos y misreadings en los que Lacan incurrió al leer las memorias del presidente Schreber. Felizmente lo he encontrado en la red; y ahora, para los lectores del blog, pongo abajo (hasta abajo, no sea que no lean mi nota) el enlace al breve artículo.
Sabido es que Lacan tergiversaba con frecuencia el decir de los autores de los que hablaba y escribía (esto es trabajado con agudeza en la obra de Baños Orellana), y que -si de textos se trataba- llevaba a su molino el agua que le servía y dejaba correr la que no había de beber. Muy pero muy de prisa, simplificando en exceso y muy groseramente la relación Freud/Lacan, podría decirse que Lacan fue ante todo un gran tergiversador de Freud. Pero también lo fue de Saussure, Aristóteles, Peirce, San Agustín, HeideggerJoyce y un largo, larguísimo etcétera. Lo que no significa, en ningún momento, que a varios de los citados no los haya leído "bien", incluso "a fondo" (incluso -como en el caso de Freud- "a la letra"). ¿Por qué, entonces, no iba a leer "a su manera" al presidente Schreber? Ante el hallazgo de un misreading en los textos lacanianos, un lector lego -si está en buen son- podría decir: "¡No entendió nada este Lacan, pero qué genial interpretación! (Me ha tocado escucharlo.) Los lectores mala leche, en cambio, podrían tomarlo de estandarte e incluirlo en el primer capítulo de un libro titulado Imposturas intelectuales. Ciertamente, si los críticos que se afanan en demostrar que Lacan era un "charlacan" de verdad lo leyeran, encontrarían mucha tela para cortar. Pero eso les llevaría muchos años.
Si bien no todas las tergiversaciones tienen el lugar de un misreading (también había lapsus, olvidos, simples equivocaciones), para los analistas el estilo con el que Lacan leía no puede resultar tan sorprendente; pues se sabe que -cuando de psicoanálisis se trata- las cosas sólo funcionan si el método freudiano se adapta a las singularidades que requiere cada análisis (la "elasticidad de la técnica", que decía Ferenczi). Cada análisis deviene así una potencial máquina de hacer ficción, "novela familiar", "mito individual". (¿Y es que no hay algo de lectura en la acción del analista?). Los "errores" de Lacan en su lectura de Schreber no invalidan los desarrollos doctrinarios que elaboró a partir de ella. (La flaqueza de un concepto como Forclusión del Nombre del Padre hay que buscarla en "otras voces, otros ámbitos".) ¿Quién, desde el psicoanálisis (o sea, nadie en su "sano juicio") se animaría hoy a cuestionar las tesis de Freud sobre la sexualidad infantil debido a los baches (histórico-biográficos, errores de traducción, etc.) en los que tropezó su estudio sobre Leonardo? Al menos, me parece, no se haría a partir de ellos.
Lacan, quien se decía un traumatizado del malentendido puso su grano de arena en dicho trauma. Lacan, que advertía no decir toda la verdad porque ésta no puede decirse toda, también nos decía que la verdad está estructurada como una ficción. A este respecto, conviene recordar también a Maud Mannoni, que afirmaba, en un bello libro, que el verdadero estatuto de la teoría en el psicoanálisis no es otro que el de la ficción; la cual no se opone -como se piensa con frecuencia- a la "realidad objetiva", sino que más bien constituye su muy particular elaboración. A esta operación subjetiva, a veces, Freud la llamó fantasía, a veces delirio.



Para leer el artículo de Carlos Faig, "Schreber de memoria" (publicado originalmente en Bs. Aires en 1989), click aquí.

9 sept 2011

30 años sin Jacques Lacan

 "Soy obstinado... Desaparezco."
           Últimas palabras de Lacan

Hoy se cumplen 30 años de la desaparición física de Jacques Lacan. En varias partes del mundo y, como es natural (¿y sí?), principalmente en Francia, llueven desde hace unos días homenajes y actividades que recuerdan al psicoanalista francés que revolucionó el panorama psicoanalítico durante la segunda mitad del siglo XX. Como este blog no se podía quedar sin asistir al mare mágnum de información que circula en la red, voy a colgar tres fragmentos que he escogido entre los libros de testimonios sobre Lacan (uno de su hija, dos de analizantes suyos) que aluden al momento de su muerte; un hecho que, a la manera de un corte topológico, vino a crear un límite, así como a transformar y a revelar ciertos rasgos estructurales del llamado movimiento psicoanalítico.
(Los tres libros existen en español, pero dado que es mi biblioteca personal la abastecedora del blog, traduzco a vuelatecla directamente de mis ejemplares.)
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Sybille Lacan
"En el Jacques Lacan, de Elizabeth Roudinesco, aparecido en septiembre de 1993, la autora evoca al final del capítulo "Tumba para un faraón" los últimos instantes de mi padre:
Escribe: ".... bruscamente la sutura mecánica se rompió, provocando una peritonitis, seguida de una septisemia. El dolor era atroz. Como Max Schur en la cabecera de Freud, el médico tomó la decisión de administrar la droga necesaria para una muerte suave. En el último instante, Lacan lo fusiló con la mirada". [Énfasis de S. L.]
Cuando leí esta última frase, me asaltó una desesperación indecible. Me derretí en lágrimas, que se transformaron en convulsivos espasmos. Boca abajo, sobre el diván de la "gran sala", zozobraba en un torrente de lágrimas ardientes que parecía que nunca se detendrían. La idea de que mi padre se había visto caer en la nada, sabiendo que iba a no ser más me era insoportable. Su furor en ese instante, su falta de aceptación del destino común de todos los hombres me lo hacían más querido, pues yo lo reconocía ahí completamente: "obstinado", según las últimas palabras que se le atribuyen.
 Ese día, creo, es el que más cercana me he sentido de mi padre. Después, ya no he vuelto a llorar pensando en él."
(De: Un padre)
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Gérard Haddad
"La desaparición de Lacan fue un suceso nacional. Los medios, sobre todo los diarios, le dedicaron su primera página. En verdad, y la distancia confirma la cosa, esta muerte marcaba el final de una época de la vida cultural francesa en su conjunto, más bien brillante. La mediocridad pronto se abatiría sobre la vida intelectual aspirada por la vanidad mediática.
Pronto asistimos a un suceso curioso, desconocido por los etnólogos y poco conveniente. Es una regla, en efecto, observar ante la muerte de un gran hombre, al menos hasta los funerales, un momento de silencio y de homenaje, considerar en primer lugar sus aportes positivos. O bien, he aquí que la prensa se encuentra invadida de artículos venenosos, venidos de la pluma de antiguos alumnos que habían roto con él desde hacía mucho, pero, todavía más sorprendente, también de los discípulos de última hora. El diario Liberation publicará así una página llena de reacciones de miembros de la difunta Escuela Freudiana. La intervención de mi agregado de prensa me permitió estar entre ellos. Rendí homenaje a la obra de mi maestro, a lo que le debía. A la mañana siguiente, al leer ese diario, quedé consternado al constatar que mi intervención era la única que saludaba sin ambigüedad ni reserva la desaparición de aquél que tanto nos había dado. Los alumnos que le fueron cercanos juzgarían bien, en las líneas que le dedicaban, criticar al desaparecido."
(De: El día que Lacan me adoptó)
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Stuart Schneiderman
"Cuando Lacan murió el 9 de septiembre de 1981, el suceso fue un anticlimax. Quizá debido al proceso que Robert Jay Lifton llama aturdimiento psíquico (psychic numbing), la gente no parecía capaz de una reacción auténtica. Un analista me dijo que no hubo un duelo significativo por Lacan puesto que, según lo dijo, "lo hicimos hace un año". Otros apenas y notaron su pasaje porque habían llegado a creer que su alma había tomado por habitación la de su yerno, Jacques-Alain Miller.
A veces parecía que un buen número de gente había deseado la muerte de Lacan. Hay muchos analistas que aún parecen orgullosos de tener un complejo de Edipo para actuar tales escenas en un vestido edípico. Pero los eventos mismos y los actos de Lacan en el mundo, en su mundo, sugieren otra lectura."
(De: Jacques Lacan: la muerte de un héroe intelectual)
***

En esta última cita, la referencia de Schneiderman a Lifton es muy oportuna para la ocasión. Se recordará que en el encuentro que éste último sostuvo con Lacan en Yale, en 1975, el psicoanalista francés se declararía "liftoniano". El diálogo entre ambos giró en torno a las relaciones entre la muerte y el simbolismo, más exactamente, se planteaba la posibilidad de simbolizar la muerte. En la obra de Lifton, psiquiatra norteamericano que estudió a fondo las catástrofes humanas (p. ej., los holocaustos), los sobrevivientes han de pagar su deuda con los muertos estableciendo una línea de continuidad con la vida. 
En el ámbito lacaniano, ¿de qué orden serían dicha deuda y la posibilidad de saldarla? Quizá unas palabras del propio Lacan -que tanto privilegio dio en su transmisión a lo oral sobre lo escrito- extraídas de su texto sobre "La carta robada", se acercan en algo a responder: "Ojalá los escritos permaneciesen, lo cual es más bien el caso de las palabras: pues de éstas la deuda imborrable por lo menos fecunda nuestros actos por sus transferencias."


Que así sea, pues, pese a quien pese lo imposible... Hasta que la muerte nos arranque de la vida.


Placa en el frontispicio del número 5 de la calle Lille


Fuente de las citas:
-Sybille Lacan, Un père (puzzle), Folio, Paris, 1994.
-Gérard Haddad, Le Jour où Lacan m' a adopté, Grasset, Paris, 2002.
-Stuart Schneiderman, Jacques Lacan, The death of an intellectual hero, Harvard University Press, USA, 1983.
Trad. Gabriel Meraz

29 jul 2011

Der Struwwelpeter: un avatar de la castración

 "Pues, la angustia de la muerte, puede ser concebida lo mismo que la angustia de la conciencia moral, como un procesamiento de la angustia de castración." 

                                                                                     S. Freud (El Yo y el Ello)


La luz de mi escritorio alumbra la portada de Der Struwwelpeter. Ataviado con faldollín rojo, un niño de rostro desdichado exhibe en cada mano unas uñas que han crecido hasta volverse garras, el pelo enmarañado a leguas deja adivinar que a este pequeño -como en el memorable verso de Neruda- las peluquerías lo hacen llorar a gritos.

Pero no juzguemos con premura al pobre niño, vean el precio de tan pringado y desastrado aspecto:

¡Aquí está, nenes y nenas,
éste es Pedro Melenas!
Por no cortarse las uñas
le crecieron diez pezuñas,
y hace más de un año entero
que no ha visto al peluquero.
¡Qué vergüenza! ¡Qué horroroso!
¡Qué niño más cochambroso!

¡Nada menos que el escarnio social! Pobre Pedro, y todo por sacarle al peine y las tijeras.

Traducido al español  como "Pedro melenas", "Pedro el desgreñado" o "Pedro el asqueroso", Der Struwwelpeter es el nombre de un libro de cuentos para niños que conoció gran éxito durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Si bien se trata de uno de los libros infantiles más célebres, acaso también sea uno de los más polémicos. Nos encontramos, en efecto, ante a uno de los más conspicuos representantes de la llamada "pedagogía negra"; pero éste cuenta con el sello inconfundible de la marca teutona: "Made in Germany". Incluso alguien como Charlotte Bühler -la psicóloga del desarrollo que abonó en algo al estadio del espejo lacaniano- consideraba este libro un manual ideal para la educación de los niños.

Heinrich Hoffman, el autor -que en cuestiones siniestras rivalizaría sin duda con el otro Hoffmann (Ernst Theodor Amadeus)-, era un pediatra que, según se cuenta, acostumbraba narrar historias de su propia inspiración a sus inquietos (y a la postre aterrorizados) pacientes, con el fin de apacigüarlos durante la consulta. Más tarde, tales narraciones pasarían a formar parte de Der Struwwelpeter. Lo cierto es que el propio Hoffmann consignó en una carta pública las circunstancias en que se gestó la obra por la que sería recordado; decía allí:
"¡Habent sua fata libelli! ¡Los libros tienen su Destino! Y esto vale para el Struwwelpeter. En la Navidad de 1844, buscaba un regalo para mi hijo pequeño, de tres años y medio. Quería un libro ilustrado, que correspondiese a la edad de aquel pequeño ciudadano del mundo, pero todo lo que veía no me decía nada (...)Finalmente, tomé un cuaderno en blanco y le dije a mi esposa: 'Le voy a hacer al niño el libro ilustrado que necesita'. El niño aprende viendo, le entra todo por los ojos, comprende lo que ve. No hay que hacerle advertencias morales. Cuando le dicen: Lávate; Cuidado con el fuego; Deja eso; ¡Obedece!, para el niño son conceptos sin sentido. Pero el dibujo de un desarrapado, sucio, de un vestido en llamas, la imagen de la desgracia le instruye más que todo lo que se pueda decir con las mejores intenciones. Por eso es cierto el refrán que dice: El gato escaldado huye".
Conformado por diez cuentos en rima, cada uno retrato de una conducta indeseable y su correspondiente castigo, y con un subtítulo que parecería rezumar ironía (Historias muy divertidas y estampas aún más graciosas para niños de 3 a 6 años), Der Struwwelpeter alcanzó un gran éxito comercial desde su publicación en 1845. Las traducciones se aceleraron y, de esta misma suerte, el texto y sus imágenes pronto se inscribirían en la educación sentimental, por así decirlo, de varias generaciones de niños.

Al lado del cochambroso Pedro, por ahí desfila la imprudente y desdichada Paulina que, por andar jugando con cerillos, se incendia desde el vestido hasta los huesos y queda reducida a cenizas; o bien el melindroso Gaspar que, por no tomar sus alimentos como Dios manda, ve adelgazar su cuerpo hasta la extinción.

Pero la historia que más nos interesa (por razones de inmediato evidentes) es la de "Conrado, el pequeño chupadedos". En ella, una madre advierte a su pequeño hijo que no ose chuparse el pulgar durante su ausencia o, de lo contrario, vendrá a cortárselo un sastre armado de unas enormes tijeras. Apenas la madre se da vuelta el niño, como es natural, empieza a chuparse el dedo, cuando de pronto entra a escena el horrífico sastre y le cercena el pulgar de cada mano. Esta es la triste y cruenta historia de Conrado:


"¡Conrado!", dice mamá:          
"Salgo un rato, estate acá;
sé bueno, juicioso y pío,
hasta que vuelva, hijo mío,
y no te chupes el dedo
porque entonces —¡ay, qué miedo!—
vendrá a buscarte, pillastre,
con las tijeras el sastre,
y te cortará —tris, tras!—
los pulgares, ya verás".









Sale doña Berta y ¡zas!
¡Chupa que te chuparás…!








Se abre la puerta y de un salto,     
entra en la casa, al asalto,
el terrible sastre aquél
que venía en busca de él.
Con la afilada tijera
le corta los dedos —¡fuera!—









y deja al pobre Conrado
llorando desconsolado.
Cuando vuelve doña Berta,  
lo encuentra, triste, en la puerta.
¡Sin pulgares se quedó,
el sastre se los cortó!








Ya en sus Tres Ensayos de teoría sexual, Sigmund Freud hablaba del chupeteo como una manifestación autoerótica que no esperó al psicoanálisis para ser evidente pues, decía, incluso los pediatras del siglo XIX repararon en el carácter sexual del chupeteo infantil.

En una de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis, luego de puntualizar algunos elementos que considera constitutivos de la "realidad material" del complejo de castración (la amenaza explícita de castración, la visión del genital femenino, etc.), Freud alude de manera explícita al libro que comentamos, dice: "En el famoso Struwwelpeter de Hoffman, el pediatra de Frankfurt, cuyo libro debe su popularidad justamente a la comprensión que muestra de los complejos sexuales y otros de la infancia, hallan ustedes a la castración morigerada y sustituida por el corte del pulgar como castigo a un chupeteo obstinado."

En el sentido freudiano más estricto (lo que no implica caer en una rancia ortodoxia), el complejo de castración parecería estar lejos de ser un conjunto abigarrado de metáforas bizarras. Un comentario de Oscar Masotta pone los puntos sobre la íes en lo que toca al lugar de este libro en el contexto postvictoriano que vió nacer al psicoanálisis: "El complejo de Edipo y su secuela, el complejo de castración, no son sino las marcas, de las que el pensamiento freudiano no es más que el efecto, de la educación autoritaria de la época". A lo que añade:
"Bastaría para demostrarlo con citar algunos textos de lectura alemanes de la época. Der Struwwelpeter, el texto para enseñanza primaria firmado por el doctor Heinrich Hoffmann, y en cuya cubierta se lee en efecto que se lo recomendaba para la educación de los niños entre tres y seis años de edad, no es más que la prueba espeluznante de que la castración no es una idea del individuo, sino el gesto real del adulto autoritario entronizado en los valores de la época y en el ejemplo educativo. Esto con respecto a la sociedad real que le tocó vivir a Freud."
En tiempos donde la pedagogía solería perderse en los senderos del (así llamado) sentido común y el manga y el anime abordan con explicitud los avatares del sexo, ¿en qué vendrán a modificarse los aspectos estructurantes que en el sujeto mantiene la castración? Creo que se trata de una interesante cuestión a zanjar...

Click aquí para descargar en pdf el libro en español.

22 jul 2011

Lucian Freud (1922-2011), pintor del cuerpo

"Quiero que mi pintura funcione como carne. Para mí, la pintura es la persona. Que ejerce sobre mí mismo un idéntico efecto que la carne."
(L. F. )


Hace un par de de días murió en su domicilio londinense Lucian Freud. Tenía ochenta y ocho años. Apenas unas semanas atrás lo evocaba yo en este blog a propósito de una subasta. Ahora, ¿cuánto inflará el aliento de la muerte del artista el precio de sus trabajos?

Lucian Freud nació en la ciudad de Berlín, pero en 1933 emigró con sus padres a Londres. Hijo de Ernst -el hijo menor de Sigmund Freud- y pintor en ciernes se reuniría con sus abuelos (Martha y Sigmund) y su tía (Anna) cuando -ante la invasión nazi y contra su voluntad- el creador del psicoanálisis se exiliara con su familia en Londres en 1938. Ese mismo año, el joven Lucian empezaría a estudiar arte en ésta y otras ciudades de Inglaterra. En sus años de formación flirteó con el surrealismo, no obstante, poco después empezaría a ensayar el estilo hiperrealista y lleno de expresividad que le sería característico.

Durante la década de 1950 sus retratos y autorretratos comenzaron a obtener reconocimiento internacional. Al lado de Francis Bacon (de quien fue amigo), es considerado una de las figuras más representativas de la escuela neofigurativa inglesa.

Se dice que tuvo cerca de cuarenta hijos, lo que no deja de ser de una excelsa prolijidad en alguien que, además, pintó algunos cientos de cuadros y realizó miles de bosquejos.

De estirpe rubensiana, goyesca, la obra de Lucian Freud nos recuerda que entre la carne hecha jiras y la experiencia del cuerpo queda apenas esa delgada línea reflejante que llamamos espejo (función de cuadro de la superfice especular); nos dice que el lazo de identidad que anuda nuestro nombre y nuestro rostro no es sino la argucia imaginaria que quiere apuntalar -siquiera momentáneamente- nuestra frágil consistencia de sujetos...