28 may. 2012

Retratos (I): Freud con su perra Jofi

No por amo menos amoroso, pero a buen seguro esta foto muestra a Freud en su faceta de amo. Frisando ya los ochenta, un gesto como inclinarse a dar una caricia a Jofi (belleza, en hebreo), su inseparable chow chow de los últimos años, revela más dificultad que parsimonia en el andar de un hombre que aun en su edad madura rebosaba jovialidad. Ahora el cuerpo de Freud parece tenso y rígido y las líneas de expresión de su rostro sugieren la adustez y la severidad normales en quien ha sufrido enfermedad. Incluso la barba ya completamente blanca deja adivinar en su boca una contenida amargura. Se ha dicho poco de la pasión tardía de Freud por los perros, pero no resulta anómala en alguien que ha pasado medio siglo escuchando a media humanidad. El atuendo impecable del maestro ―un traje hecho a la medida, como debía ser, nos decía él, la técnica del psicoanalista― y la decoración del famoso estudio revelan de manera inequívoca un cuadro burgués. Los tapetes y tapices confieren a la imagen un ambiente exótico en el que domina un gusto fin de siécle. Por más que el cuello de la camisa nos parezca arrugado el nudo de la corbata ajustado a la perfección y la cadena del reloj cruzando el chaleco rescatan la imagen de Freud como hombre de impoluta elegancia.



Sobre el escritorio, cerca de los dos brazos izquierdos (el de cuero y el de carne y hueso) que en mutua labor sostienen a Freud en su descenso, reposan unos papeles en discreto desorden, seguramente notas o páginas manuscritas de alguno de sus últimos trabajos. Al fondo, sobre el ventanal, cuelga el pequeño espejo victoriano que Freud usaba para acomodar sus prótesis mandibulares antes de pasar al consultorio (donde Jofi rara vez se le separaba), y ahora es posible vislumbrar en él la calva occipital del analista. De uno concentrarse en tal reflejo especular pensaría de inmediato en el cráneo freudiano que inmortalizó en un boceto Salvador Dalí, el mismo que hizo decir al pintor de Figueras haber replicado la imagen de una inminente calavera. Pero el punto de fuga del retrato lleva el ojo observador hacia la perra, que parece no interesarse en la cámara y algo atisba en la lejanía, en esa actitud tan de los canes de mirar inquietamente el vacío que ha llevado a alguna gente a atribuirles la facultad de divisar espíritus. Suele creerse que el reloj gobernaba implacable el tiempo que duraban las sesiones en Bergasse 19, pero según cuenta Martin Freud en su libro sobre su padre, cuando Jofi ―que solía estar tumbada al lado del diván― se levantaba bostezando, Freud veía en su gesto perruno el signo fehaciente de que era momento de cortar, si bien ella podía anticiparse uno o dos minutos precipitando una suerte de escansión lacaniana avant la lettre. Jofi moriría de un ataque cardíaco pocas semanas después de ser tomada esta foto. Freud ―reconociendo en el amor a estos animales uno de cuño especial, pues, decía, es ajeno a la ambivalencia― confesó en una carta a Arnold Zweig que su duelo por la perra le parecía algo irreal, "sin embargo, por supuesto, no podemos fácilmente desembarazarnos de 7 años de intimidad". El creador del psicoanálisis sobreviviría dos años a su mascota, pero aquí de octogenario ya daba la impresión de cargar sobre su espalda el peso de todo el siglo XX. Y el tiempo parece no desmentir lo que decía en silencioso rictus su columna vertebral.

17 may. 2012

Alain Badiou, su teoría del sujeto y Lacan

"Mientras más poesía lee uno, menos tolerante se vuelve a cualquier forma de verbosidad, ya sea en el discurso político o filosófico, en historia, estudios sociales o en el arte de la ficción".
Joseph Brodsky

Alain Badiou es sin duda uno de los pensadores que ha llevado con mayor fortuna provecho las aguas de la enseñanza lacaniana al molino de sus elaboraciones teóricas. La semana pasada el diario argentino Página 12 publicó un pequeño texto donde de un modo autobiográfico Badiou ofrece un breve recuento de su andar por ese río que mezcla las aguas de la vida y la teoría, y en el que dedica a su relación con la obra de Lacan unas palabras que encontré propicias para situar unas diferencias entre la teoría del sujeto que plantea Badiou y la del propio Lacan. Aquí van:
Lacan me enseñó la conexión, el lazo necesario entre una teoría de los sujetos y una teoría de las formas. Me enseñó cómo y por qué el pensamiento sobre el sujeto, que había sido opuesto a menudo a la teoría de las formas, no era en realidad inteligible más que en el marco de esa teoría. Me enseñó que el sujeto es una pregunta que no es en absoluto de carácter psicológico ni fenomenológico, sino que es una pregunta axiomática y formal. ¡Más que toda otra pregunta! 
Cabe creer que con "teoría de las formas" Badiou se refiere a las formas platónicas. Pero en todo caso, y en buen discurso filosófico, tales formas presuponen sustancias. Son sustancias. La teoría del sujeto en Lacan, -y de manera clara a partir del momento en que define al sujeto como "lo que un significante representa para otro significante" (1963)- vincula al sujeto a una forma, sí, pero no en un sentido platónico, pues se trata de una forma sin sustancia. Incluso si Lacan habla del "ser del sujeto", no habría allí una ontología, menos una ontología sensible a la política y la antropología, como podría ser quizá el ámbito en el que se despliegan las indagaciones de Badiou. Más adelante sigue:
 Lacan era para mí una prosa; seguí poco los seminarios. Era una prosa teórica, un estilo que combinaba, justamente en la prosa misma, los recursos del formalismo y los recursos de mi único y verdadero maestro en materia de poemas, que era Mallarmé. Esta conjunción en la prosa, esta posibilidad de la conjunción del formalismo de un lado (el matema) y del otro la sinuosidad mallarmeana me convenció de que se podía, en materia de teoría del sujeto, circular entre el poema y la formalización.
 Si puede ser cierto que entre matema y poema el estilo de Lacan iba y venía, si uno se atuviera a los Escritos quedan fuera ciertos enunciados de pasaje que, en su elaboración sucesiva y gradual, hilvanaron el discurso de Lacan con las cuestiones más atinentes a la práctica analítica (donde -¿no está de más decirlo?- nada tiene un carácter axiomático). Fuera queda el sujeto como efecto de corte ("El deseo y su interpretación"), fuera el sujeto causado por un objeto que no es sino la imagen de una nada ("La angustia"), por ejemplo. ¿O alguien ha visto pulular a este sujeto en los Escritos? Sin la lectura de los seminarios, ciertamente para algunos, es posible que los enunciados de Lacan quedasen reducidos a una "prosa teórica". Eso depende de los ojos que los recorran. No veo problema en ello, si se tiene en cuenta que el discurso analítico no es -ni será jamás- una filosofía. A veces no viene mal invitar a Perogrullo a recordarnos algo: la teoría del sujeto de Badiou (et. al.) es filosofía, la de Lacan no. Si no me creen, lean a Badiou (con todo y sus matemas): 

15 may. 2012

Adiós a Carlos Fuentes (1928-2012)

Hace unas horas murió Carlos Fuentes. Por alguna razón que se me escapa -pero a Jung seguramente no-, a poco de despertar esta mañana pensé en unas palabras suyas. Ahora, de su alfabético libro de ensayos "En esto creo", copio estas otras:

MUERTE
Cuando se trata de acompañar a la muerte, ¿cuál es el tiempo válido para la vida? Freud nos advierte que lo que no tiene vida existió con anterioridad a lo vivo. El fin de toda vida es la muerte, una reina todopoderosa que nos precedió y seguirá aquí cuando desaparezcamos. ¿Nos anunció antes de ser? ¿Nos recordará después de haber sido? O más bien, la nada que nos precedió y que nos seguirá, ¿sólo se vuelve consciente en tanto naturaleza, no en tanto nada, gracias a nuestro paso por la vida? La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es. La esperamos con grados diferentes de aceptación, de furia, de tristeza, de cuestionamiento, de arrepentimiento, de eso que Xavier Villaurrutia llamaba nostalgia de la muerte. Hacemos el balance de nuestra vida, pero sabemos que el verdadero fiscal es la muerte y que su veredicto lo conocemos de antemano.

De: En esto creo, Seix Barral, México, 2002.

3 may. 2012

Lacan y los surrealismos (seminario)




Seminario de Jorge Baños Orellana
Viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de mayo
Museo Casa de León Trotsky
Av. Río Churubusco 410, Colonia del Carmen, Coyoacán
Argumento:
Se insiste con que, sin el surrealismo, el psicoanálisis lacaniano nunca habría llegado a ser
lo que es. De acuerdo, ¿pero hasta qué punto y de qué surrealismo estamos hablando?
Porque las divisiones internas del surrealismo son su marca de nacimiento. Al respecto,
Jacques Lacan conservaba la amistad con Breton aunque almorzaba regularmente con
Bataille; se citaba con Dalí aunque era de la corte de Picasso; recomendaba a Caillois
aunque también lo fustigaba; sacaba partido de la antropología fantasmal de Leiris aunque
parecía más próximo a Lévi-Strauss; se inspiraba en textos automáticos aunque también
señalaba su miseria; y es tan cierto que participó de la reclusión psiquiátrica de Artaud
como que fue él quien rescató a Dora Maar de los electrochoques de la clínica Sainte-Anne.
Y la lista sigue.
Es hora de comenzar a poner en foco esta relación aparentemente borrosa de Lacan con los muchos surrealismos, precisando cuáles consecuencias habría o no tenido para él en tanto psicoanalista. Y para evitar la trampa más común, adoptaremos la precaución de no soslayar una dificultad agregada: la añadida por testimonios de que los protagonistas del surrealismo dividido no permanecieron tiesos. Ellos no jugaron, para nuestra comodidad, siempre la misma partida; ni tampoco, hay que decirlo, Lacan permaneció siempre en la senda de los primeros pasos. 
Al respecto, 1938 fue un año elocuente.
La agitación comienza el mes de enero, en París, con la inauguración de la Exposición
Internacional Surrealista (hecha para responder a la exposición nazi de “El arte
degenerado” realizada en Munich) y los siguientes meses serán el marco de una
consolidación simultánea y extrema de prácticamente todas las fracciones del movimiento:
Breton escribe con Trotsky el “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”;
Caillois lee “Viento de invierno”; Bataille, “El aprendiz de brujo”; Leiris corrige La edad
del hombre; el Guernica peregrina por ocho ciudades europeas; Artaud publica El teatro y
su doble. Por su parte, Lacan entrega el fascículo La familia, condensando las conclusiones
de la primera época. 1938 marca, así, una innegable línea de llegada, lo que no impide
que, retroactivamente, lo tomemos también como el año del punto de inflexión; porque la
Segunda guerra mundial estalla y, a su término, nadie vuelve a ser el mismo.
Los pormenores del antes, el durante y el después de 1938 serán, por eso, el eje ordenador
de este seminario psicoanalítico a propósito de los surrealismos de Jacques Lacan.


BIBLIOGRAFÍA :
Jacques Lacan: [1931], “Estructura de las psicosis paranoicas”, en El analiticón: clínica
psicoanalítica de las psicosis, n°4, Barcelona, 1987, pp. 5-20. Original: “Structure des
psychoses paranoïaques”, Semaine des Hôpitaux de Paris, n° 14, juillet 1931, p.
440. En http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-07-07.doc
[1931] con Joseph Lévy-Valensi y Pierre Migault, “Écrits inspirés :
schizographie”, Annales Médico-Psychologiques, en 11 de noviembre 1931 t. II, p. 520.
Incluido como anexo en De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la
personnalité, Paris, Seuil, 1975.
También en: http://www.ecole-lacanienne.net/documents/1931-11-12a.doc
[1932] De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad, tr. Antonio
Alatorre, México, Siglo xxi, 1976.
[1957], “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”, en Escritos 1,
siglo XXI, México D.F:.
André Breton[1928/62], Nadja, ed. Joaquin Mortiz, México, 1967.
[1930], “Segundo Manifiesto”, incluido en Manifiestos del surrealismo, tr. Andrés Bosh,
Barcelona, Labor, 1992.
[1930] con Paul Eluard, La inmaculada concepción, ed. de la Flor, Buenos Aires, 1972.
[1952] Conversaciones (1913-1952), FCE, México D.F., 1987.
Otros:
Danielle ARNOUX [1993], “La ruptura entre Jacques Lacan y Gäetan Gatian de Clérambault
», rev. Litoral n°16: Antecedentes lacanianos, tr. Federido Höller, Córdoba, Argentina, abril
de 1994.
Antonin ARTAUD [1947], Van Gogh, el suicidado por la sociedad, Argonauta, Buenos Aires,
2007
Alice MAHON [2005], Surrealismo, eros y política, 1938-1968, Alianza, Madrid, 2009.
Gabriel MERAZ-ARRIOLA, “La escritura de un cuerpo imposible: Antonin Artaud”, en
rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Juan TOVAR, “La obra soñada”, en rev. Litoral n°43, México D.F. , 2011.
Inscripciones:
Las inscripciones sólo se efectuarán con los inscriptores, ya que el Museo no permite que se
efectúen en el lugar. El costo de la misma es de $1.000 hasta el primero de abril. Luego,
hasta el 3 de mayo, será de $1.300
Beatriz Aguad, aguad@cablevision.net.mx
Pola Mejía, tepoztlan.pola@gmail.com
Gena Riccio,  genariccio@prodigy.net.mx

2 may. 2012

Guido Ceronetti: Nietzsche visto por Rudolf Steiner

Nietzsche, ya por entonces loco, visto por Rudolf Steiner en Naumburg: «Su entidad anímico-espiritual estaba ya propiamente fuera de él, ya sólo se adhería al cuerpo como si estuviera retenida por un grueso cordón.» «Se tenía la maravillosa impresión de que el verdadero Nietzsche estaba suspendido en realidad de su cabeza.» Lo vio como reencarnación cercana a un fraile franciscano que practicara intensos ejercicios de mortificación. Según Steiner, en la vida terrena de Nietzsche, aquella alma mortificada rechazaba sumergirse en la corporeidad y en la materia. Zarathustra, como fruto de la lucha mortal entre el asceta menor y el filólogo de Naumburg.


De: G. Ceronetti, El silencio del Cuerpo, Acantilado, Barcelona, 2006.